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HABLA EL PSIQUIATRA DEL HOGAR

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23/08/2021

La salud mental en Emaús

La salud mental en Emaús
La salud mental en Emaús

El psiquiatra Andrés Calderón, que nació en 1985, recuerda que, cuando era niño, “todos los inviernos, en el diario, salía información acerca de gente que moría congelada”.

“En la actualidad, eso pasa muchísimo menos, gracias al hogar Emaús”, afirma Calderón.

El profesional, que regresó a Bariloche en 2016, tras especializarse y trabajar en una clínica alemana muy prestigiosa, desde hace cuatro años interviene en la institución como voluntario.

“El sitio empezó como un lugar pensado para la marginalidad y la pobreza. Después, se apreció que más de la mitad de los que concurrían a pasar la noche tenía enfermedades mentales graves, como esquizofrenia, demencia y, sobre todo, problemas severos de alcoholismo”, expone.

“Se ha demostrado científicamente que lo mejor que puede pasar, con una persona que necesita ayuda, es estar en el momento en que ella se encuentra dispuesta a cambiar, y ahí está Emaús; eso es lo que me fascina del lugar”, resalta.

“Cuando un hombre quiere venir, nadie le dice que debe sacar un turno, o que no se atienden urgencias. Si precisa ayuda, lo van a recibir”, sostiene.

“De ese modo, las personas realizan talleres, forman amistades aquí dentro, hacen salidas comunitarias, y ven que se puede vivir de otra manera”, señala.

Cuenta que “la mayoría empieza a venir esporádicamente y, con los meses -o años-, prácticamente logran dejar el alcohol”.

“Hay que tener en cuenta que las personas con adicciones cada tanto tienen recaídas, es algo que forma parte de la enfermedad, pero esos períodos son breves, de una o dos semanas, a lo sumo un mes, y vuelven”, aclara.

Recalca que “esa gente, en otros tiempos, moría en la calle, alcoholizada”.

Cuenta que, antes de la pandemia, realizó un informe con los datos que referían al tipo de padecimientos mentales de las personas que concurrían al hogar. Así, menciona que, más allá del alcoholismo preponderante, también se observaba “esquizofrenia, demencia y discapacidad intelectual”. “Además, había algún trastorno de personalidad y casos de depresión”, agrega.

“Cuando una persona tiene una enfermedad mental importante, como una adicción grave, o una esquizofrenia, demencia o discapacidad intelectual, el acompañamiento es sumamente complejo, porque involucra la parte de resociabilización con sus vínculos de origen, la parte de reinserción laboral -acompañándolos hasta que encuentran un trabajo-, y todo eso puede llevar mucho tiempo, incluso años”, explica.

“El abordaje es sumamente complejo. Para alguien con una enfermedad mental es muy difícil poder ocuparse de todos esos frentes sin ayuda”, apunta.

“Y el acompañamiento de una sola persona tampoco alcanza, se necesita un equipo, como el que hay acá, en Emaús”, asevera, en referencia a los voluntarios que hacen lo posible -y algo más- para que quienes arriban al hogar puedan reinsertarse en la comunidad.

Más allá de eso, aprecia que hay casos que no se enmarcan en lo que allí se ofrece, ya que la gravedad del padecimiento requeriría otra atención: “Falta un dispositivo que debería elaborar el Estado, para las personas que precisan más que una atención ambulatoria, y tampoco se las puede ayudar en Emaús, por el grado de las conductas destructivas, de violencia… Podrían ir a un hospital de día, cuatro o cinco horas por jornada, pero eso no alcanzaría para ciertas complejidades. Y el lugar donde estaba el jardín de infantes Girasoles, que ahora se utiliza para Salud Mental del hospital, está pensado para la internación aguda y la primera etapa de rehabilitación”. 

Cuando se le indica que la normativa vigente parecería impedir la creación de un sitio como el que dice, contesta: “Habría que analizarlo, pero me parece que un lugar semiabierto sería una alternativa”.

En definitiva, algo como Emaús, pero pensado específicamente para padecimientos severos de salud mental. 

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