Publicidad
 

RINCÓN CARACTERÍSTICO DE LA FISONOMÍA BARILOCHENSE

|
25/12/2022

¿A qué Pedro santifica con su nombre la península?

¿A qué Pedro santifica con su nombre la península?
¿A qué Pedro santifica con su nombre la península?

Lee también: ¿Cuándo se produjo una toma de posesión chilena del Nahuel Huapi?

Podría suponerse que el nombre de la zona, cuyo ingreso está a unos 20 kilómetros del centro de la ciudad, proviene de un acto de fervor religioso. Pero su origen es bien distinto.

Pedro no es cualquier santo. Inicialmente pescador en el mar de Galilea, fue uno de los discípulos más destacados de Jesús. Es el que logró más menciones en los textos del Nuevo Testamento y otros escritos fundacionales del cristianismo. Para el catolicismo, fue el primer papa, porque el Mesías dijo: “Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la muerte no prevalecerá contra ella. Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo”. Pero en Bariloche, la península San Pedro no alude al apóstol. Al menos, no directamente.

En el verano de 1856, cruzó la cordillera y bajó hasta el actual emplazamiento de Puerto Blest, una expedición chilena que lideraban los alemanes Francisco Fonck y Fernando Hess. Que se sepa, fue la primera exploración que llegó del oeste cordillerano en tiempos de Chile y la Argentina como países independientes de España. Para buscar antecedentes, hay que remontarse a la serie de viajes que había concretado el sacerdote Francisco Menéndez en la última década del siglo anterior, todavía en tiempos de la corona española.

Aunque hay otra narración más escueta, Fonck reconstruyó con lujo de detalles sus andanzas en el libro que publicó en 1900, precisamente para rescatar del polvo de los archivos del legado del franciscano: “Viajes de Fray Francisco Menéndez a Nahuelhuapi (sic)”. Según el diario de la expedición, el grupo llegó por vía lacustre a la península el 18 de febrero del año en cuestión y tuvo que permanecer en sus orillas porque un temporal de viento no permitió que continuara la navegación.

“Como al día siguiente corría viento y marejada, no pudimos seguir embarcados, sino que emprendimos la marcha por tierra en dirección al N para atravesar la punta o península en que nos hallamos y obtener una vista sobre la parte principal del lago”, consignó en sus anotaciones. Para Juan Martín Biedma, en realidad el contingente trasandino estuvo en la península Llao Llao, pero más allá de esa polémica, detengámonos en la imposición del nombre y a qué obedeció.

Durante la caminata forzada, “la marcha fue muy provechosa bajo el punto de vista botánico, puesto que las especies recogidas y vistas dieron la primera vez una idea de la flora enteramente desconocida de la región subandina (sic) oriental de la cordillera. Encontramos los coihues y colihues del Oeste, pero además no menos frecuente el cedro a que acabamos de aludir, el que se hallaba aquí en toda su lozanía y de diámetro algo mayor, alcanzando a más de dos pies”. Se refería el médico a los cipreses.

Para estos tramos de su aventura, la expedición estaba reducida a un grupito de apenas cuatro hombres. Párrafos antes de describir la península, admitió Fonck que “los elementos con que contamos a la llegada de Puerto Blest no nos permitieron construir una embarcación en regla; tuvimos que limitarnos a fabricar para nuestra excursión por el lago una canoa de un palo de alerce de dimensiones medianas, por no haber hallado otro mejor. De esta manera nuestra exploración se redujo aquí a una partida avanzada de reconocimiento. Habiendo buen tiempo y calma, nos embarcamos yo y Fernando Hess con el piloto Pedro María Uribe y el indio Juan Currieco (Pichi Juan)”. El paréntesis está en el original.

Finalmente, “habiendo atravesado el ancho de la península obtuvimos en su orilla opuesta una espléndida vista sobre la mayor parte del lago Nahuelhuapi (sic): vimos la cordillera del Oeste, todo el anchuroso brazo Norte, con su gran isla, sus ensenadas y sus islas pequeñas, y una parte del Este; solo el Sur nos quedó vedado”, lamentó Fonck. Hess dibujó los panoramas que observó, pero un incendio en el edificio del Congreso chileno destruyó esos valiosos testimonios.

Al día siguiente, el grupo retornó al punto adonde había dejado la canoa, donde tuvo que permanecer hasta que amainó el viento. “Haciendo uso de nuestro derecho de descubridores, llamamos la punta o península visitada primero por Menéndez y ahora por nosotros, Punta de San Pedro, en obsequio de nuestro piloto Pedro María Uribe por los buenos servicios que nos prestó”. De manera que el rincón tan característico de la fisonomía barilochense actual no homenajea directamente al apóstol del catolicismo, sino a un humilde navegante chileno al servicio de dos intrépidos alemanes.

¿Que opinión tenés sobre esta nota?