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DE LOS INFORMES DE LOS INSPECTORES AL MERCADO INMOBILIARIO

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16/10/2022

En Bariloche siempre hubo mecanismos de exclusión en el acceso a la tierra

En Bariloche siempre hubo mecanismos de exclusión en el acceso a la tierra
En Bariloche siempre hubo mecanismos de exclusión en el acceso a la tierra

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A principios del siglo XX, la Oficina de Tierras y Colonias decidía quién calificaba y quién no para acceder a un lote fiscal. A principios del XXI, desempeña ese rol la ley de la oferta y la demanda.

De la entrega casi gratuita de solares a la crisis habitacional que puso de relieve “Bariloche a la carpa”. En 1906, la Oficina Nacional de Tierras y Colonias dispuso una inspección, a partir de la exploración y mensura que, siete años antes, había hecho el ingeniero Carlos Martínez. Estuvo a cargo del agrimensor Eliseo Schieroni, quien recibió la potestad de “dar posesión de solares y lotes pastoriles baldíos”. 116 años después y según avisaron les inquilines que se movilizaron durante el acontecimiento gastronómico, “de acá a diciembre mucha gente se va a quedar en la calle”.

Poco más de un siglo atrás, el Estado tenía una presencia en la cuestión inmobiliaria, que ni por asomo se parece a sus posibilidades actuales. “En 1899, el ingeniero Carlos Martínez, por encargo del gobierno argentino, realizó una mensura y relevamiento existente en la región del Gran Lago. Según el informe de Martínez, la mayoría de la población –alrededor de ciento cincuenta personas– era de origen chileno e indígena y se localizaba a la vera de lagos y arroyos, siendo la actividad principal la ganadera y el cuidado de hacienda chilena”.

Estudió las andanzas del profesional Laura Méndez, en su libro insoslayable: “Estado, frontera y turismo. Historia de San Carlos de Bariloche” (Prometeo-2010). La descripción que legó Martínez es un fresco exacto sobre la fisonomía que presentaba la zona, a comienzos del siglo XX. “Sobre el desagüe del río Correntoso habitaban dos indígenas afincados desde 1899; sobre el arroyo Bonito, un chileno con unas pocas vacas y siembra; en el fondo del Rincón de Hube, un baqueano chileno, cuidador de hacienda de ese origen; a la entrada del golfo de Hube, un indígena de la tribu de Millaqueo, poseedor de vacas y caballos; al norte de la península del Nahuel Huapi, indígenas y chilenos criadores de animales y productores de quesos”.

Más cerca de o en la jurisdicción actual de Bariloche, “sobre la costa oeste del lago estaba afincada la familia indígena de Nazario Lefipán, de ocho personas. La propiedad más extensa y de mayor capital era la del germano-chileno Federico Hube, con una población en la casa principal de doce personas y catorce personas más que trabajaban para él, entre ellos el capitán del vapor de la Casa Hube y su familia”, reconstruyó Méndez.

En cuanto al poblado propiamente dicho que dio origen a la ciudad, “el ingeniero Lucero fue el encargado de realizar la primera delineación de lo que sería la zona urbana. Su perímetro constituiría una pequeña fracción que limitaba al norte con el lago, con una superficie de poco más de 100 hectáreas”. Se trataba de San Carlos de Bariloche.

En ese entonces, para acceder a la tierra en el área circundante al lago, “se inscribieron 256 aspirantes a colonos para los 133 lotes disponibles, de 625 hectáreas cada uno. Los requisitos más importantes para la adjudicación –de acuerdo con lo dispuesto en la Ley del Hogar– era comprarlo a 500 pesos o habitarlo directamente durante cinco años continuados, construir una habitación e instalar haciendas que por lo menos representaran un capital de 250 pesos, labrar por lo menos 10 hectáreas y cultivar 200 árboles. Casi ninguno de los adjudicatarios la compró, pues no poseían esa cantidad de dinero”.

Siete años después de la mensura de Martínez, Nación dispuso inspeccionar qué sucedía por aquí: “Si bien al principio el agrimensor no estaba autorizado para otorgar tierras, un telegrama del 17 de agosto enviado por Octavio Pico –jefe de la Dirección Nacional de Tierras– manifiesta a Schieroni que “queda autorizado para dar posesión de solares y lotes pastoriles baldíos debiendo remitir la nómina de las personas a quienes dé posesión, debe preferir las personas que por sus antecedentes sean una garantía de que poblarán personalmente el terreno”. Schieroni era Eliseo, profesional que quedó revestido entonces de un enorme poder.

Es más, otro telegrama, del 4 de septiembre de 1906, aclaró que “puede proceder por intermedio del juez de Paz al desalojo de personas que recientemente comienzan a poblar lotes sin autorización siempre que carezcan de elementos y sus hábitos de trabajo no sean una garantía para el cumplimiento de obligaciones de ley. Los extranjeros tienen plazo de dos años desde la fecha de concesión para presentar carta de ciudadanía”.

Desde los comienzos de Bariloche como población, se establecieron mecanismos de exclusión y discriminación. Unos meses atrás, El Cordillerano reprodujo un informe que elaboró Reporte Inmobiliario, según el cual esta ciudad es la más cara en materia de alquiler de viviendas, con valores que, por entonces, incluso superaban a la capital neuquina y su boom petrolero. Ayer excluía la Oficina de Tierras y Colonias. Hoy, hacen otro tanto el modelo turístico y el mercado.

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