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UNA CHARLA CON CARLOS MAZZOCCHI

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02/04/2022

"Los veteranos cuando hablan cuentan un pedazo de historia, porque cada uno vivió una distinta"

"Los veteranos cuando hablan cuentan un pedazo de historia, porque cada uno vivió una distinta"
"Los veteranos cuando hablan cuentan un pedazo de historia, porque cada uno vivió una distinta"

Carlos Mazzocchi nació en Comallo, pero se crio en Bariloche.

Fue observador militar y brindó ayuda humanitaria en lugares como el Sahara Occidental, la antigua Yugoslavia y Haití, enviado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Mucho antes de todo eso, estuvo en la guerra de Malvinas como radarista, tras haber estudiado en la Escuela de Aviación de Córdoba y especializarse luego en Merlo, provincia de Buenos Aires.

En 2021, cuando se cumplieron treinta y nueve años del conflicto, su nombre trascendió –a partir de un artículo del diario El Cordillerano– cuando se supo que un excombatiente británico, Mark Willis, le había hecho llegar negativos fotográficos correspondientes a un rollo que el argentino había extraviado en las islas.

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–Carlos, ¿qué representa el 2 de Abril para usted?

–Cuando llega este período del año en que se produjo la guerra, resurge algo emotivo; se trata de una cuestión muy significativa… Creo que a todos los veteranos estas jornadas nos ocasionan recuerdos: por un lado, la alegría de que la Argentina retomara el control de nuestras islas, que se recuperaran y que allí flameara la bandera celeste y blanca, pero, también, la fecha trae aparejada la evocación de todos los héroes que perdieron la vida. Se trata de jornadas muy particulares, más ahora, que se cumplen cuarenta años.

–¿Y cómo vivió el 2 de abril de 1982?

–En aquel momento, fue una sorpresa, al igual que para todo el pueblo argentino. Estaba en la base de radar en Merlo. Todos saltaban, festejaban, cantaban. De ahí, pasamos a preparar los radares… A mí, en primera instancia, me tocó el de Comodoro Rivadavia. El 19 de abril pidieron un oficial y un suboficial para reforzar la dotación del de Malvinas. Me ofrecí como voluntario. Así que el 20, a bordo de un avión Hércules cruzamos hacia las islas y nos adicionamos al resto de compañeros radaristas que ya estaban trabajando desde el 3 de abril.

–¿Cómo surgió la idea de la exposición de las fotos en la escuela Malvina Soledad, que se hará del 4 al 13 de abril?

–La directora de la escuela, Valeria Escobar, es mi prima. Yo le había regalado la cámara, hace muchos años. Cuando leyó el artículo en El Cordillerano, sobre las fotos, se enteró de la historia que había detrás y les mostró la Reflex a los alumnos. Los chicos ni existían cuando pasó esa guerra… Estaban esperando que fuera, así que los visité y les regalé una bandera de la Argentina con las Islas Malvinas impresas en medio. Me fui muy contento. Los veteranos cuando hablan cuentan un pedazo de historia, porque cada uno vivió una distinta. Después le mandé un mensaje de voz a Mark, contándole que había ido a una escuela a dar una charla a los estudiantes, donde dije que las guerras no eran buenas, y que había relatado la historia de dos veteranos que se encontraron a través de un rollo de fotografía. Le expliqué que Valeria tenía la intención de hacer una muestra con las fotos, y entonces él mandó un saludo escrito para el colegio.

–¿Cómo definiría el vínculo con Mark? 

–Lo considero como una especie de amigo, aunque realmente no nos conocemos. Para forjar una amistad total nos tendríamos que ver. Quedamos en que él visitaría Argentina o yo iría para allá, pero todavía no se dio. Noto que es una muy buena persona, macanuda.

–¿Le gustaría volver a Malvinas?

–Me encantaría ir, pero no lo voy a hacer, porque hay que viajar con pasaporte, y te lo sellan como si fueras a un país extranjero.

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