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SE AVECINA EL QUINTO ANIVERSARIO DE SU FALLECIMIENTO

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09/10/2023

Hebe Uhart, la que no podía dejar de caminar por Bariloche

Hebe Uhart, la que no podía dejar de caminar por Bariloche
Hebe Uhart, la que no podía dejar de caminar por Bariloche

En su libro “De la Patagonia a México” consagró varias páginas a esta ciudad, pero no transitó por los lugares más característicos. Quiso ver un poco más allá.

La editorial que publicó sus libros durante 15 años recordó que el próximo miércoles (11 de octubre) se cumplirán cinco años del fallecimiento de Hebe Uhart, a quien catalogó como “la gran observadora que veía todo por primera vez”. La escritora mantuvo relaciones literarias con Graciela Cros y Luisa Peluffo, colegas suyas en esta ciudad y, además, consagró imperdibles párrafos a Bariloche en “De la Patagonia a México”, libro que, precisamente, editó Adriana Hidalgo en 2014.

En esa oportunidad, el que firma creyó entrevistarla cuando buscaba información para escribir su trabajo, pero en realidad, fue ella quien orientó la charla con sus preguntas. Cuando salió el libro, fueron los que siguen algunos de los párrafos de El Cordillerano, después de leer la obra: “Los propietarios del hotel donde se hospedó la escritora a su paso por Bariloche irán a maldecir por mucho tiempo la desidia con que la atendieron. Serán miles los lectores que, si deciden vacacionar en esta ciudad, esquivarán puntillosamente el establecimiento, que quedó escrachado con nombre y apellido en la primera página de la crónica”.

Escribió Uhart: “Ese hotel me empuja a la calle, además es oscuro como el alma de sus encargados, que parecen serenos mal dormidos”. Por entonces, Hebe contaba con 81 años, pero caminaba, caminaba y caminaba. Anotó que “el centro de Bariloche es internacional y rural al mismo tiempo. Se escucha hablar en todos los idiomas: hebreo, portugués, alemán, se escucha el acento chileno, y en la avenida Mitre, que es la Florida de ellos, hay lujosos negocios y galerías, pero si uno come en un local con mesas afuera, junto a cada mesa hay un perro esperando pacientemente su ración”.

No todos sus comentarios fueron críticos: “Todo en piedra y madera. No sé de dónde vino la piedra, se ve de dónde vino la madera: de los bosques cercanos. Y ese cielo azul intenso y el clima inmenso, y los cerros que se ven desde cualquier bocacalle me dan una energía que me hace caminar sin parar; iría en todas direcciones para ver qué hay más allá y más lejos, pero en el centro hay mucho para mirar”.

Por aquellos días, tronaba en el Centro Cívico un contingente de motoqueros que pretendía unir Ushuaia con La Quiaca y ahí fue Uhart a charlar con ellos. También departió con algunas barilochenses que le confiaron desventuras y regocijos. En la Catedral, escuchó a “una monja diciendo una especie de sermón” pero mucho no pudo intimar porque la oradora poseía un “ligero acento extranjero de origen indescifrable”.

En otros párrafos de su libro, la escritora recreó su encuentro con las dos colegas barilochenses: Cros y Peluffo. En particular, se interesó la de Buenos Aires por cómo fueron los comienzos de las locales en esta ciudad, en la década del 70. Las dificultades que entrañaba la vida cotidiana por aquel entonces –calefacción obligada a leña, teléfonos a través de operadoras- cautivaron la atención de Uhart, quien después forzó una charla para ver qué diferencias podrían existir en las peleas de pareja “barilochenses” y las “porteñas”.

Luego de citar una poesía de Cros y un párrafo de narrativa de Peluffo, la crónica de Uhart sigue en la feria de la Onelli, donde dejó que su atención recalara en la experiencia vital de los cuatros senegaleses que, por entonces, trabajaban en ese rincón de la geografía barilochense. A uno de ellos le regaló uno de sus libros. Seguramente, le sonrieron más que en el hotel céntrico. Búsquese “De la Patagonia a México”, algunos de sus párrafos harán esbozar sonrisas y además, permitirán concluir qué tan rápido cambió Bariloche en apenas nueve años.

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