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OBRA DE RENÉ VARGAS OJEDA

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18/12/2020

Espléndido mural en merendero del barrio 29 de Septiembre

Espléndido mural en merendero del barrio 29 de Septiembre
Espléndido mural en merendero del barrio 29 de Septiembre

El muralista se propuso seguir con sus creaciones a pesar de la pandemia y logró considerable apoyo institucional. El trabajo realza la relación que debería primar entre la humanidad y la naturaleza.

René Vargas Ojeda lo hizo de nuevo. Ya puede apreciarse en el merendero “Manitos de amor” el conmovedor mural que ideó para realzar los vínculos que deberían existir entre la naturaleza y la humanidad. La figura central es una niña mapuche ataviada a la manera tradicional en interacción con un quintral y un chucao. La obra llama la atención por la vivacidad de sus colores y por el dinamismo que adquiere por su carácter de tríptico.

En esta oportunidad, el artista llevó su arte al barrio 29 de Septiembre, uno de los más sureños del ejido. “El proyecto empezó a mediados de la pandemia, cuando me propuse hacer algo para los barrios, pese a la pandemia. Era difícil porque venía de hacer murales, ir a los lugares y conectarme con la gente. Este año me encontré con que no podía armar talleres presenciales, vincularme ni hacer las cosas con el grado de libertad con que las venía haciendo”, reconstruyó. “Entonces se me ocurrió hacer una obra dentro de mi casa sobre una placa de fibrofácil y ya que estaba, con una técnica distinta”.

De esa búsqueda “surgió el collage, con productos reciclados, como revistas, porque también quise hacer algo que de alguna manera, le comunicara a la gente que se puede hacer arte con muy pocos recursos”, indicó Vargas Ojeda. “Si bien compré algunos materiales, la imagen final es de básicamente, revistas. En cuanto a la temática, tiene que ver con el vínculo con la naturaleza que tenemos que recuperar”, exhortó.

En efecto, “la figura central es una niña que está justamente, rodeada por todas las fuerzas de la naturaleza, como el quintral o el chucao”. El ave “está del lado derecho porque hay una leyenda que cuenta que cuando el chucao canta a tu derecha es señal de buen augurio y todo lo que venga, será positivo”, resaltó el muralista. Además, “la idea del tríptico, de hacerlo en tres partes, tiene que ver con la unidad. Son imágenes que parecen separadas pero están unidas por alguna especie de fuerza misteriosa”, describió.



René Vargas Ojeda

Para llevar a buen término su creación “fueron tres meses que pude dedicarle de lleno. Que el papel central lo tuviera la niñez fue una idea espontánea, porque para el merendero es central”, justificó. “Es un pilar en este barrio, que está en crecimiento. También vimos la posibilidad de que hubiera un intercambio porque en medio hubo mucha virtualidad: teléfonos, imágenes que nos íbamos mandando, ideas y sugerencias. Tratamos de construirlo entre todos pero esa fue la parte más difícil porque no soy muy amigo de la virtualidad”, admitió.

Gran apoyo

La obra todavía no tiene nombre pero contó con un respaldo considerable. “Tuve el apoyo de la Alianza Francesa, con quien venimos trabajando hace mucho tiempo en la creación de murales para los barrios. Por segunda vez, la Universidad de Río Negro (UNRN) me dio un apoyo para poder realizar una obra en su programa de acciones barriales, aportó todos los materiales, lo que me permitió darme algunos lujos (sonrisas). Y también tuve la suerte de que participara el Fondo Nacional de las Artes (FNA) porque con la pandemia, muchos de los trabajos que yo venía realizando se cortaron y con ellos, algunos de mis ingresos. Entonces, presenté el proyecto, les gustó y salió”, resaltó Vargas Ojeda.

Para el muralista “es importante entender que el arte, de alguna manera acompaña situaciones. Yo no sé si soluciono algo haciendo un mural, pero creo que ayuda a acompañar todo lo que se desarrolla en el lugar, el gran trabajo que hacen en el merendero”, destacó. “Cuando se me habló de Manitos de amor por primera vez fue a partir de otros murales que había hecho en la calle. Me comentaron y pregunté si había posibilidades. Salió del boca a boca de la gente, lo cual habla de lo importante que son estos espacios”, destacó.

A pesar de ciertos bemoles, su objetivo se logró. “La participación fue difícil porque fue la primera vez que hago un mural para gente que conocí personalmente cuando lo fui a colgar, antes fue todo teléfono. Pero cuando nos encontramos, fue como encontrarme con gente conocida. Fue raro, traté de propiciar la participación de los chicos y todo lo que me ayudara a avanzar con mi trabajo”. Camino tortuoso, pero efectivo y de bello final.