Columnistas
04/10/2020

EMOCIONES ENCONTRADAS: Recordando un abrazo

EMOCIONES ENCONTRADAS: Recordando un abrazo

Estoy del lado de los que escriben versos y les ponen música (no fabrica de canciones)
De los que escriben sus obras entrelazando las palabras en papel
De los que cantan con el alma enredada en su voz
Me gusta mas que tener con que cantar, tener de que cantar...

Estoy del lado de los que escriben versos y les ponen música (no fabrica de canciones)
De los que escriben sus obras ... (+ Info)

La vida nos regala momentos que quedan grabados en la piel y en el alma para siempre. Momentos personales, familiares y comunitarios. De estos últimos, quedan fotos, placas, por ahí alguna estatua que los recuerdan; pero más allá de ello, están en algún lugar de nuestro ser. Cada tanto aparecen y los revivimos. Y son esas cosas de la iniciativa comunitaria, que no se sabe bien como empezó, ni quien encendió la llama, quien hechó a andar la idea, pero se va esparciendo como un humito que se mete por todas las hendijas y se nos pega, que uno cuando pasa por ahí lo deja impregnado.

Mi vida de músico me ha llevado por muchos lugares, desde un humilde galpón de esquila en una estancia hasta el escenario rutilante de un festival folklórico; aulas de escuela, gimnasios, capillas, a veces cantando o haciendo cantar. Pero lo vivido aquel octubre del 95 quedó para siempre en la cumbre de las emociones de esta vida. Haber cantado Dulce Limay, acompañado de mi guitarra, junto a otros músicos presentes y sentir las voces repicando entre el agua y las piedras fue sublime. Era un rezo laico, un abrazo de almas a ese río que entre la voz de la corriente nos daba su abrazo. Justamente, en estos tiempos de ausencia de abrazos, me pareció lindo recordar desde esta página algo que escribí hace unos años en relación a aquel “Abrazo al Limay”.

UN ABRAZO DE ESPERANZA

Aquí estamos tus paisanos, para defenderte, Limay

Allá arriba, al borde de la barranca, un gaucho de a caballo mostraba el cartel y abajo, en la ribera, niños y adultos, mujeres y hombres, paisanos de civil o de uniforme abrazaban al río.

Pasaron años y el peligro sigue latente.

La inmensa lágrima que resbala y se escapa de la boca del lago, va por el cauce de piedra. Sólo el río habla. Hay un inmenso silencio solemne, es un grito que por la vida clama.

Aquí estamos hoy tus paisanos para defenderte Limay. Y allá, en las sombras están quienes decretan tu muerte, tan lejos de tu gloria, encerrados en cuatro paredes sin siquiera haber sentido tu voz cristalina, sin siquiera haber bautizado el alma, rozando su piel con tus aguas.

Es tan desigual la batalla. Aquí, la emoción en las gargantas, corazones que palpitan por el futuro y la esperanza. Allá, el delirio, la represa, la falta de inteligencia, la alternativa de destruir. Aquí hay un alto valor, allá un alto precio. Aquí, por sobre todo, lo vivo. Allá, la fácil conveniencia de lo muerto.

De eso se trata, de destruir en horas lo que la vida construyó por siglos.

Es naturaleza contra moneda. Es justificar la conveniencia de unos pocos, hipotecando el futuro de todos. Sostener un proyecto de vida, cuya únicas variables son la suntuosidad y el consumismo de lo cotidiano, financiados con demenciales ocurrencias cuyo único beneficio es el cobro de prebendas.

“Canta mi dulce río, canta dulce Limay...” Y como ese río, enancadas en una zamba, se elevan las voces claras como tus aguas, ariscas como tu cauce, que son suaves remansos y también pueden rugir, como el río lo hace en las piedras.

“Llora la cordillera blanca como una novia...” Allá viene desde la boca del lago, el viento anda en la alameda y un Cóndor celoso, vigila en lo alto y aquí, de pié en la ribera, estamos parados tus paisanos para defenderte Limay.

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