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JAIRO EN UNA CHARLA A FONDO

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03/07/2021

De amor, música, política y otras cuestiones…

De amor, música, política y otras cuestiones…
De amor, música, política y otras cuestiones…

El nuevo disco de Jairo, 50 años de música, donde recrea canciones de toda su trayectoria acompañado por diversos artistas, cierra con una grabación de “Podría bailar toda la noche contigo”, dedicada a Teresa, la mujer del cantante, que padece EPOC y ha tenido cáncer.

“Cuando ya la pandemia se había prolongado más de lo que en un principio imaginábamos… porque, al menos yo, al inicio pensaba: 'La semana que viene se termina’… pero, como la cosa se alargaba, mi hijo Yaco, que es mi productor habitual, me propuso: ‘Papá, ¿por qué no hacemos algo con los chicos?’”.

El muchacho aludía a los otros hijos del cantante: Lucía, Iván y Mario.

“Queríamos dedicarle una canción a la mamá, que está muy enferma”, cuenta el propio Jairo.

Salvo Yaco, los hijos del músico viven en Europa: los varones, en Francia; Lucía, por su parte, en aquel momento estaba en Madrid, y ahora reside en Milán.

“Yo les mandé el tema cantado, acompañado con la guitarra, y ellos pusieron sus voces con los medios que tenía cada uno en la casa”, explicó el músico.

“Yaco hizo una mezcla, en un video donde incluyó las imágenes de todos; quedó muy bonito, y me propuso ponerlo en las redes. 'Estamos en pandemia, y a la gente le va a gustar ver que estás en actividad, haciendo una cosa así con nosotros’, me dijo. Así que lo subió, y ya tiene casi seiscientas mil visitas”, señala.

La idea era publicar 50 años de música el año pasado.

Habían comenzado a grabar en diciembre de 2019.

Pero el COVID le puso freno a todo.

Cuando se decretó la cuarentena, había nueve canciones registradas.

El plan inicial, según relata Jairo, giraba en torno a un álbum con diecisiete temas.

Pero ante el parate obligado, Lito Vitale, productor musical de la obra, sugirió sacar dos discos en lugar de uno, con diez composiciones por placa.

“Incluyamos la que hiciste con los chicos; le damos un toque en el sonido para igualarla con el resto, y tenemos un álbum completo”, planteó Vitale, y Jairo estuvo de acuerdo.

Así fue que el final sensible de un disco que, de por sí, exhala calidez presenta a aquella canción que nació como un regalo a la esposa del cordobés.

“Ella tiene un problema muy serio, con enfermedades que no pueden mejorar… En noviembre se cumplirán diez años desde que comenzó con todo esto, y en ese tiempo ha tenido muchos altibajos, con momentos críticos y otros mejores”, revela el cantante.

Esa voz, “la” voz, la que muchos señalan como la mejor de la Argentina, simplemente se quiebra.

“Cuando tenés casos como este, buscás con desesperación apoyos, vengan de donde vengan”, suspira.

Teresa es la mujer “de siempre” de Jairo.

Se casaron en 1972.

La pareja ha sido muy unida.

Por ejemplo, Jairo recuerda cuando ella, a principios de 1977, lo acompañaba a un curso de inglés. “Para darme ánimo y que lo hiciera con entusiasmo; los sostenes emocionales son muy importantes”, apunta.

¿Pero para qué lo del curso de inglés?

Porque en aquel momento, cuando ya estaba en España, hasta donde había llegado impulsado por Luis Aguilé, durante un tiempo, antes de aterrizar y triunfar en Francia, hubo un intento por probar suerte en Inglaterra.

“Una amiga mía, Sandra LeBrocq, una inglesa que era coreógrafa de la Televisión Española y estaba casada con un músico argentino (Willy Rubio), me decía: ‘Yo te veo cantando en inglés, y te puedo ayudar’”, narra Jairo.

El cantante, que había grabado una canción que le significó un gran éxito (“El valle y el volcán”), con arreglos de Juan Carlos Calderón, una figura destacada del ambiente musical (como puntualiza Jairo, sería quien luego acompañaría a Luis Miguel en varios de sus discos, entre ellos el Segundo romance), le consultó al productor si podía colaborar en registrar la versión en inglés, y eso hicieron (“La canté como pude, tampoco es que mi inglés fuera muy brillante”, ríe).

“El plan era que mi amiga llevara esa suerte de demo a Inglaterra, para ver si despertaba interés en alguien”, relata el cordobés.

“Cuando regresó, me dijo: ‘Hemos conseguido algo muy importante’. Un productor, de muy difícil acceso, se había interesado”, continúa.

La coreógrafa retornó de Gran Bretaña con un mensaje de aquel hombre para que Jairo se pusiera a tono con el idioma, y así intentar seguir con una carrera por aquellos parajes.

“Con Teresa, estábamos convencidos de que sería así. Me iba muy bien en España, y estaba contento. Además, algunas canciones mías habían ‘pegado’ en México, Puerto Rico, Venezuela, Chile… En la Argentina, también hubo un par de éxitos interesantes con ‘El valle y el volcán’ y ‘Amigos míos me enamoré’… Pero cantar en inglés suponía abrirse un poco a todo el mundo”, explica Jairo.

Antes de embarcar hacia Inglaterra, mientras realizaba el curso de inglés acompañado por su mujer, le llegó un ofrecimiento por demás interesante: “Me llamaron para proponerme cantar en un espectáculo de música argentina, en el Olympia de París, una de las salas más importantes de Europa, con Susana Rinaldi, durante catorce días”, rememora.

“Por esas cosas raras de la vida, el destino se cruzó”, reflexiona.

Ricard Miralles, quien había producido un disco que Jairo grabó con poemas de Jorge Luis Borges, arregló especialmente algunas composiciones para que el cantante las presentara en el escenario francés.

“Desembarqué en Francia siendo un desconocido, cantando todo en español. De manera inesperada, resultó un éxito muy grande, con críticas fantásticas”, recuerda.

“¡Ni por las tapas se me había pasado por la cabeza hacer una carrera en francés!”, se sincera.

“Tuve la suerte de llegar en ese momento. Coincidió seguramente con algo que allá faltaba… Tal vez fue la manera de cantar, el timbre de la voz, no sé exactamente qué; nunca me detuve a analizar la razón de que desembarcara en Francia, grabara un disco, y a los dos meses se vendieran ochocientas mil copias… Lo que sucedió fue muy raro”, afirma.

Registró, entonces, “Es la nostalgia”.

“Mandamos a las radios dos versiones: una en castellano y la otra en francés, que había hecho por fonética, porque todavía no hablaba el idioma. Es más, cuando la escucho ahora, todavía me da un poco de vergüenza. Los programadores coincidieron en aceptar la que estaba en español… Porque mi versión en francés era muy mala”, suelta una risotada.

“Resultó un éxito deslumbrante, pero en español. El asunto es que después venían a hacerme entrevistas y yo no podía contestar, porque no hablaba francés”, expone.

“Aprendí a marcha forzada, con un profesor. Además, veía nada más que cine francés, leía diarios franceses… De eso dependía, también, el intento de hacer una carrera allá. Había empezado con muy buen pie, pero no me podía quedar nada más que con eso. Tuve que hacer un aprendizaje de ‘alto voltaje’”, sostiene.

Foto gentileza de Noelia López

Cabe recordar que durante sus primeros tiempos en aquella tierra, la Argentina se movía al ritmo de las botas militares: “Francia era una de los países que, con mayor intensidad, denunciaba a las dictaduras en Latinoamérica, y como yo, allá, era una especie de referencia, cuando pasaba algo me llamaban para opinar. En ese sentido, me pronuncié bastante contra el proceso”.

La toma de postura de Jairo se dio desde un primer momento. Apenas aterrizó para el espectáculo con Susana Rinaldi en el Olympia, en ocasión de un ágape en la Embajada de Argentina, optó por no ir: “Le expliqué al productor del show que no podía, por un lado, denunciar las cosas que pasaban, y, por otro, aceptar una invitación; carecía de sentido. A partir de ahí, me hicieron la cruz”.

En aquel país, también conoció a su admirado Raúl Alfonsín, antes del retorno de la democracia en la Argentina.

“Fue en 1982. Supongo que habrá ido para obtener apoyo para la campaña. El pintor Antonio Seguí me habló de él. Pregunté cómo lo podía conocer, y me dijo que en dos días iba a haber una reunión, con argentinos y franceses. Acudí con Teresa. Lo conocimos y estuvimos charlando con él. Era un tipo maravilloso”.

Jairo apostilla: “Yo tenía cierto apego por los radicales a partir de Arturo Illía, porque soy de Cruz del Eje, y él residió cincuenta años ahí. Cuando yo era adolescente, lo eligieron presidente, algo que, para mí, fue uno de los momentos más fuertes de la vida. Aunque en ese instante no tenía contacto con la política ni nada de eso, me parecía muy aleccionador que se escogiera presidente de la república a alguien que estaba a unas cuadras de donde yo vivía. Resultaba increíble”.

Tras la evocación de don Arturo, regresa a Alfonsín: “Tenía muy claro lo que quería hacer en el país, pero le tocó bailar con la más fea. Lo suyo fue una transición. En ese momento era muy difícil gobernar en la Argentina. Lo de la dictadura estaba muy fresco, y sin embargo realizó el Juicio a las Juntas. Incluso tuvo tres asonadas militares. La Iglesia no estaba contenta con él, los sindicatos le hicieron trece paros generales… Fue una gestión muy difícil. La verdad es que, si no hubiera sido un hombre con las espaldas que tenía él -hablo desde el punto de vista político-, no hubiera aguantado ni dos años”.

En 1998, ya de regreso en la Argentina, Jairo fue reconocido por Francia como Caballero de las Artes y de las Letras. “Me entregaron la distinción en la Embajada Francesa, y el embajador tuvo la delicadeza de llamar a Raúl Alfonsín, así que fue él quien me colgó la medalla”, expresa con orgullo.

Y a su lado, siempre Teresa.

Por eso, sobre el final de la conversación, regresa a ella: “Ahora se encuentra en casa, después de haber permanecido tres meses internada”.

“Estamos contentísimos, porque, cuando ella está, cambia todo, claro”, concluye.

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