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EN LA BÚSQUEDA DE ALTERNATIVAS

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18/08/2020

Ante la falta de actividad, los guías turísticos se reinventan

Máximo Daulte, en El Cordillerano.  (Foto: Fabio Hernández)
Máximo Daulte, en El Cordillerano. (Foto: Fabio Hernández)

En la actualidad, ser guía de turismo en Bariloche es como dedicarse a la venta de ropa en una playa nudista. Sin visitantes, su profesión quedó fuera de lugar. Sin embargo, en vez de masticar la furia en sus casas, un grupo de ellos trató de encontrar una salida, hacer un hueco en el muro para que ingresara algo de luz.

Los especialistas comenzaron a recordar otras actividades en las que eran hábiles y pudieran desarrollar en estos tiempos. Así, comenzaron a surgir profesiones muy diversas: hay soldadores, carpinteros, jardineros, reposteros, abogados, artesanos, profesores de diversas materias, fabricantes de champús y acondicionadores, manicuras, tejedores, herreros, traductores, fleteros, médicos, cocineros, electricistas… A todos se los puede contactar a través del Facebook, donde se los ubica como Colegio Solidario Bariloche, nombre que deriva del Colegio de Profesionales en Turismo de Río Negro, la agrupación bajo la que se cobijan los trabajadores del sector. A ella recurrieron algunos de los guías cuando percibieron que la cuarentena hacía estragos entre sus compañeros.

Hubo algunos que comenzaron a realizar llamados, para consultar cómo se encontraban los colegas, pero nadie tenía un listado con los teléfonos de la totalidad de los dedicados a la misma tarea.

Consultaron, entonces, en el Colegio de Profesionales en Turismo, con sede en la ciudad, donde la idea de iniciar un vínculo más cercano, entre aquellos que realizan ese tipo de labores, fue muy bien recibida.

Así, facilitaron los datos que necesitaban y comenzó el ida y vuelta telefónico, donde todos coincidieron en que los ahorros, a los que habían acudido tras el cese obligado, se esfumaban con rapidez.

“¿Qué hacemos?”, se preguntaron. A alguien se le prendió la lamparita y propuso que transmitieran, entre ellos, las habilidades que cada uno tenía, para difundirlas y ver si podían encontrar ocupaciones temporarias, es decir un modo de subsistir.

Al conocerse la lista de matriculados en la institución citada, los involucrados supieron que eran doscientos sesenta y dos. De ellos, el noventa y cinco por ciento, monotributista; el resto, en relación de dependencia.

Alrededor de ciento setenta, con personas a su cargo, lo que complica más el día a día.

Al llevar una comunicación fluida, comenzaron a surgir verdades que, a veces, cuesta soltar. Por ejemplo, que existían heladeras que eran un monumento al vacío.
El denominado Colegio Solidario inició una colecta de alimentos.

Uno de los guías, Máximo Daulte, señaló: “Al principio, cuando iniciamos el proyecto de reunir comida, era más la gente dispuesta a dar que a recibir”. Pero, ante la continuidad de la pandemia, “luego fue a la inversa”.

Daulte destacó que, en ese punto, cuando la problemática, en algunos casos puntuales, ya desbordaba el grado de contención que podrían propiciar en el círculo de los guías, acudieron una vez más al Colegio de Profesionales en Turismo, que intervino para que actuaran diferentes sectores especializados en áreas de ayuda, y comenzaron a llegar módulos para los casos más complejos. Así, Máximo remarcó la labor desarrollada por José “Cachito” Lepio, de Red Solidaria.

En estos días, los trabajadores se encuentran en plena difusión de las faenas alternativas a las que han recurrido para que los bolsillos dejen de hacer eco ante el vacío.

“Mi reinvención viene por el lado de las cortinas. Siempre fui una persona hábil en el trabajo con las manos; me dedico a la instalación y mantenimiento de las roller, y también de interior en general”, expresó Daulte, que nació en 1968 en Bariloche. A los ocho años, partió hacia las sierras de Córdoba, ya que su padre, un suizo que reparaba cámaras fotográficas, quería pasar sus últimos años en un sitio más cálido.

Pero Máximo siempre mantuvo parte de su corazón en esta ciudad. Añoraba el lago, y, al culminar el colegio secundario, regresó.

Aquí, de la mano de su hermano mayor, que había permanecido en la localidad y trabajaba en el sector del turismo, ingresó en una agencia, como cadete. Fue el inicio de un camino que lo llevó a formarse como profesional.

“El guía tiene el rol de ser quien recibe al visitante, tanto nacional como extranjero. Es la cara de la ciudad. Nuestra tarea es dar una información veraz, clara, objetiva, despertar interés en el turista, asegurar que se cumplan los objetivos de su viaje. Somos un engranaje muy importante dentro de lo que es la actividad”, indicó.

En treinta y tres años de labor, pasó por diferentes etapas: acompañó a viajeros adolescentes, pero también a jubilados; a grupos numerosos, del mismo modo que a pequeños.
Desde hace unos años, se especializó en el turismo francófono. “Tratar con gente de otros países, interactuar con otras culturas, es alucinante”, manifestó Máximo, quien calificó su profesión como “una filosofía de vida”.


El futuro

Daulte apuntó que, hasta hace poco, la visión era de una reapertura de la actividad turística en septiembre, pero que, en estos momentos, el enfoque se trasladó a diciembre. Curiosamente, para ese mes existe una actividad prevista desde antes de la llegada del COVID-19: un eclipse total de sol.

Será el 14 de diciembre, y se observará desde una amplia superficie de Sudamérica, que abarca a Perú, Bolivia, Chile, Uruguay, Paraguay y Argentina.

Este tipo de fenómenos ocurren cuando la luna se ubica delante del sol, lo que impide que sea posible ver la totalidad de dicho astro. Se aguarda que la zona de máximo eclipse sea en la Patagonia argentina, donde se hará de noche en pleno día.

“Se estima que la provincia de Río Negro recibiría cuatrocientas mil personas… y esos servicios, hasta el momento, no se dieron de baja”, resaltó Máximo.

 

Christian Masello