Publicidad
 

LA PROBLEMÁTICA EN PARQUES NACIONALES

|
18/10/2021

Señalan que falta personal de campo y apuntan a inconvenientes en la infraestructura

Señalan que falta personal de campo y apuntan a inconvenientes en la infraestructura
Señalan que falta personal de campo y apuntan a inconvenientes en la infraestructura

Instalaciones a las que les falta mantenimiento.

Terrenos extensos que una sola persona no puede cubrir como es debido.

Escasez de vehículos o insuficiencia de atención de los mismos.

Hasta, incluso, carencia de caballos.

Esas son algunas de las cuestiones que mencionan los propios guardaparques cuando se les pregunta en qué situación se encuentran.

Sobre los equinos, por ejemplo, hubo quien dijo que Parques antes criaba y amansaba sus propios caballos, y ahora ni siquiera se cuenta con la cantidad adecuada para su uso, salvo en sitios del norte, como en el área natural protegida de Calilegua, en el sudeste de la provincia de Jujuy. Pero en los parques nacionales situados en el sur, escasean.

Además, es un secreto a voces que no hay personal suficiente para cubrir las extensiones a cargo. 

“En definitiva, es un tema de presupuesto: los países, en general, no destinan mucha plata en conservación; hasta en los Estados Unidos no disponen de  la gente necesaria, pero, en la Argentina, eso pasa aún más”, afirma uno de los varios guardaparques consultados.

Justamente, quienes se encuentran desarrollando su labor, cuando se les pregunta desde cuándo sucede esto, en general afirman que “es algo de siempre”, aunque aprecian que la problemática se complicó en los últimos veintitantos años. La respuesta no se debe a consideraciones personales, sino a una realidad ineludible, en particular en ciertos lugares, como por ejemplo en Bariloche, donde en las últimas décadas aumentaron notoriamente la población y el turismo.

También surgieron problemas que antes no existían, al menos con la intensidad actual, como los asentamientos en determinadas zonas, muchas veces vinculados a hechos de violencia. En este último caso, los ejemplos más claros son Villa Mascardi y Los Alerces.

Más allá de eso, los de más edad apuntan a una serie de medidas gubernamentales ocurridas durante los noventa, que mermaron a Parques.

Ahora bien, ¿por qué el tema preocupa especialmente en estos momentos?

“En la Patagonia, en breve seguramente será la reapertura total de los parques, con personal insuficiente en las distintas áreas”, explica el jefe de guardaparques de Los Alerces, Danilo Hernández Otaño, quien también es secretario adjunto interino del Sindicato de Guardaparques Nacionales de la República Argentina (SIGUNARA).

“Este es un problema que se disimuló un poco la temporada pasada, porque los parques estuvieron inicialmente cerrados, y, aunque después fueron abriendo, hay que recordar que no todos los servicios se encontraban disponibles, mientras que, ahora, probablemente sí lo estarán, y se pondrá en evidencia lo corto que queda el despliegue territorial en los sitios más grandes, como los de la Patagonia, donde hay un esquema de control y vigilancia que viene de la década del cincuenta: la típica seccional con un guardaparque que, a lo sumo, si la tiene, está con la familia, pero el funcionario de control es sólo uno para varias miles de hectáreas”, señala Danilo.

“Es un sistema que ya ha quedado caduco ante una demanda de uso general de los recursos quintuplicada con respecto a lo que era en los cincuenta, y el esquema de vigilancia es prácticamente el mismo; quizás existan dos o tres seccionales que se añadieron en algún parque grande, pero no mucho más”, expresa.

Así, apuntando a lo que sucederá en la temporada de verano, remarca: “Todo hace pensar que turísticamente va a ser un éxito, pero nos vamos a quedar cortos con el control”.

Alejandro Beletzky se recibió de guardaparque en julio de 1977, y se desempeñó como tal hasta 1991, cuando por discrepancias con el gobierno menemista fue obligado a irse. En 2004 regresó y durante seis años fue asesor del directorio de Parques.

Con esa experiencia a cuestas, afirma: “El déficit de personal en Parques Nacionales es histórico, siempre fue así”.

“En los últimos quince o veinte años, se sobredimensionaron los planteles administrativos, pero hubo una depresión de guardaparques”, sostiene. 

“Hay quinientos treinta para todo el país, pero con formación sólo doscientos setenta, los otros son de apoyo, con menos aprendizaje”, indica.

“Cuando se hizo el decreto reglamentario, en los ochenta, se creó lo que se llamó guardaparque de apoyo, para blanquear a los vaqueanos que no contaban con una formación y eran personas que se habían sumado y tenían como veinte años de servicio. Pero esa figura después fue utilizada políticamente para meter gente en Parques”, manifiesta.

“El guardaparque de apoyo no cuenta con la posibilidad de hacer control y vigilancia; ayudan en tareas que no tienen responsabilidad administrativa. Los de escuela, en tanto, pueden hacer infracciones, realizar procedimientos, y tienen estudios para educación ambiental”, diferencia Beletzky, para luego reflejar: “Así que, con una formación curricular interesante, sólo son doscientas setenta personas para un trece por ciento del territorio nacional, que es el porcentaje que corresponde a áreas protegidas”.

Además, añade otra cuestión relevante: “Todos los planteles de mantenimiento de Parques Nacionales fueron desapareciendo: carpinteros, empleados viales, etcétera”.

Así, surge un inconveniente que mencionan varios guardaparques. Al carecer de personal que se encargue de esas tareas, hasta donde les es posible deben realizarlas ellos. Pero, tal como apunta uno de los consultados, no pueden “cambiar un techo”.

Muchas de las viviendas que utilizan cargan con cinco décadas encima, y, al no contar con los cuidados necesarios, van decayendo.

Más allá de la creación de nuevas áreas protegidas, las quejas de los guardaparques apuntan a la falta de un respaldo presupuestario.

Incluso si se formaran más personas, se dificultaría ubicarlas, no porque no haya sitios donde se requiere su presencia (eso sobra), sino debido que faltarían seccionales en las que pudieran estar.

En tal sentido, Beletzky expone: “Existe mucha necesidad, porque hay más áreas protegidas, pero la infraestructura no ha crecido de manera acorde para recibir más guardaparques en campo, por lo que se termina por concentrarlos en sectores urbanos”. 

En definitiva, se trata de una problemática circular a la que resulta complicado encontrarle una solución. Al menos desde la práctica. En la teoría, sí. La respuesta estaría dada por un mayor presupuesto que fuera bien utilizado. Pero las arcas raramente se abren pensando en el cuidado de la naturaleza, un tema que suele ser noticia cuando ya es demasiado tarde. Encima, si se tiene en cuenta que se atraviesa una época pandémica, resultaría raro que se dispusiera del dinero suficiente para apoyar medidas en el área.

Uno de los guardaparques con los que se habló lo dijo más claramente: “En definitiva, todo se trata de plata”.