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18/10/2020

Pese a sus problemas de salud, Ernesto sigue siendo el pochoclero de la Onelli

Pese a sus problemas de salud, Ernesto sigue siendo el pochoclero de la Onelli
Pese a sus problemas de salud, Ernesto sigue siendo el pochoclero de la Onelli

Al pasar por la esquina de Gallardo y Onelli quizás a los adultos no les llame la atención un carrito que está sobre una de las veredas, pero si van con niños seguramente los obliguen a detenerse.

Manzanas caramelizadas, algodón de azúcar, garrapiñadas y los pochoclos más ricos de Bariloche son elaborados muy tempranito por Ernesto Williams y ofrecidos a la venta por él mismo después de cada mediodía.

Nació en Trelew en el año 1945, “soy un pibe todavía” comenzó diciendo. Se vino a Bariloche en el 60, estuvo un tiempo y se fue, regresó ya en el 78 para radicarse.

De oficio electricista siempre a la par, se acompañaba del carro para ofrecer su mercadería afuera de alguna escuela. “En la época de Alfonsín me empecé a dedicar más a los pochoclos que a los arreglos”.

Acercándose al carrito se puede leer el cartel: “colabore con el discapacitado”. Al respecto dijo “en Bariloche agarré dos enfermedades, asma crónica y artrosis”. Sabiendo que está durante todo el año en esa esquina al aire libre no es muy difícil imaginar cómo le afecta al cuerpo el clima de nuestra ciudad.

Ernesto está casado hace muchos años. “La conocí dando una vuelta por Santa Cruz, porque yo recorro mucho con mi carrito, él me da comer, me paga los pasajes y me dio lo suficiente para criar a mi hijo”, dijo muy emocionado. Pese a que le ha dado todo lo que tiene, aún no le ha puesto un nombre, aunque El Cordillerano insistió para que lo haga.


Orgulloso de ser pochoclero.

Vive en la calle Colihues al 1500 y desde allí todos los días lleva, con tracción a sangre, su puestito ambulante. “Por suerte no tengo ninguna subida en mi recorrido así que por ahora, los brazos me siguen aguantando” dijo.

Sale de su hogar aproximadamente a las dos de la tarde y se instala siempre en el mismo lugar “tranquilito en media hora llego y me quedo hasta las ocho de la noche más o menos”. Tiene clientes desde hace muchos años, “hasta tengo una página en Facebook donde figuro como Pochoclos Willi” comentó orgulloso de ese logro.

Por ese medio le pueden realizar encargos de manzanas, pochoclos o algodón de azúcar para fiestas y cumpleaños. Para el Día de la Niñez o Reyes son muchísimos los pedidos que recibe.

Antes de apostarse en la dirección actual ha estado mucho tiempo afuera de algunas escuelas “estuve en la de Las Quintas, Levalle, la de techo amarillo, la de techo verde, la italiana, Don Bosco, la 16 y el colegio alemán”.

No contaba con la autorización correspondiente, “venían los inspectores y me decían que me tenía que ir, pero yo siempre volvía, ahora tengo el permiso de la Municipalidad y eso lo agradezco muchísimo”.

Desde muy chico aprendió a elaborar lo que vende “los viejos de antes sabían hacer de todo y fui aprendiendo porque tuve la iniciativa de aprender, eso ya no se ve tanto, incluso se ha perdido la educación y el respeto” aclaró.

Al hablar de un futuro lejano sobre quién podría heredar su querido carrito dijo “el día que yo no esté se hará cargo mi hijo, más vale que aprendió a hacer todo esto hace mucho tiempo”.

Su rutina diaria es siempre similar “a las seis de la mañana me levanto y tomo unos mates con mi señora, luego voy a mi lugarcito de trabajo donde tengo todo con cerámicos y en regla para que sea lo más higiénico posible”. Agregó “también ahí tengo un fogoncito, si aparece alguien con carne, obligado a hacer un asado”.

Cualquiera de esos productos tiene un valor de $100, “me cuesta mantener estos precios porque los insumos cada día son más caros”. Detalló, “las manzanas las hago con dulce de frambuesa o cereza y soy el único tonto de Bariloche que sigue haciendo los pochoclos con miel”.

Un hermoso ejemplo de esfuerzo y constancia, digno de imitar.

Susana Alegría / Fotos: Facundo Pardo