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HISTORIA DE VIDA

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04/08/2021

Carlos Romero, de lustrabotas a panadero

Carlos Romero, de lustrabotas a panadero
Carlos Romero, de lustrabotas a panadero

Cada 4 de agosto desde el año 1957 se celebra en Argentina, el Día del Panadero, homenaje más que merecido ya que gracias a ellos, logramos llevar ese alimento indispensable a nuestros hogares. El Cordillerano eligió a Carlos Romero para en su nombre, reconocer la labor de cada uno de los panaderos y panaderas de Bariloche.

Entró al rubro cuando tenía tan solo doce años pero la historia comienza mucho antes. “A mi papá lo desaparecieron cuando mi mamá quedó embarazada y ella me abandonó a los ocho meses” comenzó relatando. Nació en la costa del río Paraná en un pueblito llamado Colonia Mascias.

Lo adoptó una familia, por lo que tuvo cinco hermanos menores y dos mayores, “vivíamos en un rancho de barro con techo de paja, no teníamos luz eléctrica y había que salir a buscar un mango”.

Los dos más grandes eran panaderos, “pero no querían que yo lo fuera por mi contextura física, no alcanzaba a la amasadora ni a la mesa de trabajo”. Fue entonces que comenzó a trabajar de lavacopas en un bar del mercado de abasto y armó su cajoncito para lustrar calzado en la misma zona.

Luego ese mercado se trasladó y ya no dejaban entrar a los menores porque comenzaban a sancionar por seguridad a quienes le dieran trabajo. “Justo conocí a los dueños de una panadería en el centro a los que les compraba todos los días el pan felipe y medialunas, ellos  también me daban de regalo seis tortitas negras”.

Una vez fue noticia en televisión el pequeño lustrabotas

Confesó que se metió de caradura, “una noche decidí quedarme y sin que me lo pidieran, empecé a lavar las latas, armar bollitos de masa y así fue como me contrataron, pero durante mucho tiempo la paga era solo con pan”.

Puso mucha voluntad, “después de dos años hablé con ellos y les dije que necesitaba que me empezaran a pagar un sueldito porque tenía que comprarme ropa y otras cosas”. Tenía tan solo doce años, ahora va a cumplir 54 y sigue firme con las manos en la masa.

Sus maestros de panadería

 

Bariloche

Con la familia de esa panadería comenzó a tener problemas, “tomaban mucho y yo me había ido de mi casa por el mismo tema, no quería vivir con gente alcohólica, me gustaba mucho el deporte y quería salir adelante en la vida”. Después vendieron la panadería, “fue una pelea medio dura y finalmente el 28 de febrero de 1989 llegué con uno de ellos a Bariloche”.

Llegó sin expectativas laborales pero al quinto día ya había conseguido tres trabajos. “También una cuarta panadería hasta el día de hoy, me sigue esperando para que acepte”, dijo.

 

El amor con horarios cambiados

Ya en nuestra ciudad conoció a Nilda Yáñez con la que tuvo cuatro hijas. “Le escapan a la panadería y repostería pero a todas les gusta comer lo que hago”, comentó bromeando.

Es sabido que los horarios de trabajo son de un enorme sacrificio porque viven a trasmano de la sociedad, “llevás una vida cambiada, cuando todos se levantan vos te estás acostando y eso es algo muy poco reconocido por la comunidad”.

A nivel económico tampoco reciben ese reconocimiento, “vos tenés el diez por ciento de las ganancias, son sueldos muy bajos comparados con el trabajo que se hace por eso para poder mantener a mi familia en un momento tuve que ponerme a aprender otros oficios como por ejemplo la construcción”.

“Tenía cuatro hijas estudiando y durante 15 años tuve que viajar a Buenos Aires por un tema de salud y gracias a esas otras cosas, pude ir pagando todo”. En un momento se compró una cámara y filmaba eventos, además hizo una huerta para vender verdura fresca, actividades que siempre realizó con mucho sueño porque por las noches, estaba firme amasando el pan. “Ahora estoy por ser abuelo por primera vez así que soy un agradecido de todo lo que la vida me ha dado”, dijo muy feliz.

 

Pan Dulce Solidario

Romero y su esposa son quienes años tras año elaboran el Pan Dulce Solidario junto a Nicolás Martínez, tarea que hacen de manera totalmente desinteresada. “Lo conocimos en un momento muy difícil, alquilábamos un terreno y habíamos hecho una cabañita, en abril del 94 se incendió y perdimos todo”. Ya tenían dos de sus hijas.

Nicolás tenía una radio y quiso difundir el pedido de ayuda para la familia de Romero, “hizo una campaña y después nos reencontramos a través del deporte”. Carlos entrenaba a 54 chicos y se acercó para pedir que les llegaran los panes solidarios, “ahí me mostró lo que hacía y cuando le pregunté cuánta gente lo acompañaba, eran dos o tres y sentí que necesitaba lo que yo tenía, mi oficio y experiencia de panadero”.

De esto pasaron ya 22 años de amasar el Pan Dulce Solidario. “Viendo cero interés personal de parte de Nicolás y la transparencia con que se maneja, seguimos acompañando con mi esposa”.

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