Publicidad
 

NAHUEL MICHALSKI HABLA DE LOS DAÑOS EN CARTELERÍA Y FACHADAS

|
10/12/2020

Vandalismo: "Para mí, es nefasto arruinar una casa"

Vandalismo: "Para mí, es nefasto arruinar una casa"
Vandalismo: "Para mí, es nefasto arruinar una casa"

En un sentido amplio, y recurriendo a la facilidad de la descripción que ofrece el diccionario, se puede definir a la filosofía como el “conjunto de saberes que busca establecer, de manera racional, los principios más generales que organizan y orientan el conocimiento de la realidad, así como el sentido del obrar humano”. Y no viene mal recurrir a este planteamiento para tratar de desentrañar lo que puede haber detrás de ciertas cuestiones relacionadas con actos vandálicos.

En tal sentido, el filósofo y divulgador Nahuel Michalski, que proviene de Buenos Aires, pero hace tres años que vive en Bariloche, indicó que el tema “tiene que ver con la vida urbana”.

“En ciudades pequeñas, donde existe una lógica de comunidad cerrada, prácticamente esta clase de cosas no se observa. Esto se ve en metrópolis, o ciudades como Bariloche, que están comenzando a adquirir las dimensiones de una urbe metropolitana, donde empieza a haber un eclecticismo social, una mezcla de distintos tipos de sectores, entre ellos algunos alineados a la autoridad pública y otros desalineados, que están en una disidencia que manifiestan con los escraches a carteles”, explicó.

Así, habló de un “problema filosófico/político de la normatividad”, y desarrolló su idea en tres ejes principales, que definió como “relaciones de tensión que, como tal, no están resueltas, entonces siempre hay conflicto”.

En primer término, citó algo que “fue tema de debate durante los últimos años: si el espacio público puede ser de expresión política, porque toda pintada o todo escrache, en el fondo, tiene una finalidad política”.

Luego se refirió a “la ética personal que se enfrenta, en tensión problemática, con la normatividad pública”.

“Por ejemplo, cuando se hacen pintadas o destrozos en edificios públicos después de manifestaciones. Siempre hay un sector de la sociedad que sale a poner el foco en la causa de la protesta, un reclamo político, mientras otro lo hace en la destrucción de monumentos públicos o fachadas. Ahí se da una discusión filosófica entre moral y normatividad, es decir ideas en torno al bien y el mal, e ideas en relación al deber cívico”, continuó.

En ese sentido, consideró que “son temas que, en el ámbito de la filosofía política, no están resueltos, sino que se encuentran abiertos: ¿Qué está por arriba? ¿El derecho a reclamar o el de censurar el reclamo?”.

Después mencionó un tercer eje, que toca cuestiones vinculadas a la antropología, y es aquel que refiere al simbolismo popular y la estética. En ese punto, expuso: “Se trata de decir a qué tipos de imágenes, alegorías o metáforas responden los destrozos en la vía pública”.

Para ejemplificar lo dicho, citó el caso de los pañuelos blancos, pintados en el Centro Cívico, sobre los cuales hace unos días se habían efectuado intervenciones contrarias a dichos símbolos.

“Ahí, los tres temas de los que hablé convergen”, expresó.

“Por un lado, está lo de hacer del espacio público uno político. Hay posturas conservadoras que dicen que eso no tiene que pasar, y otras, progresistas, que consideran que sí”, aseguró.

Y ahondó: “Según una actitud conservadora, el espacio público nunca es de expresión política, ya que, para eso, hay parlamentos o asambleas; mientras que una posición progresista va a indicar que el espacio público es necesariamente de expresión política, con lo cual las pintadas en el Centro Cívico estarían legitimadas, aunque sean ilegales. En el campo de la filosofía política, legitimidad y legalidad no son lo mismo. Algo puede ser ilegal y aún así ser legítimo, y viceversa”.

Después, apuntó: “En cuanto al tema de la discusión entre moralidad y normatividad, un sector de la sociedad va a decir que está bien, que es legítimo poner los pañuelos blancos en el piso, y otro va a afirmar que está mal, porque no corresponde hacer ese tipo de cosas en el espacio público”.

Michalski siguió: “Y el tercer eje, del simbolismo y la metáfora, se plasma con los pañuelos blancos por un lado, y con los escraches sobre ellos por otro”.

Cuando se le consultó sobre qué análisis se podría hacer ante una raya sobre un cartel de tránsito, por ejemplo, lo que sería un daño a la señal vial, pero sin un significado explícito al no contener una expresión concreta, opinó: “Se puede analizar en dos direcciones: la más simple, es la vandálica, con la cual yo mucho no comulgo, porque me parece que es como quedarse en la superficie del fenómeno. Lo que hay que trabajar es el imaginario popular, es decir lo que se maneja en el inconsciente de estas personas que van en contra de los carteles, porque en el fondo siempre hay otra intención, de mostrar una disidencia, un desacuerdo, una falta de alineamiento con la normatividad social”.

“Así que yo trataría de bucear en dimensiones más profundas, como la psiquis social, el comportamiento colectivo, por qué la gente se relaciona de esa manera con los carteles, con la rotura. Psicoanalíticamente hablando, es como si hubiera una cuestión sintomática con las órdenes que salen de los signos del letrero, algo de niño enojado”, reflexionó.

Además, sumó un nuevo punto: “Cuando se habla de destrozos en carteles, o fachadas públicas, un típico argumento en las quejas al respecto, sobre todo de la clase media trabajadora, es que eso está pagado con impuestos, por lo que la gente siente que tiene una relación de propiedad, entonces, en general, las personas se sienten indignadas, ya que proyectan su relación de propiedad privada sobre lo público, y ese es un error de análisis, porque el espacio público lo es aunque se pague con impuestos que salen de los bolsillos de los individuos. Lo público, aunque esté financiado con impuestos privados, sigue siendo público”.

A su vez, el mismo análisis podría hacer la otra parte, quien realiza el daño: “Lo hago porque es mío”. Cuando se le señaló ese punto, el filósofo razonó: “Claro, se trata de una lógica falaz”.

Al ser consultado por los hechos de vandalismo sobre lugares particulares, observó: “La propiedad privada es el esqueleto fundacional de nuestra civilización, con lo cual aparece una cuarta dimensión de análisis: una casa es una propiedad privada, pero, a la vez, está en una vereda, que es espacio público”.

En tal sentido, continuó con su parecer, aclarando que lo que decía iba más allá de lo filosófico: “Para mí, es nefasto arruinar una casa. Una cosa es ir en contra del Estado, de ciertas cuestiones públicas, que reflejan otros problemas democráticos y normativos, lo que me parece más legítimo. Pero arruinar la propiedad privada de alguien que no tiene nada que ver, y se deslomó laburando para tenerla, desde todo punto de vista, es indisculpable”.

“La persona que arruina la fachada de la casa de un laburante no ve que ese trabajador no tiene ninguna injerencia con las causas que se reclaman, por ejemplo, en una manifestación”, finalizó.

Christian Masello