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Lugares con historia

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10/01/2023

Ferias de la Onelli: puente entre mundos lejanos

La Antu y Sin Fronteras componen un todo que es una rica síntesis social.
Ferias de la Onelli: puente entre mundos lejanos
Ferias de la Onelli: puente entre mundos lejanos

Por Claudio Andrade

Síntesis de la síntesis. Un micromundo encajado en un mundo mayor. Las ferias son un concentrado de la sociedad. Un resumen y hasta cierto punto un prólogo de la gran obra cotidiana de nuestros días.

En la práctica la Feria Sin Fronteras es distinta en su nomenclatura que la Antu, pero la gente lo vive también como una feria con diversas mangas de ingreso.

Y el ingreso siempre es como el que lo jugadores de fútbol hacen a una cancha. Se llega por la Onelli, quizás la calle más vital de Bariloche, y de ahí no más se observan las camisetas del “10” multiplicadas por 10, justamente. Son las remeras de la selección capaces aun de captar el interés de los pocos que no hayan comprado la suya o preguntado “¿A cuánto la remera de la selección?” o “¿Cuánto sale la de Messi?” y así.

El escenario se completa, como todos saben, con gorras, pantalones largos y cortos, y hasta zapatillas. Las marcas están todas presentes y representadas en este Aleph de lo no oficial. En este delicioso estofado que nos representa.

De un momento a otro entendemos que la humanidad deja día a día su ADN por estos rumbos que se entrelazan. El hermoso crisol de sueños. Aunque sean sueños imposibles y momentos difíciles los que viven los que compran y los mismos feriantes. Siempre habrá alguien que barra su piso, o limpie el mostrador con un trapo húmedo, o que se instale en su puesto de ventas y piense en su lejana provincia o país. Para un vendedor, vender es parte del sentido de la existencia. El complemento sin discusión.

Anthony Bourdain, el famoso chef que recorrió el planeta conociendo cocinas de más diverso, tipo decía que en todos lados encontró un hecho en común: siempre hay una persona que se levanta a la mañana y se pone una remera limpia esperando lo mejor del día. El optimismo nos define como humanidad.

La feria de la Onelli luce limpia. Ordenada dentro de su propio caos de oferta. Se la observa establecida. Como hecha de pies a cabeza con sus propias reglas.

“Saque foto no más”, dice la señora que ya ha vendido todas sus pizzas. Anota algo en un papel y junto a ella, en un mostrador pequeño, una pizzeta intenta seducir al cliente.

No es la hora de la comida exactamente, pero, al fondo del camino, muchos comen de espaldas a la ropa, a los pantalones, remeras en oferta y a los accesorios.

La vida pasa por aquí como un colectivo puntual. Son decenas de “puestos” con cientos o miles de ofertas de objetos que podrán hacernos un poco más felices. Porque nadie ha venido hasta aquí a comprar una Ferrari sino a saciar, del modo más económico posible, una ansiedad.

“Tengo este en rojo y azul, cortito”, explica el vendedor al cronista que se imagina trotando por las praderas con nuevo atuendo. Humilde quizás pero correcto.

La feria explica al mundo. Nos explica. Si se mira con atención no sólo se trata de objetos sino de conexiones, de puentes entre continentes y manera de entender la realidad.

El planeta ha llegado hasta aquí por diferentes vías.

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