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A TRES AÑOS DE LA MUERTE DE RAFAEL NAHUEL, EL RECUERDO DE SU TÍA GRACIELA

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26/11/2020

“Me cuesta acostumbrarme a que ya no volverá a casa”

“Me cuesta acostumbrarme a que ya no volverá a casa”
“Me cuesta acostumbrarme a que ya no volverá a casa”

“Como tía, pido justicia”, dijo Graciela Nahuel, acerca de su sobrino, Rafael, a tres años de su muerte, ocurrida el 25 de noviembre de 2017, en Villa Mascardi, durante un operativo de la Agrupación Albatros, unidad de operaciones especiales bajo el mando de Prefectura Naval, en el marco del intento de desalojo de la ocupación llevada adelante por la comunidad Lafken Winkul Mapu.

Durante un corte de ruta intermitente realizado en la zona de la rotonda de Diarco, en reclamo para que el caso se resuelva, Graciela calificó a “Rafita” como “una excelente persona, que no tuvo maldad con nadie”.

Más allá de la congoja que la jornada imponía, por el peso del suceso que se recordaba, la mujer tuvo la deferencia de dialogar con El Cordillerano:

El Cordillerano: – ¿Qué le viene a la cabeza en esta fecha?

Graciela Nahuel: – Para nosotros, como familia, es muy triste, porque, una jornada como hoy, pasó lo que pasó con Rafita. Ya hace tres años que no lo tenemos… Cada día que pasa es uno más de ausencia… con todo lo que eso es para los papás, Graciela y Alejandro, como también para sus hermanos… Para mí, es muy doloroso… Poco antes había estado con él, y hablamos. Me dijo: “Tía, me voy un sábado y vuelvo…”, porque faltaban dos días para el cumpleaños de su mamá… y regresó adentro de un cajón…

C.: – ¿Le dijo a qué iba?

G.N.: – Rafita me dijo que iba a ver a mi hermana mayor, María. Lo único que recibimos de allá es que lo trajeran metido en un cajón nomás.

C.: – ¿María estaba en ese momento en Mascardi?

G.N.: – Sí, ella estaba allá, con los chicos… Igual, como dije siempre, la justicia no ha hecho nada, porque Francisco Javier Pintos (prefecto señalado en un principio como autor del disparo) sigue suelto. Está siendo una burla para la familia… Los jueces que han estado nunca se movieron.

C.: – ¿Considera que Pintos es culpable?

G.N.: – Sí. Él fue el que lo mató, quien sacó a Rafa de esta vida.

C.: – Cuándo se habla de que hubo un enfrentamiento, ¿usted piensa que es cierto?

G.N.: – Creo que eso es mentira.

C.: – Las pericias nuevas de balística que se realizarán en Salta, ¿le dan algo de esperanza?

G.N.: – Me parece que lo único que no debemos perder, como familia, es la esperanza. Que se haga justicia por Rafita. Todo esto que estamos viviendo duele. Como tía, siempre dije que quien lo hizo debe pagar.

C.: – Ahora que se habla de un nuevo desalojo, ¿teme que vuelva a suceder algo así?

G.N.: – Yo, con la comunidad mapuche, no estoy. Si me encuentro aquí, ahora, es para recordar a mi sobrino, como dije en cada marcha a la que fui. Llevo sangre mapuche, no lo voy a negar nunca. Mi apellido también lo es, pero nunca me gustó andar peleando por un pedazo de terreno.

C.: – Al no compartir esa postura de toma de tierras, ¿le parece bien que Rafael haya ido a Mascardi?

G.N.: – Rafa no era mapuche. Era un chico inquieto, que iba y volvía, como cualquier pibe. Pero no tenía nada que ver...

C.: – Entonces, no iba por la toma…

G.N.: – No. Rafa siempre tenía esas ganas de estar con las tías, con los tíos, porque iba y volvía. Esa era su locura, siempre.

C.: – ¿Y María?

G.N.: – Ella, sí. Es la única que sigue la línea de mapuche. De los demás, nadie.

C.: – ¿Qué opina de que Rafael, para muchos, se haya transformado en un emblema, una especie de mártir? 

G.N.: – Rafita dejó muchas cosas… Siempre anduvo por todos lados, era un pibe que compartía, nunca anduvo en cosas malas. Es más, estuvo en San José (Obrero), donde hizo un montón de talleres. Como tía, jamás lo vi en nada raro.

C.: – ¿Cómo describiría la relación que tenía con él?

G.N.: – Vivíamos en diferentes barrios, pero siempre nos acompañábamos. Teníamos un mundo para compartir. Rafa era todo para mí. Era mi consentido… Hasta el día de hoy, me cuesta acostumbrarme a que ya no volverá a casa. Como familia, para nosotros, es otra vida… no es la misma que teníamos antes.

Christian Masello / Fotos: Fabio Hernández