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SALVAOREJAS, UN INVENTO PROPICIADO POR EL COVID

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20/07/2020

La búsqueda de comodidad en protección contra la pandemia

La búsqueda de comodidad en protección contra la pandemia
La búsqueda de comodidad en protección contra la pandemia

En tiempos de uso continuo de barbijos, los elásticos que los sostienen suelen lacerar las orejas. En algún lugar del mundo, a alguien se le ocurrió diseñar unas bandas plásticas pequeñas, a modo de extensores, que sirven para sujetarlos detrás de la cabeza, lo que evita aquellas lesiones.

Y si se dice “algún lugar del mundo”, y no un sitio definido, es a causa de que nadie sabe a ciencia cierta dónde se idearon.

Es más, como suele suceder con esos inventos que luego pasaron a ser de uso habitual, su creación ya entró en el ámbito de la leyenda, e incluso se comentan dos versiones acerca de su nacimiento.

Por un lado, se habla de que, ante la llegada del coronavirus, una mujer que trabajaba en el servicio médico estadounidense, tras cada jornada de labor, retornaba extenuada a su hogar y se quejaba por las molestias en la zona posterior de las orejas, donde incluso comenzó a tener lastimaduras.

Su hijo, miembro de los Boy Scouts of America, ante esa visión diaria, diseñó el protector de orejas.

La segunda versión refiere a un negocio familiar, en España, que lo habría elaborado cuando el COVID-19 se empezó a propagar.

Pronto, en toda Europa, el utensilio se vio por todos lados, especialmente en nosocomios, donde los trabajadores del sector de la salud lo transformaron en un compañero perfecto durante el cumplimiento de sus tareas. Lo mismo sucedió en los Estados Unidos.

Pero, en la Argentina, son pocas las ciudades que se hicieron eco de esa moda útil y Bariloche, desde hace diez días, se sumó a la idea.

Yanina Francavilla y Sebastián Talauer son pareja. Ella es marplatense, pero fue en Buenos Aires donde lo conoció. Compartían militancia política, y el Facebook los unió.

Él, oriundo de Bariloche, viajó a verla. Las marchas se sucedieron, del sur a la capital nacional y a la inversa. Finalmente, hace dos años, decidieron que esta localidad sería el sitio donde se instalarían.

Pero la realidad barilochense no se las hizo fácil. La actividad principal de ambos, durante mucho tiempo, fue repartir currículos.

Yanina es instrumentista quirúrgica, y se está por recibir de extraccionista. Tuvo muchos inconvenientes para rematricularse en Río Negro. “El trámite me llevó más de un año, y llegó justo cuando comenzó la pandemia”, señaló. Por tal motivo, todavía no se pudo desempeñar en el área en la ciudad.

Sobre fines del año pasado trabajaba en una chocolatería, pero un problema de salud la obligó a operarse, lo que se tradujo en el cese laboral. “Me dieron por finalizado el contrato cuando la temporada recién empezaba…”, manifestó.

Sebastián, en tanto, es técnico en Turismo. “Estoy desempleado desde noviembre”, indicó.

Su intención era aprovechar la temporada invernal, momento ideal para su especialización, pero… llegó la pandemia. Más allá de estar vinculado al rubro, Sebastián opinó: “Poner todo en el turismo es parte de un sistema equivocado, tal como quedó demostrado”.

Con el inicio de la cuarentena, la pareja inició una cuesta abajo.

Amigos que se desempeñan en la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) les recomendaron que probaran suerte con máquinas de impresión 3D, pero no tenían dinero para la inversión. Ahí apareció la familia. “Todos nos dieron una mano, y así empezamos”, contó Sebastián.

En mayo comenzaron el aprendizaje para poder diseñar. “Tuvimos que instruirnos en el uso de software, las características de los plásticos”, contó.

Desde hace pocos días, iniciaron la producción. Y, si bien en un principio, el deseo era -y todavía es- realizar todo tipo de cosas, el presente los hizo pensar en opciones relacionadas al cuidado contra el COVID-19.

“Cuando iniciamos el proyecto, vi que se habían inventado los salvaorejas, y dije: esto es lo que la gente necesita en este momento”, expresó Yanina.

“El mejor recurso de este país es el humano, entonces: ¿qué mejor que tener un emprendimiento y brindarle a la gente una ayuda para que puedan transitar de mejor manera lo que sucede?”, agregó.

Yanina se acordó de su experiencia en el sector de la sanidad, donde se desempeñó durante varios años en su Mar del Plata natal, y, más allá de que la invención está destinada a todos aquellos que utilizan tapabocas, pensó especialmente en el rubro médico: “El barbijo lo usás todo el tiempo, sobre todo cuando ingresás en el quirófano… A veces lo tenés puesto durante horas, y se generan pequeñas úlceras, escaras”, explicó.

Así, más allá de que también han fabricado otras cosas, estos primeros días mayormente se dedicaron a la creación de los salvaorejas, que incluso pueden ser personalizados, con alguna inscripción. En ese sentido, recordó uno que le encargaron: “Taxista trabajando”.

Más allá de que el objetivo, obviamente, es obtener ganancias, piensan en cómo brindar ayuda. En ese punto, garantizaron que les gustaría que se contactara gente del municipio, ya que, si les brindaran el material necesario, ellos pondrían “el recurso humano para hacer los diseños, imprimirlos y dárselos al Hospital Zonal”.

En lo referido específicamente a la protección contra el COVID-19, Yanina y Sebastián están manufacturando, además, máscaras plásticas que se pueden limpiar con alcohol, con un cubículo donde colocar círculos de friselina como protección. También vinchas para poner el protector de acetato para el rostro, y una especie de gancho/dedo que sirve para no tener que colocar las manos en determinadas acciones, como pulsar los botones de ascensor o abrir picaportes.

Asimismo, incursionaron en un suctor odontológico. “Cuando vas al dentista, te ponen un cañito para absorber la saliva, pero, como tenés la boca abierta, se esparcen micropartículas, entonces se pone el suctor en el abrebocas, que, conectado a una manguerita, aspira todo”.

Aunque apenas llevan unas jornadas de labor, tras el largo período de desempleo, ya sueñan con desarrollarse: “Nuestra perspectiva es conseguir otras máquinas complementarias, para producir a gran escala”, afirmó Sebastián. Aquellos que deseen contactarse, pueden llamar al 0294 462-2177.

Christian Masello / Fotos: Fabio Hernández

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