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02/04/2022

A sus 23 años fue instrumentadora quirúrgica a bordo del "Irízar" en la guerra de Malvinas

A sus 23 años fue instrumentadora quirúrgica a bordo del "Irízar" en la guerra de Malvinas
A sus 23 años fue instrumentadora quirúrgica a bordo del "Irízar" en la guerra de Malvinas

La veterana de Malvinas Silvia Barrera brindó una entrevista a El Cordillerano Radio. En 1982 se embarcó en el rompehielos ARA “Almirante Irízar” para asistir a los militares heridos, junto con cinco profesionales más. El recuerdo de su labor en medio de la guerra.

Es la mujer más condecorada a raíz del conflicto, pero aclara que es “sólo porque soy la más chica y aún estoy en funciones”, del total de las dieciséis mujeres reconocidas como veteranas de Malvinas.

Silvia recordó cómo fue el momento en que se ofreció junto a cinco compañeras como voluntarias para cumplir la tarea de instrumentadoras quirúrgicas en la guerra de Malvinas.

“Todo el despliegue de sanidad comienza después del 2 de abril y cruza hacia las islas todo un grupo con el que se organiza el hospital de Puerto Argentino. Eran médicos y enfermeras de las tres Fuerzas Armadas, pero cuando empezaron a llegar los heridos tras el comienzo de los combates el 2 de mayo, notaron la falta de personal quirúrgico” comienza a relatar Barrera.

Ella aclara que se ofreció junto a sus compañeras como voluntarias. “Viajamos como personal civil y aún hoy a 40 años seguimos siendo personal civil”, señala.

Sobre su tarea cuenta que “están entrenadas para ayudar al cirujano a realizar las distintas cirugías. Tenemos que adelantarnos a los pasos del cirujano eso hace que la cirugía sea más rápida y el paciente tenga menos tiempo de anestesia que es lo importante” y aclara: “en Malvinas aparte de nuestra actividad nos tocó hacer de enfermeras, de camilleras, de psicólogas improvisadas. Nuestro rol allá cambió.”

Manifiesta que lo más difícil de su labor fue el contexto. “Con el movimiento del barco, nunca habíamos navegado en un buque semejante. Hubo una noche que estuvimos a 45 grados”, recuerda Silvia.

Nuestras familias acompañaron nuestra decisión. Cuando llegamos a nuestras casas a avisarles ya estábamos con los bolsos hechos, ellos tuvieron que acompañarnos y nuestras madres tenían miedo de que cayéramos prisioneras en algún momento.

Era una improvisación, una falta de documentación, nadie nos estaba esperando, hasta que logramos llegar al Irízar fue todo un día de idas y venidas, y al ser las únicas mujeres los hombres nos ignoraban. Había mucha incertidumbre.

Luego empezamos a trabajar y logramos un gran equipo. Ese primer día fue un día de miedo y de incertidumbre.

A medida que fueron pasando los días, esos hombres que al comienzo nos ignoraban, nos empezaron a tratar con hermanas.

VOLVER

La veterana contó además cómo fue el proceso Estuvimos un día en comodoro Rivadavia, viendo a nuestros heridos, un poco vigiladas para que los periodistas no se nos acercaran. Pasamos ese día casi sin comer, hasta que regresamos a Buenos Aires el 20 de junio, que era domingo, y el día siguiente ya fuimos a trabajar. Buenos Aires es una ciudad cruel, nosotros éramos la imagen de una guerra que a ellos ya no les interesaba. Éramos pasado. Por eso creo que los primeros años nosotros no hablamos ni contamos nuestra historia. Elegimos callarnos y los periodistas y los gobiernos eligieron no saber de nosotras.

Tuvimos la suerte de que en el barco tuvimos una sola baja así que seguimos a lo largo de los años en contacto, conocemos a esposas, hijos y nietos, vamos a dar charlas juntos. Ese vínculo es muy fuerte.

EL RECONOCIMIENTO

Sobre el reconocimiento del Estado y de la sociedad en general Silvia cuenta que “a medida que fuimos dando a conocer nuestras historias, la gente nos fue acompañando cada vez más y empezaron a venir los reconocimientos, premios y charlas, y ser visitante ilustre, todo eso fue viniendo con los años, pero es un trabajo que fuimos haciendo los mismos veteranos.”

“Fuimos reconocidas por cada fuerza al año siguiente como Veteranas de guerra. Nos fueron reconociendo año a año y en 2012 viene este reconocimiento en conjunto para las dieciséis que somos, tenemos nuestra medalla. Como soy la más chica y la que sigue en actividad por esa circunstancia nada más soy la que tiene más condecoraciones”, indicó la veterana.

A 40 años de Malvinas, Silvia destaca que “aparte de ser movilizante como cada año desde que volvimos, es movilizante por el acompañamiento que vemos que tenemos con la gente. Nos convocan a los colegios, a los programas de radio. Este año vemos un interés realmente genuino de querer conocer nuestras historias.”

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