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ASAMBLEA DE LOS RECICLADORES

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31/03/2021

Gladys Pichiñanco vuelve a la presidencia de la ARB

Gladys Pichiñanco vuelve a la presidencia de la ARB
Gladys Pichiñanco vuelve a la presidencia de la ARB

La Asociación de Recicladores Bariloche (ARB) realizó esta mañana una asamblea para la renovación de sus autoridades. Hubo lista única. Gladys, una de las fundadoras de la organización, estará acompañada por Marcela Carriqueo en la vicepresidencia. Mejorar las condiciones laborales y la comercialización, los principales desafíos.

La Asociación está integrada por 41 recicladoras y 17 recicladores. Además de representar la gran mayoría, desde su creación en 2003, la ARB siempre fue presidida por mujeres: primero Zulema Morales, luego Gladys Pichiñanco y, hasta este miércoles, Silvia Acum. A partir de la asamblea, que tuvo la particularidad de realizarse en forma virtual para respetar los protocolos sanitarios, Gladys retomará la conducción de la organización.

Mejorar las condiciones laborales, trabajar en la comercialización del material recuperado e intensificar todos los proyectos para fortalecer la cadena productiva, fueron los principales objetivos fijados por Pichiñanco al ser votada por sus compañeras y compañeros. Agradeció el compromiso de la comisión saliente y la voluntad de sus integrantes para seguir aportando; y valoró la presencia de jóvenes en la conducción: “Todos tienen que tener la experiencia”, entendió.

Durante la asamblea, se aprobaron los balances y se brindó un informe de todo lo actuado durante la presidencia de Silvia Acum. Luego, se presentó a la nueva comisión directiva que tiene a Marcela Carriqueo en la vicepresidencia, a Trinidad Sánchez como tesorera, a Roxana Treizes como secretaria, a Natalia Vegas, Jonathan Ancavil y Juan Miguel García como revisores de cuentas; y a Hugo Gerez, Amancay Huala y José García como vocales.

¿Quién es Gladys Pichiñanco?

La presidenta de los recicladores fue una madre adolescente que acudía al basural con su niña en busca de comida y ropa para subsistir. La conformación de la organización le permitió “valorarme como mujer trabajadora” y terminar con 10 años de violencia de género.

“Yo no podía enfrentar a mi pareja, no hablaba con nadie. Solo venía a buscar basura, siempre con la cabeza para abajo, sintiéndome un trapo de piso. Y hoy me veo parada frente a un intendente, con la responsabilidad que me dieron mis compañeros de pelear por el trabajo digno de 58 familias”. Con esas breves pero contundentes palabras, Gladys Pichiñanco resumió un largo y doloroso proceso de aprendizaje y resignificación de su rol de mujer en el mundo laboral y familiar.

 A los 15 años, cambió la vida de Gladys. Habiendo finalizado la primaria, embarazada dejó el hogar en el convivía con sus 7 hermanos y sus padres, para juntarse con un hombre 10 años mayor. Pero su historia no fue como esperaba: “Se crió en un contexto de violencia familiar y repitió la misma historia. Nos pegaba mucho...”, recordó.

La violencia no era solo física, también económica y psicológica: “Me decía que nunca iba a salir adelante, ni a conseguir trabajo siendo tan chica y con una hija. Decía que yo no sabía hacer nada, que dependía de él y que nos iba a matar si lo denunciaba”.

Ante la falta de recursos, Gladys comenzó a acudir en bicicleta al vertedero con su hija, que ya tenía 4 años. “La crié hasta los diez años con ropa y comida del basural, porque él trabajaba solo para tomar”, lamentó. Luego juntaba metales y los vendía los sábados, así logró sus primeros ingresos, con la recuperación de material reciclable.

Cuando la gran cantidad de familias que concurría al basural -en el contexto de la crisis económica del 2001- comenzó a organizarse y a buscar una solución conjunta mediante la conformación de la Asociación de Recicladores Bariloche, “empecé a participar de reuniones, a conversar con otras personas, con mujeres que habían pasado por lo mismo, y me di cuenta de muchas cosas. Fue mi renacer, un despertar”. Si bien la ruptura del círculo de violencia de 10 años fue traumática, la intervención y asesoramiento de la justicia lo hizo posible.

“La organización es una parte muy importante de nosotros. A mí me ayudó a salir de esa situación, a independizarme, defenderme. A valorarme como mujer, como trabajadora. Es un lugar donde uno puede contar con libertad y recibe apoyo. Es una contención social muy grande que nos damos y la prioridad siempre se la dimos a las mujeres”, rescató.

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