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NO PUDIERON ASISTIR A LA CELEBRACIÓN

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05/05/2022

Un matrimonio de antiguos pobladores que hace honor a la distinción

Un matrimonio de antiguos pobladores que hace honor a la distinción
Un matrimonio de antiguos pobladores que hace honor a la distinción

Ana María Gómez y su marido Jorge Pablo Mogensen, dentro de la celebración por los ciento veinte años de Bariloche, fueron distinguidos como antiguos pobladores, pero, por cuestiones de salud, no pudieron acudir a la celebración que se hizo en la escuela 273.

Ella tiene problemas de arritmia y EPOC; él, dificultades serias en las piernas.

Más allá de eso, la mujer se muestra contenta y dice que siente “una gran alegría”.

Confiesa setenta y cinco años, aunque, con una sonrisa, aclara: “Parezco una chica de quince”.

Su madre nació en Bariloche, su padre era de otro sitio de la provincia, pero pertenecía a Gendarmería y, a los veinte años, le tocó arribar a la ciudad.

“Se quedó, se casó, y acá nací”, cuenta Ana María.

En cuanto a su relación con Jorge, devela que llevan “casi sesenta años juntos”.

“Lo conocí cuando tenía quince, y él, diecisiete”, señala.

El primer encuentro fue en la casa de un amigo en común.

“Nos casamos cuando vino del servicio militar, que realizó en Río Gallegos”, apunta, a la vez que recuerda que eran épocas “del protocolo de compromiso” e incluso que Jorge debió pedirle su mano al papá.

Ana María siempre fue ama de casa, aunque en ocasiones también cuidaba chicos. Cuando lo dice, bromea acerca de que esos niños eran aparte de los propios, ya que el matrimonio tuvo tres hijos, un varón y dos mujeres que, a la vez, le dieron cuatro nietos.

Justamente, el hijo varón fue quien propuso que los tuvieran en cuenta en el Concejo Deliberante para ser distinguidos como antiguos pobladores.

Jorge también se muestra contento con el reconocimiento. Cabe destacar que, durante su vida, el hombre se dedicó a gran cantidad de cosas. “Menos robar, hice de todo”, sonríe.

De esa manera, expone que estuvo vinculado con muchas actividades relacionadas con la dirigencia deportiva, y que participó en la fundación de diversas instituciones.

“Además, fui el primer director de Deportes del municipio”, indica, para luego sumar que estuvo junto a Osvaldo Álvarez Guerrero, el gobernador de Río Negro durante el retorno de la democracia. Al respecto, señala: “Fui el primer subsecretario de Estado de Trabajo de la provincia, lo que quiere decir que soy uno de los cofundadores del Ministerio de Trabajo”.

Militante radical, también colaboró con Raúl Alfonsín en su gobierno, y narra que acompañó al médico sanitarista Antonio Nápoli cuando fue senador.

“Cuando era chiquito, lo conocí a Ricardo Balbín. Era una figura para admirar, por más que yo no entendía de política porque era muy pequeño; en aquel momento, estaba de la mano de mi viejo”, rememora.

“El suyo fue el primer discurso político que vi”, advierte, para después contar que asistió a varios encuentros de dirigentes radicales que pasaron por Bariloche, pero que también estuvo presente en la visita que Juan Domingo Perón realizó con Evita.

Por otra parte, su padre le enseñó a dibujar y pintar. “Hice algunos trabajos lindos… o por lo menos que a mí me gustan”, ríe.

Otra de sus pasiones es la música.

Ha tocado guitarra, armónica, teclados…

Incluso, en algún momento, fue parte de un cuarteto folklórico.

En ese sentido, evoca tiempos donde las figuras del folklore que arribaban a la ciudad pasaban por su casa, y así cita a Los de Córdoba y Los Indios Tacunau. Incluso Eduardo Falú le hizo una visita de cortesía.

Además, su vocación de historiador lo ha llevado a publicar dos libros, uno sobre la catedral y otro que habla del origen del nombre del pueblo.

Entre las actividades desarrolladas por Jorge también se cuenta el modelismo naval. Así, detalla que la mayor parte de esa labor “tiene que ver con la historia náutica de Bariloche”.

Jorge, durante años, cumplió funciones en el correo. “Entré a trabajar como mensajero; para ingresar tuve que aprender telegrafía”, relata, y especifica: “Repartía telegramas”.

Un día, al salir de ese trabajo, compró un libro de modelismo naval de un reconocido especialista llamado Luis Segal. Ahí nació esa pasión. Ahora tiene más de cincuenta obras terminadas, incluyendo una versión del primer barco de Bariloche, labor que llevó a cabo a partir de los planos originales de la embarcación.

A Jorge le gustaría exponer esos modelos. “Trabajar tanto para que todo quede escondido no sirve”, suspira.

De esa manera, en una tarde barilochense, Ana María Gómez y Jorge Pablo Mogensen, desatan recuerdos con retazos de sus vidas.

Son antiguos pobladores que llevan su distinción con dignidad.

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