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VALERIA SAPETNITZKY CANTA EN CRUCEROS HACE SEIS AÑOS

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12/07/2022

“Es más difícil llevar adelante un proyecto en Bariloche que en cualquier otro lugar”

“Es más difícil llevar adelante un proyecto en Bariloche que en cualquier otro lugar”
“Es más difícil llevar adelante un proyecto en Bariloche que en cualquier otro lugar”

Llegó a estar 10 meses embarcada, pero cuando vuelve a tierra recala en esta ciudad. Sin embargo, no guarda buenos recuerdos de la escena cultural vernácula.

Corría 2016 cuando Valeria Sapetnitzky se embarcó por primera vez en un crucero para ponerle música a la noche de pasajeras y pasajeros. Antes de la pandemia, alcanzó un ritmo envidiable que le permitió, de paso, conocer 75 puertos. Si bien siempre que vuelve retorna a Bariloche, no guarda el mejor de los recuerdos de su escena musical. Es más, confiesa su desencanto ante sus límites y escaso vuelo.

Por estas horas, la cantante navega de Marsella a Barcelona, en el Mar Mediterráneo. “Este es mi noveno contrato. En un mismo año puedo hacer más de un contrato, es decir, más de un barco. Por ejemplo, en 2019 firmé tres contratos con barcos de distintos recorridos. Visité ese año 75 puertos”. Aquella fue una auténtica odisea, pero sin las tribulaciones que tuvieron que enfrentar Ulises y sus compañeros.

En efecto, en el año anterior al paréntesis global, realizó largos periplos. “Llegué hasta Islandia, hice el Mar Egeo llegando hasta Israel, el Adriático pasando por Croacia, Grecia y algunos puertos de Italia, el Mediterráneo y crucé el Océano Atlántico hasta Brasil y Argentina, donde finalmente y después de 10 meses en total, desembarqué”, compartió Sapetnitzky, para despertar segura envidia entre los habituados a quehaceres más sedentarios.

Estos viajes comenzaron seis años atrás: “Mi primer contrato fue cantando en un cuarteto conformado por el gran Raúl Di Fini, que fue quien me convocó, Ezequiel González y Sebastián Cárcamo, también barilochenses”, resaltó la música, que ahora canta en soledad. “Hacíamos música bailable toda la noche. Para mí, fue un gran desafío. A partir de mi segundo contrato, todos fueron como solista, tocando guitarra y cantando”, describió.

Tamaño trajín no solo aporta en términos económicos. “El mayor tesoro es el aprendizaje. De amores y amistades rotundas, intensas y urgentes”, señaló la música. Es que la naturaleza de los cruceros, obliga a “hacerse conocer en poco tiempo. La urgencia es por entender y que el otro entienda, por acompañar en los momentos difíciles que se hacen más duros todavía con la distancia. Urgencia de compartir, porque sabés que se termina. En tierra pensamos que tenemos tiempo para todo y dejamos muchas cosas para después”, comparó.

Cuando Sapetnitzky se refería a aprendizajes, no aludía a cuestiones técnicas relacionadas con su profesión, sino más bien a “la práctica constante del desapego, porque los seres queridos llegan y se van, llegan y se van”. Ante ese ir venir, hay que aprender “a generar vínculos profundos en poco tiempo” o bien, “ayudar a alguien con quien nunca hablaste a no sentirse tan solo”.

Si se va a permanecer meses a bordo, la cantante resalta: “Es diferente la manera de vincularse con las personas. Un ejemplo interesante es que no se habla de dinero. Nunca. Tampoco hay inquietud por el futuro. Muchos dicen que no es la vida real. Para mí, todo lo que vivo forma parte de la realidad”.

Además, y de manera previsible, el training que se adquiere quizá sea insuperable. “Como música, me aporta inquietud, oficio y crecimiento constante. Canto entre cincuenta y sesenta canciones por noche, sin días libres, durante ocho meses o más”, describió. “Esto me obliga a estar aprendiendo nuevas canciones todo el tiempo porque si no, me aburriría y porque particularmente, me gusta que los pasajeros me pidan canciones y aprenderlas antes de que se vayan, es decir, en menos de 6 días”, compartió.

“Este ejercicio me divierte, me nutre, y la devolución del que recibe mi ofrenda canción, siempre es muy amorosa y agradecida”, subrayó. Como contrapartida... “Recibo de los pasajeros siempre sonrisas y emoción. Esto es invaluable y super nutritivo”, valoró la cantante y guitarrista. “También me da mucha seguridad como música saber que la gente disfruta, que mis colegas me respetan, que la tripulación y los oficiales aprecian también mi música”.

El oficio de cantar a bordo tiene otros bemoles. “En el repertorio, todas las canciones tienen que ser conocidas, pero nunca me falta oportunidad de presentar canciones y autores que el público desconoce”, aclaró. “Siempre agradecen. También alguna que otra vez me piden canciones propias, y por supuesto las hago”.

“Es muy interesante el ejercicio de transformar una canción que no cantarías nunca en una versión que te guste hacer. A mí, al menos, me encanta ese desafío”, reveló.

A pesar de tantos viajes y tantos kilómetros -o, mejor dicho, millas náuticas-, “Bariloche es el lugar adonde siempre vuelvo”, señaló Sapetnitzky. Sin embargo, aclaró: “Es un lugar donde vivo con crudeza el contraste de la tierra con el mar. Me abruma un poco porque soy responsable de muchas cosas y porque no puedo desenvolverme como música porque me encuentro con muchos obstáculos. No solo con la música sino con todo lo que he querido emprender”.

Que tomen nota quienes deban anotar: “Me es más difícil llevar adelante un proyecto en Bariloche que en cualquier otro lugar, lamentablemente. Me tiene un poco desencantada en este sentido”. No obstante, sigue volviendo. "Con su crudeza, con su viento -alguien alguna vez me dijo que trae respuestas- con su nieve, sus colores de otoño y de primavera. Con su olorcito a sauco ni bien florece, sus días eternos de verano. Con los amigos de siempre… Sigo volviendo”, se despidió Val, mientras el Mediterráneo también estaba ventoso y quizá, respondía otras preguntas.

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