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VICTORIA ROSAS, MUJER TRANS, CONTÓ SU EXPERIENCIA DE VIDA

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26/04/2021

“Nosotras somos quienes tenemos que cambiar a la sociedad, no la sociedad a nosotras”

“Nosotras somos quienes tenemos que cambiar a la sociedad, no la sociedad a nosotras”
“Nosotras somos quienes tenemos que cambiar a la sociedad, no la sociedad a nosotras”

Fotos: Fabio Hernández

“Los sueños están para cumplirse”, dijo Victoria Rosas, quien trabaja en el área de Género y Diversidad del municipio, durante una entrevista con Marcela Cabral, en el programa "Mano y Contramano", por El Cordillerano Radio.

Victoria es mujer trans, es decir alguien que, más allá de haber sido asignado cuando nació al género masculino (por sus características anatómicas), sitúa su identidad dentro de lo femenino.

En ese sentido, a aquellos que sienten algo como lo que derivó en su transformación, y se encuentran inseguros, les recomendó: “Que luchen, que la peleen, nosotras somos quienes tenemos que cambiar a la sociedad, no la sociedad a nosotras”.

Victoria explicó que su transición ocurrió antes del dictado de la Ley de Identidad de Género (26.743), de 2012, que en su primer artículo determina que toda persona tiene derecho “al reconocimiento de su identidad de género”, “al libre desarrollo de su persona”, y a ser tratada de acuerdo a ello, en particular destacando que debe “ser identificada de ese modo en los instrumentos que acreditan su identidad respecto de el/los nombre/s de pila, imagen y sexo con los que allí es registrada”.

Así, Rosas señaló que ella empezó en 2009, y que, tras muchas idas y vueltas, en 2010 la autorizaron, y en 2011 la operaron.

Contó que, para realizarse la vaginoplastía, debió recurrir a la justicia.

“Me tuvo que evaluar un psiquiatra, un psicólogo, un médico forense… Todo para que me creyeran que no mentía”, apuntó.

“Bariloche no estaba preparado para aquello, no se sabía cómo era, siempre hubo prejuicio… Fue una lucha muy larga”, apreció Victoria, quien reveló que, en determinados momentos, se sintió tratada “peor que una rata de laboratorio”.

“Pasé muchas cosas que no tendría por qué haber atravesado”, afirmó.

Y aclaró: “No estoy arrepentida de quién soy, de cómo me manejé, ni de lo que hago”.

Aún vuelven a su mente las noches fuera del hospital, en medio del frío y la nieve, para poder conseguir algún turno.

“Tuve que pelearla mucho”, sostuvo.

Victoria se sintió femenina desde la más tierna edad.

Así, expuso que a los siete años le gustaba la costura, se hacía su propia ropa (por ejemplo, pantalones Oxford), y concurría al colegio travestida.

En ese sentido, destacó que su maestra la apoyaba.

Iba a la escuela N° 201. “En ese momento, no sentía discriminación”, aseveró.

Victoria valoró el papel de su mamá. “Ella me dio la fuerza y la sabiduría para luchar por un sueño”, dijo.

“Si estuviera conmigo, estaría orgullosa”, añadió.

Justamente, su madre falleció cuando Vicky tenía catorce años.

Fue un golpe duro para ella.

“Cuando murió, se me vino el mundo abajo, porque ya no contaba con su apoyo”, reflexionó.

“Empecé el secundario y no tenía trabajo ni nada, y no me quedó otra que recurrir a la calle”, indicó.

“No fue lindo, mi vida no era eso. De chica, tenía otros sueños”, agregó.

Ejerció la prostitución hasta los veintisiete años.

“Había gente que se acercaba y me decía: ‘Vos no tenés que hacer eso, debés salir adelante'”, recordó.

“Ahora, gracias a Dios, tengo un trabajo y puedo pagar un alquiler”, remarcó, pero no por eso olvidó que existen muchas chicas y chicos que se encuentran en una situación complicada.

“El Estado muchas veces no está presente. No hay un lugar para que puedan vivir personas trans. Hoy, por ahí, no se ven a las chicas en la calle, pero ‘trabajan’ dentro de su casa”, sostuvo.

En la actualidad, Victoria, que no pudo culminar los estudios, está cursando el Bachillerato Popular.

“Los profesores, como dicen los chicos ahora, son open mind”, aseveró, en relación a la mente abierta que muestran los educadores sobre temáticas referidas a la sexualidad. 

Rosas tiene una hermana (Patricia) en Bariloche, y el resto de su familia en Bahía Blanca.

Por la pandemia, hace mucho que no va de visita a aquella ciudad, cosa que extraña.

Explicó que cuando le ofrecieron trabajar en el municipio todo se transformó: “Ahí cambió mi vida”, afirmó.

“He logrado muchas cosas que nunca pensé conseguir”, contó.

A su vez, opinó que, desde la salida de la normativa legal sobre la temática, “empezaron a mejorar muchas cosas”.

“Varias de las chicas me ven como una luchadora”, confió, en referencia a su papel de pionera entre las trans de Bariloche.

“Cuando vivís una realidad, y la contás de corazón, no es victimizarse”, exteriorizó.

También recalcó: “Va a haber muchas chicas y chicos, que vienen detrás de mí, que no sufrirán, e incluso contarán con el apoyo de las madres y los padres, porque en la actualidad se ven esas cosas”.

“Ahora a donde voy, me tratan muy bien, sin preguntarme si soy mujer u hombre; simplemente, como a una persona”, aseguró.

Eso no quita que haya habido en el camino momentos desagradables, como cuando el año pasado sufrió violencia por parte de una pareja.

“Gracias a Dios, estoy viva. A veces, muchas de las chicas no lo queremos contar porque la sociedad te dice: ‘¡Ah!, pero si sos varón, cómo no vas a tener fuerza para pelear’. La comunidad no se da cuenta de que cuando empezás con una hormonización, y te operás, ya no volvés a ser la misma persona, la fuerza se te va”, reveló.

En cuanto a las diferentes reglamentaciones que hablan de incorporar laboralmente a personas trans, a partir de determinados cupos, apuntó: “Está buenísimo, la macana es que eso no se implementa; en la práctica, no es real”.

Asimismo, confió que el año pasado, a partir de la pandemia, se ofreció como voluntaria para ayudar en el hogar Emaús, donde se asiste a gente en situación de calle. “Eso me hizo muy feliz”, aseveró.

“Me siento capacitada para trabajar en lo social y ayudar a otra gente… Qué más currículum vitae que mi propia experiencia”, enunció.

De esa manera, concluyó: “Puedo caminar por la calle con la frente en alto, y, cuando veo una situación medio parecida a la mía, la comprendo e intento colaborar”.

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