Columnistas
29/06/2020

¿Y si ponemos un límite?

¿Y si ponemos un límite?

Nacido en el barrio porteño de Floresta y de ascendencia griega, Bernardo Stamateas tiene habilidad para el ajedrez, el clarinete y el saxofón. Estudió Licenciatura en Psicología en la Universidad Kennedy...

Nacido en el barrio porteño de Floresta y de ascendencia griega, Bernardo Stamateas tiene habilidad para el ajedrez, el ... (+ Info)

La ausencia de límites personales es un tema que no debería ser pasado por alto. Cuando no somos capaces de fijarlos, nos volvemos vulnerables a situaciones de maltrato o abuso, tan comunes por estos días. ¿Por qué son importantes los límites? Porque vienen a ser una especie de “frontera invisible” que nos preserva y nos mantiene seguros.

Otra característica de los límites que los hacen tan importantes en nuestra vida es que nos ayudan a independizarnos, a no sentir que necesitamos del otro permanentemente, y establecen la diferencia entre uno mismo y los demás. Sin duda, los límites son una señal de buena salud a nivel emocional. Las personas con una estima sana los fijan desde la infancia.

Existen diversas clases de límites que todos deberíamos aprender a establecer: límites físicos, límites emocionales, límite de jerarquías y límites externos que vienen desde afuera. Pero lo cierto es que, para lograr ponerle límites a alguien, primero debemos ponérnoslos a nosotros mismos.

¿Cómo te llevás con tus propios límites? ¿Tenés dificultades para decirte que no?

Vivimos en una sociedad, sobre todo en tiempos de crisis como la que estamos atravesando, donde cada vez hay más personas que se entrometen en vidas ajenas y creen tener derecho a avanzar sobre los otros. Esto sucede porque, como no poseen límites propios, no pueden respetar los límites de los demás.

¿Cómo comenzar a fijar límites si no estoy acostumbrado a hacerlo? El primer paso es tener claro qué cosas vamos a aceptar y qué cosas no vamos a permitir en nuestras relaciones.

Muchos adultos son incapaces de decirles un “no”, ya sea a conocidos o desconocidos. Esto, por lo general, se debe a que han reprimido en su interior emociones como la ira y el temor a ser rechazados o castigados. Y muchos otros se sienten molestos, y así lo manifiestan, cuando les dicen que no. La razón es que eligen creer que los demás son omnipotentes: que todo lo pueden.

Pero nadie lo puede todo. Todos tenemos fortalezas y debilidades y, a veces, estas últimas aparecen con fuerza en épocas de dificultades que nos sacuden. Por eso, los límites por medio de un simple “no” (“no quiero”, “no puedo”, “no tengo ganas”, etc.) no solamente van dirigidos a quienes nos rodean sino, sobre todo, a nosotros mismos.

Para concluir, para amarnos de manera equilibrada y cuidarnos emocionalmente, tenemos que lograr decir que no con amabilidad. Porque cuando lo expresamos con enojo o violencia, no fijamos un límite, sino que desafiamos a los demás a entrar en una discusión. ¡A nadie le gusta que lo maltraten!

Hoy más que nunca, parémonos en el lugar de la potencia, que nos permite conocernos y saber qué podemos y qué no, para no caer en omnipotencia o impotencia, y digamos que no cuando sea necesario. En especial, a lo malo para ser capaces de decirle que sí a lo bueno y lograr crecer.

Por consultas, podés escribir a [email protected].

Dejar un comentario
Ranking de noticias
Más Leidas
Seguinos en Instagram
Seguinos en Facebook