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HABLÓ EL PAPÁ DE MANUEL, EL REFUGIERO

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05/05/2022

"Ahora van a ser todos Pilatos, les importa un carajo que haya muerto mi hijo"

"Ahora van a ser todos Pilatos, les importa un carajo que haya muerto mi hijo"
"Ahora van a ser todos Pilatos, les importa un carajo que haya muerto mi hijo"

La muerte del joven Manuel Benítez ha dejado abierta una enorme grieta de inquietudes en la cual se trata de definir las responsabilidades sobre lo sucedido. No se trata solo de condenar sino de que se modifiquen ciertas cuestiones para que no muera otro barilochense solo en la montaña mientras cumple con su trabajo.

Manuel tenía 29 años y su papá, Juan Benítez, aceptó dialogar con Antonio Zidar en el programa "Agenda" por El Cordillerano Radio, FM 93.7. “Es imposible describir cómo estamos en este momento, no hay palabras”.

Desde los 15 años que andaba en la montaña “empezó a trabajar en el Frey una semana antes de las Fiestas porque recuerdo que Navidad, la pasó arriba”. Se quedaba 7 días y los siguientes descansaba.

“En temporada eran ocho en el refugio, dos en blanco y los otros en negro y sin ningún beneficio ni ART”. Recordó “uno tuvo un esguince en el pie en febrero, pasó más de 20 días sin poder subir y no le pagaron ni siquiera los remedios”. Aclaró “Manuel como los otros chicos,  trabajaba para Pajarín”.

"Hoy escuché que Parques cede los refugios al Club Andino y éste los licita o sea que hay más de un responsable porque se supone que estas dos instituciones tienen que supervisar en qué condiciones están las personas que contrata ese concesionario”. Agregó “nunca controlaban, hay chicos que hace cinco años están trabajando en negro”.

 

El joven estaba estudiando la carrera de Ingeniería Ambiental, “le faltaba la tesis y se iba a ir en diciembre a rendir un examen a la universidad de Cambridge en Buenos Aires porque era lo que le exigían para ingresar a trabajar en Australia”. Ese era el camino que había elegido para su vida.

“Una vez me dijo que si no hubiera estudiado esto, habría elegido ser guía de Montaña, porque tiempo libre que tenía se iba a algún cerro”, detalló.

Se había comprado su propio equipo de raquetas y bastones, “hasta durmió una vez con un amigo en carpa sobre la nieve, iba mucho al Frey y el Jackob, era muy aventurero y conocía mucho, pero nunca había estado en una tempestad extrema como ese día”.

Dijo “siempre que iba a la montaña primero se fijaba el clima, Pajarín es montañista de toda la vida, la conoce tanto en verano como en invierno”.

Comentó: “El compañero que estaba arriba, Lucas Zanetti, ese día comenzó el descenso a las dos de la tarde y le había advertido al concesionario que la situación arriba estaba muy complicada, con acumulación de nieve y viento”.

 Para bajar utilizó el sendero de Los Coihues pero Manuel iba subiendo por la senda de Catedral, “tenían que cruzarse en una parte pero nunca pasó”.

Manuel ese martes se levantó a las siete de la mañana, “había paro de colectivos y yo tenía el vehículo roto en el taller porque si no yo lo llevaba siempre y lo buscaba a la semana siguiente así que a las nueve de la mañana ya estaba iniciando el ascenso”.

“Si lo hubiera llevado habría llegado a las tres o cuatro de la tarde pero lamentablemente con el paro no se conseguían taxis, le dije que no fuera a trabajar porque además el clima estaba muy feo”, recordó.

Continuó relatando: “Me dijo no, me pidieron que vaya a trabajar y yo me comprometí así que tengo que ir. Dejó su vida para ir a cumplir con una persona que no se lo merecía”.

Entonces a las 12 del mediodía salió de su hogar “lo último que supimos fue un estado de WhatsApp que puso al entrar en el sendero que va al refugio que decía “Ahora a ponerle garra y caminar hasta arriba”.

Conocía

Juan comentó “el intendente de Parques salió a decir que mi hijo se había salido de la senda porque no conocía, pero lo encontraron ni un metro menos ni un metro más, estaba en el medio del camino, cien metros antes de llegar al refugio”.

“Cuando Zanetti llegó de arriba a las siete de la tarde, llamó a su amigo Franco González y le dijo que a Manu no se lo había cruzado, lo llamaron a Pajarín y les dijo que no contestaba la radio pero que seguro estaba llegando.”

Pasaron dos horas más “a las nueve lo volvieron a llamar y les dijo que la radio hacía interferencia, que Manuel no contestaba y que no sabía manejarla muy bien. Que seguro había llegado cansado y estaría durmiendo”.

“Le preguntaron por qué no activaba el protocolo y le dijo que no, que lo dejaran descansar, al otro día a las siete de la mañana le volvió a preguntar y otra vez le dijo que la radio seguía haciendo interferencia, pero nunca mandó a nadie”, detalló.

El padre del joven agregó “recién a las doce del mediodía, Pajarín avisó que no recibía respuesta del refugio y salió otra vez Zanetti por cuenta de él a ver qué pasaba con Manu y subió con dos amigos totalmente ajenos al refugio”.

Dicen que ese trayecto en verano se hace aproximadamente en tres horas y media, “con nieve firme cinco o seis pero los chicos tardaron diez horas, llegaron a las diez de la noche del miércoles arriba”.

Cuando iban llegando se encontraron con los bastones tirados “inmediatamente cuando llegaron avisaron por la radio a Pajarín que a Manu no lo había encontrado, una hora más tarde me llamaron de Parques para decirme que mi hijo estaba perdido”.

Juan entonces se preguntó “¿Cómo perdido si él salió ayer a las doce del mediodía y me vienen a decir ahora que está extraviado?”. A partir de ahí le preguntaron de qué color eran los bastones, “les mandé una foto y ya me empezó a sonar sospechoso pero ellos no me decían por qué”.

A las cuatro de la mañana se activó el protocolo, “me dijeron que salió un grupo de 12 personas de la Comisión de Auxilio del Club Andino, a las cinco salían 9 de Parques y a las seis Gendarmería con 6 o 7 personas más”.

 Agregó “nos fuimos a las once a Catedral para ver si había una base de operaciones pero nos atendió Fidani, refugiero del Jackob, y nos dijo que no teníamos nada que hacer, que nos volviéramos porque no podíamos hacer nada”.

Venían llegando a la rotonda de Virgen de las Nieves cuando recibió el llamado de un amigo de Manuel, “no sabíamos que había ido con otro muchacho en moto, estaban en el inicio del sendero y me dijo que se habían encontrado con una persona de rescate y le dijeron que lo habían encontrado a Manuel”.

Juan contó su reacción, “nos vino una alegría enorme, empezamos a gritar y al ratito me llamó Fidani para confirmarme que lo habían encontrado, pero en ese momento no me dijo si estaba con vida o no”.

Le preguntó qué seguía, “va a subir un médico en el helicóptero y le van a hacer las primeras asistencias pero dándome a entender que estaba vivo” repitió.

Juan llegó a su casa y había un grupo de chicos amigos de su hijo, todos gritando felices, “vimos en las noticias que llegaba el helicóptero a la Costanera y lo trasladaban a la ambulancia”.

Entonces fueron a preguntar en qué estado estaba y si lo podían ver, “tres cuadras antes de llegar al hospital me vuelve a llamar Fidani diciéndome que mi hijo estaba fallecido y que lo habían encontrado sin signos vitales”.

“Me dijeron una cosa y era otra, por qué directamente no me dijeron lo que tenían que decir, nos hicieron sentir felices diez minutos para después pegarnos un mazazo en la frente a todos”, se lamentó.

Le pasaron por arriba

Cuando Zanetti con dos amigos subieron al refugio, caminaron por arriba a Manuel, “salieron a decir que mi hijo no conocía la montaña, que se había desorientado pero nada que ver, los chicos le pasaron por arriba”.

Dijo “el grupo de rescate de las cuatro de la mañana fue a 30 metros de donde estaban los bastones y encontraron su mochila”. Recién cuando comenzaron a sondear el sector dieron con el cuerpo del joven “ya tenían noción de dónde podía estar y lo encontraron enseguida”.

Juan comentó “ninguno de los chicos que trabaja en el refugio tiene equipo para comunicarse, ellos salen de la base del cerro Catedral y a la hora de caminata ya se quedan sin señal y hasta llegar al refugio están a la buena de Dios”.

“Si lo atacara un puma en esas dos horas y media de trayecto no tiene quién lo defienda, nunca le dieron radio ni el equipo por avalanchas, a Manu ni a sus compañeros”, observó.

“Ni a Parques ni al Club Andino les importó si iban en ojotas en pleno invierno o si no tenían campera de abrigo, lo único que le importaba a Federico Pajarín era que llegaran arriba para trabajarle y hacerle el caldo gordo”, dijo.

“Franco González tiene una radio propia porque siempre anda en la montaña y sabe que es necesaria, pero mi hijo no tenía ni guantes siquiera, estaba ahorrando para irse a Australia entonces tampoco podía seguir gastando en indumentaria”. Manuel subió con guantes de lana y borcegos de mediana calidad, un jean, buzo con capucha y campera fina.

Juan dijo: “El concesionario tendría que haberlo llamado y decirle que se fijara cómo estaba el sendero, que caminara un poco y si veía que estaba muy pesado que se volviera, pero no lo hizo”. Agregó “no importaba si perdía su vida, solo quería que cumpla con él”.

“El viernes que estábamos enterrando a mi hijo, Pajarín le pidió a uno de los chicos que subiera al refugio porque tenía reserva, nadie quiso hacerlo porque estábamos en el sepelio de mi hijo”, contó.

“Consiguió a un chico sin experiencia y lo mandó a él, podría haber sido otra víctima, llegó arriba el sábado y el domingo bajó porque dijo que era imposible estar así.” 

Nadie controló nada: “El Club Andino tendría que haber cerrado el sendero y no lo hizo, mi hijo estaba sepultado bajo más de un metro de nieve”.

“La mañana que estábamos velando a Manuel me llamó el presidente del Club Andino, Enevoldsen, para darme las condolencias pero a mí eso no me consuela, es más, me dijo que me acompañaba en el sentimiento, que bla bla bla, que si necesitaba dinero le dijera cuánto y me lo acercaba”, señaló.

Agregó, “claro, la vida de mi hijo valía la plata que yo le pudiera pedir, el tema es que con este trabajo en negro que nadie controla se enriquecen unos pocos y los Manuel que andan necesitados, se perjudican”.

Manuel había transitado toda su carrera universitaria en base a un enorme esfuerzo, “estudiaba en la UNRN y tal es así que ahora creo que le van a poner su nombre a un aula de Anasagasti, estaba en Circuito Verde, hacía mil cosas a la vez y todo para bien”.

No tomaba, no fumaba, solo estudiaba y cuando podía trabajaba, “yo no tenía idea de lo que es la montaña, el famoso viento blanco o lo que fuera, sino te juro que si era necesario lo encadenaba para que no subiera”.

“Manuel había terminado de trabajar en Semana Santa porque ya tenía que ponerse a terminar la tesis, pero lo llamó este tipo para decirle que tenía que subir tres días porque otro muchacho no podía ir y se había confirmado gente”, explicó.

Es a lo que se comprometió y más allá de la tormenta anunciada, subió. “El día del sepelio de mi hijo, el intendente de Parques dijo que la responsabilidad era de Manuel pero, mi hijo no fue a pasear o conocer la montaña nevada, iba a trabajar”.

Luego prosiguió diciendo “ellos porque quieren deslindar responsabilidades, tanto Parques como el Club Andino, ahora van a ser todos Pilatos, se van a lavar las manos, les importa un carajo que haya muerto mi hijo”.

Ahora que no está Manuel han quedado tres en la familia, los padres y una hermana de 22 años. “Llora y me dice que la dejó huérfana su hermano”, dijo muy acongojado.

Que las cosas cambien

Juan comentó “tal como lo dije en el entierro de mi hijo, ahora todos van a ser Manuel porque la lucha tiene que ser para que no vuelva a suceder, que los chicos que necesitan y les gusta trabajar en la montaña lo hagan en condiciones dignas y seguras”.

Que les den equipo de radio, ropa adecuada, “los porteadores van con 30 kilos en la mochila a fuerza de pulmón y no les pagan un dineral, están arriesgando su vida y su salud entonces alguien tiene que hacerse cargo”.

 “El concesionario no puede decir que no le dan los números para darle todo lo que necesitan los refugieros, mi hijo me contó que Pajarín después de Semana Santa subió a levantar la caja y bajó con más de 400.000 pesos en la mochila”.

“A los pocos días le contó a otro de los chicos que había cumplido su sueño de comprarse un velero o un barco, no recuerdo bien, claro que pudo hacerlo a costillas de pagarles dos mangos haciéndolos subir como fuera”, dijo.

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