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CINCUENTA AÑOS DESPUÉS

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20/06/2023

Masacre de Ezeiza: Beletzky recuerda la barbarie

Masacre de Ezeiza: Beletzky recuerda la barbarie
Masacre de Ezeiza: Beletzky recuerda la barbarie

El 20 de junio de 1973 se produjo lo que luego, en la historia argentina –en una de sus páginas más negras–, se conocería como la masacre de Ezeiza.

Cada quien tiene su versión del hecho.

Aquí no se trata de desentrañar algo que difícilmente alguna vez pueda entenderse por completo.

Solo baste decir que pocas veces se apreció con tanta nitidez el enfrentamiento de ideas radicalizadas.

La derecha más a la derecha y la izquierda más a la izquierda chocaron con violencia.

Lo curioso –aunque no tanto, a decir verdad– es que los sectores que se enfrentaron pertenecían a un mismo partido político –o movimiento, como se lo ha dado en llamar, para tratar de entender las diversidades que confluían.

Aunque lo cierto es que al mirar la escena argentina actual se aprecia que aquello, en realidad, no resulta tan ajeno a lo que se vive hoy, con luchas intestinas en las principales corrientes políticas.

La diferencia es que –en teoría– ahora las peleas ya no se resuelven a los tiros –al menos, no a la escala de aquel entonces.

Pero se debe pensar también que, casi a poco más de la mitad del camino temporal, desde 1973 a hoy, estuvo diciembre de 2001, donde, sobre la espontaneidad de las protestas, todo estuvo envuelto en una bruma de combates internos y cruzados de las distintas fuerzas partidarias.

Más allá de eso, lo de Ezeiza, hecho del que se cumplen cincuenta años, fue la barbarie misma.

En una de sus mil vidas, Alejandro Beletzky vivió en Ezeiza.

Sí, el mismo Beletzky que fue guardaparque; el que –desde ese rol– se enfrentó a quien en su momento fue secretaria de Recursos Naturales, María Julia Alsogaray; el que acompañó con fuerza el Abrazo al Limay; el que denuncia cualquier atropello ecológico que encuentre; el que cree sin dudar en la existencia de chemtrails –estelas químicas–, en su parecer, huellas aéreas de que las potencias están haciendo lo posible por manejar el clima de la Tierra para sus beneficios económicos. 

En definitiva, ese hombre pasó su infancia y adolescencia en el Hogar Escuela Eva Perón de Ezeiza.

Su padre, Víctor, que era ruso, participó en un concurso para trabajar en la Fundación de Evita como jefe de mantenimiento, en la primera mitad de los cincuenta, y ganó. Por la alta calificación que obtuvo, le permitieron que escogiera un sitio para desempeñarse. Eligió Ezeiza, así que hacia allá fue la familia.

“Crecí en ese lugar”, dice el ecologista.

En 1973, una noche, un Alejandro adolescente, a punto de iniciar su carrera universitaria, se topó con un cartel que decía “Hogar Escuela tomado”.

Beletzky señala que a poco de asumir Héctor Cámpora “había comenzado una movida de la derecha peronista para armarle bardo”.

Así, ese sector era el que se había instalado en el Hogar Escuela.

Alejandro calcula que fue algo más de un mes antes de la masacre.

Aquella noche, un tipo armado le bloqueó el paso, pero el sereno del lugar se metió a tiempo para explicar que él vivía ahí junto a su familia, que trabajaba en el lugar.

Los sujetos, al día siguiente, no los dejaban salir.

Un grupito, en el que se encontraba Alejandro, se escabulló para dar aviso a la policía.

La fuerza policial, después de diversas tratativas realizadas por el hermano mayor de Alejandro y el hijo de la directora del Hogar Escuela, apareció en la institución y, si bien los hombres armados permanecieron en el sitio, los dejaron movilizarse.

A todo esto, allí se encontraban los chicos que estudiaban, que en su mayoría dormían en las instalaciones de lunes a sábado.

Uno de los “visitantes” le recomendó al padre de Alejandro que se fuera de la institución junto a su familia.

Víctor se quedó, junto al hijo mayor, aunque sin salir casi de la vivienda que ocupaban.

Alejandro y su hermana, junto a la mamá, fueron a la casa de unos conocidos.

Antes de partir, Beletzky llegó a ver que un grupo con traje de fajina, como si se tratara de paramilitares, con armas largas, arribó para reemplazar a los sujetos anteriores.

El 20 de junio, finalmente, en vez de aterrizar en Ezeiza, el avión que traía a Juan Perón bajó en Morón.

Ezeiza, para ese momento, era un baño de sangre.

El sueño del “Luche y vuelve” sucumbió al salvajismo de lo inexplicable.

Dos días después, Alejandro regresó al Hogar Escuela, que había sido utilizado para disparar a las columnas de izquierda, desde las cuales, obviamente, dado los orificios en los muros, habían respondido.

Para Beletzky, entre los de la derecha, había extranjeros, ya que un médico amigo de la familia confirmó que algunos heridos hablaban inglés.

Por eso, para Alejandro, el gran hermano del norte estuvo metido en el asunto.

En el Hogar Escuela, días después, aún se hallaban municiones, armas y demás… El sitio es inmenso, y en diferentes rincones quedaron los vestigios de la locura.

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