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A 13 AÑOS DE LOS ASESINATOS DE DIEGO, NINO Y SERGIO

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17/06/2023

Recuerdo indeleble: nuevo aniversario del 17 de junio

Recuerdo indeleble: nuevo aniversario del 17 de junio
Recuerdo indeleble: nuevo aniversario del 17 de junio

Este 17 de junio se cumplen 13 años de una jornada trágica en San Carlos de Bariloche. Todo comenzó con la ejecución del joven Diego Bonnefoi que desencadenó protestas y una brutal represión que terminó con los asesinatos de los jóvenes Nicolás Carrasco y Sergio Cárdenas. En esos aciagos días, decenas de vecinos resultaron heridos, perseguidos, detenidos, golpeados y torturados en nuestra ciudad.

El Cordillerano, en sus ediciones impresas, reflejó en su tapa titulares como: “Policía mató a joven y desató la ira de parientes y amigos”, “Guerra en el Alto, destrozos en el centro y gran temor en la mayoría de la población”, “Profundo dolor y pedido de justicia en el sepelio de las tres víctimas de los incidentes”. Posteriormente, la Multisectorial contra la Represión y la Impunidad de Bariloche y Familiares de las Víctimas de junio 2010 emitía consignas que indicaban: "Basta de impunidad. Como Multisectorial exigimos: investigación efectiva, juicio y castigo a los responsables materiales e intelectuales de los asesinatos de Sergio y Nino. No más policía asesina. No más persecución y apremios ilegales de nuestros jóvenes. Basta de represión a los trabajadores y a los luchadores populares. No más poder político y judicial corrupto cómplice de la injusticia. Por memoria, verdad y justicia".

Pasados varios años de los violentos sucesos hubo un concepto judicial al decir: "Hay con total seguridad infinitas formas de abarcar el recuerdo de los trágicos hechos ocurridos el 17 de junio de 2010 y de encontrar su génesis y su explicación, pero solo una de lamentar las consecuencias. Ninguna protesta social puede justificar, por violenta o irregular que sea, los excesos represivos o punitivos del Estado”.

“Los excesos son literalmente excesos, y por tanto injustificables. Así, justamente, utilizar postas de plomo para disuadir una protesta como la del caso –por caótica que haya sido– fue un exceso repudiable ante la falta de una agresión de igual tenor por parte de los manifestantes.”

La síntesis pertenece a uno de los párrafos finales de la sentencia que dictaron los jueces Marcelo Barrutia, Emilio Riat y Juan Lagomarsino, a más de ocho años de los trágicos sucesos, cuando condenaron a cuatro años de prisión y ocho de inhabilitación especial para desempeñar cargos públicos y utilizar armas al exsecretario de Seguridad de Río Negro, Víctor Cufré, a los exjefes policiales Jorge Villanova y Argentino Hermosa, y a los empleados policiales Darío Pil, Marcos Epuñan y Víctor Sobarzo, acusados de asesinar a Sergio Cárdenas. En las mismas circunstancias se produjo el asesinato de Nicolás Carrasco, aunque a partir de las dedicadas y minuciosas pericias practicadas, no fue posible determinar los nombres de los uniformados que gatillaron las armas y acabaron con su vida.

Las crónicas de esos momentos señalaron que aquel siniestro día, cerca de las 4.30, el cabo policial Sergio Colombil fue el autor del disparo que impactó en la cabeza del adolescente Diego Bonnefoi, quien corría por delante del uniformado por un callejón del barrio Boris Furman y murió en forma inmediata.

Lo que siguió en cierto punto hasta fue lógico. Barrios completos, hastiados del maltrato policial, por la discriminación y la falta de oportunidades, no tardaron en revelarse ante la autoridad de la fuerza de seguridad. La noticia corrió como la sangre del chico de quince años ultimado a quemarropa, por la espalda, de manera injustificable.

Y entonces jóvenes y adultos, hombres y mujeres, rodearon la Comisaría 28 y comenzaron a lanzar piedras, palos, que en realidad no eran piedras ni palos. Eran odio y bronca. Desahogo y gritos desesperados, desgarrados y rebeldes. Luego sucedió una descoordinada, desproporcionada y alevosa respuesta policial.

Desde la Justicia se tardó ocho años, cinco meses y dieciséis días en dilucidar las responsabilidades que les correspondieron a cada uno de los policías acusados en las muertes de Sergio Cárdenas y Nicolás Carrasco y las lesiones graves y leves que sufrieron Lucas Gallardo, Jorge Marillan, Patricia Santos, Jonathan Oses, Felipe Fusiman, Héctor Riquelme, Yamila Muena, Franco Saldivia, Rubén Mena, Sandro Bonnefoi, Ruth Mariqueo, Ramón Fernández y Matías Iberra, durante las horas que siguieron. Todo fue acumulado en un expediente de 27 cuerpos y más de 4500 fojas.

El germen de la tragedia fue la improvisación, desmesura e irracionalidad que imperó durante toda la jornada en las calles aledañas de la Comisaría 28 del Alto de la ciudad, en el accionar de los uniformados y civiles que pertenecían a la fuerza policial.

También se informó que durante la jornada, cuando los hechos eran una batalla campal, Cufré, Villanova y Hermosa, máximas autoridades de la Policía en Bariloche, partieron hacia la ciudad de El Bolsón para celebrar un encuentro previamente agendado. Ante el recrudecimiento del conflicto, el comisario Hermosa ordenó telefónicamente el envío de efectivos correspondientes a diversas unidades de orden público en auxilio de la Comisaría 28. Consecuentemente, a la presencia previa del BORA y del personal de la Comisaría 2, se sumaron efectivos de la Unidad Regional Tercera, de la Comisaría 27, de la Subcomisaría 69, del Destacamento de Tribunales, de la Unidad Penal, de la Brigada Rural y de la Brigada de Investigaciones de civil.

Por su parte, el secretario de Seguridad, Víctor Cufré, y el jefe de la Policía de Río Negro, Jorge Villanova, permanecieron en El Bolsón, donde cenaron entre las 20.30 y las 24 en el restaurante Ebénezer de la localidad mencionada, sin regresar a la sede de la Comisaría 28. Para los jueces que los condenaron, abordaron el conflicto con reiterada negligencia: primero, al abandonar la ciudad y perder la inmediatez y el control del operativo; después, al ordenar y consentir un operativo represivo absolutamente incompatible con un disturbio social como el suscitado.

En efecto, los tres más importantes referentes y garantes de la seguridad pública, encontrándose precisamente en la ciudad de Bariloche, epicentro de los disturbios y conflictos que se estaban sucediendo ese 17 de junio, no debieron en manera alguna abandonar el lugar para dirigirse a El Bolsón. Aquí estaba el conflicto más importante y urgente, una situación caótica que previsiblemente iba empeorando y ameritaba sin lugar a dudas que la máxima cúpula de la seguridad y la Policía se quedara en la ciudad de Bariloche a dirigir, controlar y supervisar la situación extrema de violencia y desorden.

La Justicia acreditó que “tanto el personal policial que intervino en la maniobra que terminó con la vida de Nicolás Carrasco como el grupo que ocasionó la muerte de Sergio Cárdenas utilizaban de modo indiscriminado municiones de plomo y antitumulto”. Todo ocurrió a un par de cuadras de la Comisaría 28 de Bariloche, donde se habían enfocado las violentas protestas a raíz del homicidio del adolescente Diego Bonnefoi, cometido horas antes por el efectivo policial Sergio Colombil.

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