Publicidad
 

LA CADENA HUMANA QUE DERIVÓ EN UNA MUESTRA FOTOGRÁFICA EN LA ESCUELA MALVINA SOLEDAD

|
02/04/2022

Una historia que parece cinematográfica con origen en el Atlántico Sur

Una historia que parece cinematográfica con origen en el Atlántico Sur
Una historia que parece cinematográfica con origen en el Atlántico Sur

“Somos la escuela Malvina Soledad, estamos en el barrio Nuestras Malvinas… A cuarenta años de la guerra, era imposible no hacer nada… Y justo sucedió esto… Algo tan significativo para contar y compartir con todos.”

La que habla es la directora de la institución, Valeria Escobar, a pocos días de dar apertura a una exposición de fotografía muy especial (se realizará de lunes a viernes, desde el 4 al 13 de abril, de 10 a 12 y de 14 a 16).

Las fotos las sacó un argentino que combatió en el Atlántico Sur en 1982.

Ya ese hecho sería de relevancia digna de una muestra.

Pero hay mucho más.

Tiempos de guerra... Una de las fotos que sacó Mazzocchi.

El autor de las capturas, cuyo nombre es Carlos Adalberto Mazzocchi, en aquel momento, tras el cese de fuego, al ser tomado prisionero por los británicos, perdió un rollo fotográfico que, por casualidad, un inglés vio y recogió.

Lee también: “Cada veterano que habla cuenta un pedazo de historia, porque cada uno vivió una distinta”

El europeo mantuvo guardado aquel material durante mucho tiempo.

La guerra era algo sobre lo que no quería regresar…

Ya se sabe, las esquirlas de la barbarie dañan en rincones muy profundos.

Pero, a través de un proceso interno, al que ayudó el conversar con otros soldados británicos que habían estado en el extremo sur del mundo, comenzó a revisionar esa época, y recordó la existencia de aquel rollo fotográfico.

Curiosamente, o no tanto, si se tiene en cuenta que esta historia tiene mucho de argumento cinematográfico de ficción –aunque sea real, tanto como el sentimiento que se busca derramar en estas líneas–, tras tanto tiempo, las fotos estaban en buen estado.

Tiempos de guerra, en la visión de Carlos.

El inglés, que, para esta altura de la nota, ya merece mencionarse por su nombre, Mark Willis, subió algunas a Facebook.

Lee también: “Estoy muy feliz de que Carlos y yo ahora seamos amigos”

Y, en esta cadena humana, un santafecino experto en la cuestión Malvinas, Agustín Vázquez, se topó con las imágenes y distinguió, en algunas de ellas, lo que parecía ser la antena de un radar. Se comunicó con la Fuerza Aérea Argentina, donde el brigadier Guillermo Saravia recordó que solo dos combatientes argentinos tenían cámaras en la zona que se observaba en esas fotografías, y, además, le vino a la mente que, en aquella época, Carlos había mencionado que se le había extraviado un rollo.

Todo coincidía.

Saravia llamó a Carlos –o “Panda”, como lo apodaron en los viejos tiempos–y le dijo: “Ese rollo es tuyo”.

Carlos Mazzocchi.

Carlos, a quien siempre le gustó la fotografía, se puso en contacto con Willis.

El británico, en un gesto digno de rescatar, le envió los negativos, un dvd con las fotos digitalizadas y una postal.

Luego, el paquete, proveniente de una localidad del condado de Hampshire, en Inglaterra, llamada Fleet, arribó a Bariloche, donde intervino otro eslabón de esta cadena sensible: un trabajador de Correo Argentino, Leonardo Nicolás, quien, cuando Carlos le contó esta historia –resumida–, ventanilla mediante, hizo todo lo que estaba a su alcance para facilitarle el trámite. Así, el veterano de Malvinas logró irse a su casa con ese tesoro íntimo que, pronto, por culpa de un periodista entrometido, pasaría a ser público…

Lee también: “Para nosotros, es un integrante más de la familia telepostal”

Está bien… Perdón, me declaro culpable. Yo escribí aquella nota que salió el 9 de junio de 2021 en El Cordillerano, pero fue con el permiso –y el testimonio– del propio Carlos; que eso sirva de atenuante…

Medios de comunicación de varias partes del país se hicieron eco del artículo sobre las fotografías.

“Panda” –o “Bocha”, como también lo llaman– fue noticia nacional.

Entre aquellos que pusieron el ojo en el artículo germinal, hubo una lectora especial: Valeria Escobar, directora de la escuela N° 315 Malvina Soledad.

Soldados captados por el lente de "Panda".

Obviamente, uno podría pensar que el nombre de la institución, y su ubicación en el barrio Nuestras Malvinas, sería suficiente motivo para captar la atención de la directora. 

Pero resulta que hubo algo más: al leer, se percató de que el protagonista de ese artículo era su primo.

Y, en este derroche de situaciones inverosímiles que resultan ser verdad, en la nota, Carlos contaba que, un día previo al cese del fuego, antes de perder el rollo fotográfico, una aeronave argentina había aterrizado para trasladar heridos al continente, y el jefe del grupo sugirió que, en vista de la situación, donde, ante la avanzada británica, se preveía un pronto final, por precaución, aprovecharan para enviar los objetos que quisieran preservar.

Carlos mandó su cámara japonesa Yashica Reflex, con la que sacó las fotografías que, treinta y nueve años después, Mark Willis descubriría en el rollo que se creía perdido para siempre.

Una de las fotos tomadas por Carlos en Malvinas.

Al volver al continente, “Panda” se reencontró con la cámara fotográfica.

Años después, observó que una prima con la que existe una importante diferencia de edad (en la actualidad, él tiene setenta y uno; ella, cuarenta y seis) se había hecho aficionada a la fotografía, e incluso trabajaba en la actividad, tomando fotos turísticas en Las Grutas.

Carlos, amante del arte fotográfico, entendió que ella podría aprovechar mejor la Reflex, y se la obsequió.

Esa joven adoraba al primo, al que, por los años de diferencia, y la actitud que él siempre había mostrado, veía más como “un tío piola”.

El paso del tiempo y las obligaciones que surgen en el camino pusieron cierta distancia entre ellos, aunque el cariño permaneció intacto.

Valeria no estaba al tanto del derrotero de la cámara. Cuando leyó el artículo en El Cordillerano, se percató de que esa máquina que su primo le había obsequiado tanto tiempo atrás era aquella con la que se tomaron las fotos “recuperadas”.

Valeria, con la cámara que le obsequió su primo.

“Yo no conocía la historia. Con esa cámara, él me había sacado retratos de chica”, cuenta Valeria.

–“Bocha”, ¡todavía tengo la cámara que me regalaste! –exclamó ella en un llamado.

En esa conversación telefónica, Valeria le dijo que, dado que ella trabajaba en la escuela Malvina Soledad, sería bueno hacer algo juntos.

Meses más tarde, ya en 2022 –durante febrero– se encontraron durante el cumpleaños número ochenta de la mamá de Valeria.

En ese momento, ella le propuso realizar una exposición.

Carlos dio el visto bueno, y así en este relato se suma un nuevo capítulo, porque, a partir de aquello, varios engranajes comenzaron a movilizarse.

Incluso el británico que encontró el rollo fotográfico envió un mensaje escrito para que lo incluyeran en la muestra.

Los alumnos de la institución escolar empezaron a trabajar en base a la nota que se publicó en El Cordillerano, y Carlos se acercó al lugar para despejar las inquietudes de los chicos.

“Cuando vino, todos estaban fascinados. Trajo de regalo una bandera argentina con la impresión de las Islas Malvinas en el centro”, señala Valeria.

Los chicos de séptimo posan con la bandera que les obsequió "Bocha".

“‘Bocha’ es increíblemente didáctico”, añade la directora, al resaltar la conexión que consiguió con los estudiantes.

El propio Carlos recalca que los chicos “fueron muy educados, se mostraron interesados y preguntaban mucho”.

El primer día en que el excombatiente acudió a la escuela, varias maestras de otros grados se acercaron al aula de séptimo para escucharlo, e incluso apareció el profesor de gimnasia.

Una de las docentes de séptimo, Graciela Velasquez, indica: “Los alumnos están fascinados con todo este proyecto, y con ‘Bocha’, que ya es parte nuestra”.

Sucede que Carlos acudió a brindar una charla, pero luego los chicos lo contactaron por videollamada para consultarle sobre algunas dudas, y él, por su parte, volvió hace un par de días a la institución, donde recibió un sinfín de abrazos de los estudiantes.

Valeria junto a las docentes de séptimo, Marcela Centis y Graciela Velasquez, y una de las subdirectoras, Graciela Lezcano (la otra, que no estaba presente en el momento en que se tomó la foto, es Sandra Sandoval).

“Viene con alegría, y cuando recibe el cariño de los nenes, se pone más contento aún”, revela una de las subdirectoras, Graciela Lezcano. 

“Está feliz, y, cuando se va, se lo ve pleno, lleno de lo que le transmiten los chicos”, suma.

“Acá es un ídolo”, apunta Valeria.

Y es cierto, los alumnos de séptimo hablan de él con respeto y admiración.

Nadie lo llama Carlos Mazzocchi, para todos es “Bocha”.

De repente, uno de los chicos se acerca a Valeria y le suelta: “¿Seño, estás ansiosa?”. “Sí, un poco”, contesta ella, a lo que el estudiante responde: “Todo va a estar bien”.

Los chicos de séptimo, durante los últimos preparativos para la muestra, para la que contaron con el apoyo de las profesoras de plástica, Cecilia Daguero y Victoria Peyri, y la de audiovisuales, Viviana Kaliszuk, además de la asistencia del encargado de tecnología, informática y comunicación, José Giménez.

¿Que opinión tenés sobre esta nota?