29/09/2021

Juan José Chaparro cumplió ocho años como obispo de la Diócesis de Bariloche

Juan José Chaparro cumplió ocho años como obispo de la Diócesis de Bariloche
Fotos: Fabio Hernández
Fotos: Fabio Hernández

Hace ocho años el papa Francisco nombró a Juan José Chaparro como obispo de la Diócesis de San Carlos de Bariloche y ayer por la tarde se realizó una ceremonia religiosa en la iglesia Catedral, un encuentro de celebración.

El Cordillerano dialogó con Chaparro, miembro de la congregación de los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María, para hacer un breve resumen de este tiempo en el cargo. “La función de un obispo es cuidar, administrar y supervisar la vida de todas las comunidades eclesiales cristianas católicas”. En su caso abarca hasta Ramos Mexía y por el Sur hacia El Bolsón, “mi función no solo es ver cómo se desarrolla la formación en la fe sino también todo lo que eso implica, la vida, los temas económicos o judiciales, de los cuales soy la última autoridad”.

En definitiva es el pastor de la gran comunidad de San Carlos de Bariloche, por lo tanto acompaña la vida ya sea desde quién está a cargo de una parroquia, hasta una cierta relación con los colegios católicos, aunque no dependan de la Diócesis.

“En el fondo lo más importante no es la administración y organización sino cómo tratamos de vivir el mensaje de Jesús en este tiempo, en esta historia que nos toca transitar”, señaló.

Como en toda institución, es de resaltar la impronta personal de quien ocupa un cargo, “en broma siempre digo que en este tiempo soy el mejor y el peor obispo porque soy el que está, el que ha sido nombrado”. Evidentemente, cuando fue elegido ha sido por su forma de ser y porque han visto en él ciertas capacidades aptas para desarrollar esa función.

“Es similar a lo que sucede en una familia, para mí es importante descubrir y encontrarme con las comunidades y con la sociedad toda, con gente muy linda y generosa que vive el Evangelio de una forma superior a la de uno quizás”, detalló.

Agregó, “cada uno acompaña y lo hace desde su propia perspectiva, ha habido mucha gente como monseñor Hesayne y tantos otros, esto es un camino de aprendizaje, yo nunca estuve en una curia y fui aprendiendo lo que significa ser obispo”.

Después de estos ocho años se ha ido asentando “fui conociendo el camino de lo que significa la realidad porque he estado en otros lugares y Bariloche tiene su peculiaridad, estamos hablando de una Diócesis con más de 28 años”. Asimismo ha pasado por las de Paraguay, Córdoba y Asunción que tienen cientos de años.

 

Pandemia

Como obispo debió atravesar una pandemia, una situación atípica e inesperada. “Es algo que nos tocó vivir, que aún nos golpea y que nos ha modificado a todos, la Iglesia Católica intentó estar muy presente en la comunidad”.

Detalló “una de las formas fue a través de Cáritas que tiene una hermosa organización y muchas veces le puso el cuerpo, gente que no le tuvo miedo a las dificultades pero cuidándose”. Lo positivo es que esas actividades permitieron una renovación, “acompañando a las personas mayores que no podían estar activas, y con los jóvenes”.

Citó otro ejemplo: “Emaús que ha ido tomando otros servicios, la Casa del Buen Samaritano que se ocupa de la gente de la calle y el acompañamiento de los jóvenes en el Hogar de Cristo”.

La Residencia Misionera de Maquinchao fue abierta para la atención y permanencia de la gente que estuvo aislada por COVID, “aún no ha sido recuperada para retomar las actividades cotidianas”. Agregó “es un lugar para chicos del campo con muchas dificultades”.

Otro gran desafío fue estar cerca de la gente sola “no sé si hicimos todo lo que pudimos pero ciertamente hubo otra forma de  acompañamiento cuando no nos podíamos encontrar, siempre buscamos la manera de estar cerca”. Aprendieron a comunicarse desde otro lugar, “vía Zoom, incluso con otros puntos más lejanos de la Diócesis”.

El obispo está retomando las visitas cotidianas en parajes de la Línea Sur, "el primero de octubre voy a estar en Sierra Colorada que tiene su fiesta patronal”. Reflexionó, “todos somos parte de la humanidad, nos gusta encontrarnos y compartir, hemos tenido miedos y precauciones  pero ir recobrando una cierta normalidad es necesario”.

 

Continuidad

Para aquellas personas que no saben cuál es el camino que recorre un obispo, Juan José Chaparro dijo “esto depende solo de la decisión del Santo Padre, a los 75 años tenemos que renunciar entonces si eso sucede en una diócesis, el Papa traslada a un reemplazo o nombra a uno nuevo”. Así se van dando los cambios, no hay nada fijado.

“Yo estoy muy contento, me siento bien, eso no significa que la realidad sea siempre cómoda, pero estoy dispuesto a los cambios, somos ministros de la Iglesia y en esto más allá que nos cueste más o menos, nos adecuamos”. Pide que el tiempo que permanezca en nuestra región lo pueda seguir viviendo intensamente, “buscando la fidelidad con nosotros mismos, con Dios que nos llama y con nuestro pueblo”.

El obispo se ha insertado con gran naturalidad en la sociedad barilochense, “no es fácil acompañar a la vida y la diversidad toda, dentro de la misma Iglesia hay distintos pareceres”.

Agregó; “es una sociedad difícil y compleja, creo que tenemos que buscar cooperar entre todos para el bien y escucharnos, eso es un deber más allá de la iglesia”.

Desde la Diócesis ha habido una apertura hacia otras religiones, “hemos tenido encuentros ecuménicos y no siempre es factible compaginar con otras iglesias porque no todos tenemos la misma predisposición”.

Habló de la sociedad en general, “muchos solo ven su propio rancho, lo cual no nos hace bien porque hay que globalizar la solidaridad, la ayuda y los valores, hay grupos que buscan una competencia pero vivimos en un mundo amplio y cada uno debe buscar su fidelidad en lo que piensa y cree”.

Para finalizar dijo “pero sí tenemos que ser conscientes que las religiones y las iglesias deben estar al servicio de la humanidad porque lo que Dios quiere es un mundo mejor y más fraterno”.

“La finalidad de la religión es vivir y el Dios verdadero pide abrazar, acompañar y estar junto a los demás, buscar puntos de destino que sea el bien para todos y no para unos pocos elegidos”.

“Pensamos que los elegidos somos nosotros y en la sociedad generalmente son los que más tienen; un mundo donde haya lugar para todos, es lo que pide el pueblo a los gobernantes”, resaltó.

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