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A 10 AÑOS DE LA ERUPCIÓN DEL CAULLE-PUYEHUE

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04/06/2021

Cuando se agrandaron las playas y el lago se volvió verde

Cuando se agrandaron las playas y el lago se volvió verde
Cuando se agrandaron las playas y el lago se volvió verde

El fenómeno telúrico provocó varias consecuencias que podían notarse a simple vista. Pulmones y filtros de aire la pasaron mal.

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Entre otras consecuencias visibles, después de la erupción del Caulle-Puyehue las playas del lago Nahuel Huapi ganaron en extensión, porque las arenas volcánicas comenzaron a apretujarse contra la costa. El fenómeno fue particularmente llamativo en la confluencia de los ríos Traful y Limay, donde la acumulación de material fue sustantiva a pasos de la estación de servicio, que en 2011 funcionaba normalmente.

Además de extenderse las playas, las aguas lacustres adquirieron una tan hermosa como inquietante tonalidad verdosa. Veteranas y veteranos de 1960, cuando otro acontecimiento telúrico semejante provocó desbarajustes en la región, pusieron en común que en aquella ocasión había sucedido otro tanto. Desde el 4 de junio en adelante, en los días despejados la columna volcánica se podía ver sin dificultades desde la Avenida 12 de Octubre o Juan Manuel de Rosas, pero los sobresaltos no permitían observaciones plácidas.

El INTA Bariloche aportó una dosis de tranquilidad, porque en los días que siguieron a la erupción, se sospechaba que las cenizas que habían precipitado podían afectar la calidad del agua que circula por las redes. La Estación Experimental las analizó y si bien constató su acidez, encontró que carecían de calcio, fósforo y azufre. Esa misma composición implicaba que no beneficiaría a la agricultura, como se especuló inicialmente al comparar el fenómeno con el que había afectado a Los Antiguos en 1991, con la erupción del volcán Hudson.

Económicamente, la erupción hizo añicos la temporada invernal, cuyo comienzo era inminente. La situación se tornó más grave aún en la Línea Sur, desde Pilcaniyeu hasta Ingeniero Jacobacci. Las autoridades provinciales resolvieron declararla Zona de Desastre, mientras que Bariloche, ingresó en Emergencia Económica y Turística. Luego, el gobierno nacional declaró alerta agropecuaria para Neuquén, Río Negro y Chubut, porque los ganados ovino y caprino llevarían la peor parte.

Tuvimos que habituarnos a convivir con las cenizas y hubo algunos vehículos que se llevaron mal con las nuevas vecinas. Es que las recién llegadas poseían una importante proporción de sílice en su composición, característica que la tornaba ofensiva para los motores. Hubo que buscar protecciones para los filtros de aire de los vehículos particulares y no fueron pocas las medias femeninas que pasaron a desempeñar una insólita función.

Los perjuicios más notables se produjeron en la actividad aeronáutica. Efectivamente, el aeropuerto de Bariloche se cerró el mismo 4 de junio y no se abriría con regularidad hasta febrero del año siguiente. Se tornó imperioso comenzar a medir la densidad del polvo volcánico en la atmósfera para resolver si era posible volar o no. Ocho meses fatídicos para el normal desenvolvimiento turístico.

Hubo expresiones que tuvieron que redefinirse. Gente habituada a prolongados períodos de lluvia y nieve, para los barilochenses el buen clima siempre equivalió al predominio del sol, la ausencia de vientos y cielo despejado o con escasa nubosidad. Pero en la primavera de 2011 y al verano siguiente, preferíamos que lloviese, aunque fuera de manera leve, para circunscribir la volatilidad de las cenizas.

Hubo veces en las que apenas si dejaban ver más de 100 metros, a contar desde las playas del lago, anomalía que no amilanó a los bañistas cuando comenzó a apretar el calor. Los padecimientos se renovaban cada vez que soplaba viento del Oeste, es decir, casi siempre. Los alivios se experimentaban precisamente, cuando llovía un tanto, durante los pocos días carentes de vientos o cuando llegaban desde el Sur.

La pluma que nos afectó de movida demoró 13 días en dar la vuelta al mundo, ya que el 17 de junio se extendió sobre Coyhaique, en el sur de Chile, adonde llegó desde el Oeste. Hoy, 10 años después de la manifestación del cordón Caulle-Puyehue, en una situación de pandemia y crisis sanitaria, recordamos aquel momento extremo con una mezcla de sensaciones. Fue bravo, pero pudo ser peor.

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