Publicidad
 

BARILOCHE

|
21/07/2022

Entre los pesos que cada día alcanzan para menos y el cambio que beneficia la llegada de extranjeros

Entre los pesos que cada día alcanzan para menos y el cambio que beneficia la llegada de extranjeros
Entre los pesos que cada día alcanzan para menos y el cambio que beneficia la llegada de extranjeros

Bariloche, con buen o mal tiempo, es un edén. Eso “no hay quien lo niegue”, diría el “troesma” Enrique Santos Discépolo, aunque él, claro, hablaba de su siglo XX, “problemático y febril”, y no de las bellezas naturales de esta parte de la Patagonia. 

El asunto es que el siglo XXI, incluso en este paraíso terrenal, también es un cambalache.

Así, en el vergel barilochense invernal, todo se mezcla: la alegría y el pesar van de la mano.

El caos económico nacional suele perjudicar más fuerte a los ciudadanos de esta parte del mapa, porque aquí, en el sur –que “también existe”, aclaró hace tiempo, por las dudas, Mario Benedetti a través de la voz de un catalán–, los valores que se manejan en el día a día son mucho más elevados que en la capital, donde un dios que suele ser egoísta tiene la oficina.

¡Y ojo! Lo de esos números altos implica a lo que se consume, no a lo que ingresa.

Más allá de algún plus por la famosa “zona fría”, que en algunos casos está muy por debajo de lo deseable, el trabajador barilochense siente que el bolsillo flaquea ya desde mitad de mes.

Se han vuelto a observar escenas de remarque continuo en las góndolas de supermercado, imágenes que a los de más edad les llevan a decir: “Con la hiperinflación pasaba algo parecido”.

Quizá el comentario sea una exageración, pero es cierto que quien va con el changuito, gastando el mismo dinero semana tras semana, nota que el carrito cada vez contiene menos.

Al mismo tiempo, esta ciudad ofrece una sensación de nirvana momentáneo, que apenas dura “lo que dura un corto invierno” (en este raid de citas, esta corresponde a Joaquín Sabina).

Sucede que, en la actualidad, varios elementos se conjugan para que la localidad “explote”.

El receso invernal llama a que los argentinos busquen un respiro en algún sitio vacacional.

En ese sentido, Bariloche siempre ha sido atractivo.

Pero, este año, con un cambio monetario que dificulta a un sector importante buscar un destino en el extranjero, muchos han puesto sus ojos en esta parte del país.

La “marca” Bariloche es una garantía, y, aun cuando la localidad, en algún punto, puede resultar más cara que otras regiones argentinas, en comparación con lo que saldría irse al exterior, resulta una ganga.

Así, más allá del turismo “de cercanías”, o aquel que tiene a la ciudad como una “fija” en esta época, por su oferta –por ejemplo– relacionada con las actividades en la nieve, también se ven visitantes acostumbrados a inclinarse por salir de los contornos argentinos que, esta vez, tuvieron que quedarse dentro de los márgenes nacionales.

Al mismo tiempo, “resucitó” el turismo brasileño.

Están aquellos que llegan vía Buenos Aires y también quienes vuelan directo a la localidad.

Los lejanos tiempos del “Brasiloche”, que muchos comerciantes añoraban, parecen regresar. Escuchar hablar portugués en la calle hace pensar que el oasis tiene rasgos de verdad, que no se trata de una visión tras haber cruzado el desierto con un camello muerto de sed.

También hay una gran cantidad de uruguayos.

En ese sentido, cabe remarcar que los charrúas, antes de la pandemia, ya se posicionaban como un factor de relieve en que lo que hace al turismo, principalmente en invierno.

Pero, ahora, con un cambio que les es notoriamente favorable, la visita de ese turismo rioplatense se afianza, aunque aún está lejos de lo que sucede en Buenos Aires, donde incluso se observa el arribo de uruguayos que “cruzan” solo para pasar una jornada, sin pernoctar, casi como un tour de compras, o, al menos, como un escape gastronómico.

Se debe recordar que algo similar pasaba en otros tiempos con los barilochenses que atravesaban el paso fronterizo internacional Cardenal Antonio Samoré, con el fin de ir a Chile y volver en el día, para adquirir elementos de uso propio o bien destinados a la reventa a este lado de la frontera.

Eso, con la diferencia cambiaria actual, ya no sucede, aunque tampoco hay que equivocarse y afirmar que, del otro lado, todo es más caro.

Hay cosas que resultan en extremo onerosas, es cierto, pero otras no.

Por ejemplo, ir a un restaurante chileno, a los comensales argentinos, le suele caer extremadamente “pesado”, y no porque los platos estén en mal estado, sino por el “peso” de la cuenta.

Sin embargo, comprar en un supermercado no es caro (aunque, claro, tampoco barato), y algunas bebidas alcohólicas resultan más accesibles que en la Argentina.

En el resto, las conveniencias o desventajas son muy variables de acuerdo al producto, pero es evidente que los tiempos donde era "normal" pasar de Bariloche a Osorno para hacer compras quedaron lejos.

Igualmente, se debe aclarar que eso no se traduce en que suceda a la inversa.

A los chilenos les resulta barato el alojamiento y la comida de este lado, pero, en el resto de las cosas, no se observan diferencias tan notorias que provoquen, por ejemplo, que vengan a hacer compras y se marchen en el día, como hacían los barilochenses cuando el cambio era otro.

Es más, esa ventaja económica (al menos en lo que hace al hospedaje y restaurantes) tampoco genera una mayor llegada de trasandinos.

Los pobladores del vecino país están acostumbrados a venir en otra época del año, y en este momento son pocas las patentes chilenas en Bariloche.

Tampoco hay muchos visitantes europeos ni estadounidenses.

No obstante, en lo que hace al turismo extranjero, llama la atención el arribo de paraguayos, evidentemente atraídos, además de la belleza del destino, por la ventaja cambiaria.

De esa manera, en esa ambigüedad se encuentran muchos barilochenses, que, por un lado, reniegan porque los precios aumentan y ven que sus pesos rinden menos, a la vez que, por otra parte, observan que lo que está movilizando la economía en la ciudad se vincula bastante a la diferencia cambiaria que atrae al extranjero, el cual conforma alrededor del treinta por ciento del turismo actual.

¿Que opinión tenés sobre esta nota?