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RECUERDOS DEL EMBAJADOR LABOUGLE

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04/12/2020

Cenar con Hitler mientras ardían libros

Cenar con Hitler mientras ardían libros
Cenar con Hitler mientras ardían libros

Fue el diplomático argentino en Alemania que presenció el ascenso del líder nazi al poder y permaneció en Berlín hasta los primeros tramos de la Segunda Guerra Mundial. Fresco de primera mano.

El 10 de mayo de 1933, mientras el embajador argentino en Alemania participaba de una selecta cena cerca de Berlín, un grupo de nazis quemó una gran cantidad de libros de autores judíos en la Unter den Linden, emblemática avenida de la capital alemana. Para Eduardo Labougle Carranza fue muy significativo y premonitorio que Adolfo Hitler, uno de los comensales, apenas respondiera con un gesto de desinterés cuando supo del suceso. El episodio tuvo lugar frente a la Biblioteca Nacional. Notable contraste.
El detalle puede encontrarse en “El equilibrista. Eduardo Labougle, embajador argentino en la Alemania nazi”, artículo que el especialista Julio Mutti publicó en “Legado. La revista del Archivo General de la Nación”, edición octubre de 2017. El autor también puso su firma a la biografía del diplomático, que se titula “En el ojo del huracán” (Olmo Ediciones). El argentino permaneció en la Embajada de Argentina hasta los primeros tramos de la Segunda Guerra Mundial.
Sus contactos en la capital alemana eran muy influyentes. “Esa noche, un grupo selecto de personalidades cenó en casa del doctor Otto Wagener en la hermosa localidad del Grunewald, al oeste de Berlín. Además del doctor Labougle, Hitler en persona estaba presente, al igual que el príncipe August Wilhelm de Prusia, de la casa de los Hohenzollern”, reconstruyó Mutti. “Y fue esa misma infame noche en que una turba embravecida quemó una enorme cantidad de libros de autores judíos en la Unter den Linden, justo frente a la Biblioteca Nacional”.
Las impresiones que registró Labougle fueron indelebles. “Al ser anoticiado por su ayudante Brückner, recordó el embajador argentino, Hitler apenas respondió con un gesto adusto y desinteresado; algo que quedó marcado para siempre en su memoria”, estimó el historiador. “Fue aquella sombría noche que la crónica mundial ha registrado como un bochorno, en que fueron devoradas en la hoguera tantas obras de pensadores ilustres”, escribió el embajador.

Ninguna simpatía

Por las dudas, su biógrafo estableció que ante “el hecho de que Labougle estuviera excelentemente conectado a los círculos nazis más elevados, no significaba que el diplomático comulgara en alguna medida con los métodos y las ideas de aquel régimen nefasto. Debemos ser claros sobre este asunto en particular. Se trataba de un hombre imbuido en su deber de representar oficialmente a una nación soberana que mantenía relaciones comerciales y diplomáticas muy activas con Alemania y que, por cierto, eran objeto de una alta consideración por parte de los germanos aun antes de la llegada de Hitler a la cancillería”.
En los hechos, “casi desde los inicios de 1933, los informes enviados por Labougle desde Berlín comenzaron a evidenciar un cierto descontento. Muchas de las políticas que los nazis, ya más afianzados en el poder, comenzaban a aplicar eran abiertamente desaprobadas por el embajador. Especialmente estaba preocupado por el salvaje boicot que el gobierno había aplicado contra los comerciantes judíos”, relata la reconstrucción de Mutti.
Por ejemplo, “el 29 de marzo de ese mismo año, el doctor Labougle envió un importante memorando al ministro de Relaciones Exteriores en Buenos Aires, Carlos Saavedra Lamas. En este, se mostraba claramente alarmado por el inminente boicot contra los judíos, un reprochable acto que se llevaría a cabo en Alemania durante el sábado 1 de abril. Un comité central en Múnich, a cargo de Julius Streicher, había impartido un llamamiento de once puntos a todos los afiliados al partido”.
En efecto, “se instaba a un completo boicot contra todos los negocios israelitas, así como también en detrimento de médicos y abogados de religión judía. Los nazis pretendían defenderse de un llamado ‘complot internacional’, supuestamente orquestado por el judaísmo con el objeto de difamar a la nueva Alemania nacionalsocialista”, señala el texto del historiador. “La lectura de los once puntos que comprende el mismo resulta más elocuente que el más vivo comentario”, opinó Labougle. Durante su gestión debería afrontar algunos momentos complejos, como veremos en otras ediciones de El Cordillerano.

Adrián Moyano