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LA NATURALEZA Y SUS EFECTOS

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10/05/2020

La abstinencia de los amantes de la montaña en tiempos de cuarentena

La abstinencia de los amantes de la montaña en tiempos de cuarentena
La abstinencia de los amantes de la montaña en tiempos de cuarentena

Verónica Landaboure es profesora de Educación Física y entrenadora en el Club Andino Bariloche. Describió los sentimientos de las personas que adquirieron el hábito de conectarse con la naturaleza y ahora no pueden hacerlo. Habló del valor de caminar en entornos naturales y contó la investigación que realizó aplicada a la tercera edad. En ese trabajo se refiere a cómo las caminatas influyen en la ejercitación de las funciones ejecutivas del cerebro.

El aislamiento provocado por la pandemia de COVID-19 generó que muchos apasionados por la montaña que disfrutan de la especial conexión que se genera con la naturaleza atraviesen por una suerte de asfixia, por momentos, algo insoportable.

Verónica Landaboure es profesora de Educación Física, entrenadora en el Club Andino, corredora, licenciada en Pedagogía y, especialmente, una enamorada del mágico encuentro que provoca el generoso entorno en el que vivimos. “Para nosotros fue terrible”, definió desde su patio en el que se refugia con unos sorbus que la rodean, y explicó que “para los que la transitamos la montaña nos nutre mucho y ocupa un gran lugar en nuestras vidas”. La sensación que la invade es de opresión, falta el aire.

“Quienes amamos la naturaleza tenemos muchos momentos en los que meditamos porque vamos caminando y solo escuchamos el sonido de las aves, es mucha paz”, describió Verónica, que atraviesa este tiempo con un bolsón de sentimientos. Y considera que es muy importante trabajarlos porque todo lo procesa nuestro cuerpo. “Si no están aceptados esos sentimientos y elaborados nos pueden enfermar”, acotó y agregó que tenemos que hacer distintos trabajos para elaborar esa falta de contacto con la naturaleza.

Verónica recordó en este tiempo de abstinencia su tesis. Fue una investigación que se originó luego de observar a su suegro, que tiene 97 años y sale a la montaña desde los 6. “Siempre es muy inspirador”, definió. Y es que ella no podía creer que con su edad fuera tan brillante. “Acá hay algo más”, supuso. Y comenzó una investigación aplicada a la tercera edad que tiene que ver con la ejercitación de las funciones ejecutivas durante las caminatas en la naturaleza.

La gente sale más y vivimos más, señaló. Es interesante -entonces- revisar la calidad de cómo vivimos, observó Verónica. Y asegura que existe una relación con nuestra autonomía. Explicó que las personas que pueden llevar adelante una vida autónoma se sentirán mucho mejor que aquellos que dependen de otras personas o artefactos. “Entonces, las funciones cognitivas más importantes para sostener la autonomía son las funciones ejecutivas que te permiten adecuarte a una vida social. Podes planificar, prestar atención, acceder a tu memoria”, comentó. Y agregó que son claves esas funciones y son las más susceptibles de envejecimiento.

Verónica investigó qué dominios de la función ejecutiva se ejercitaban mientras vas caminando en la naturaleza, cuándo ejercitas la memoria, cuándo la inhibición o la planificación. Para eso se entrevistó con adultos mayores que tienen el hábito de recorrer la montaña.

La conclusión, señaló la entrenadora, es que el caminar por la naturaleza nos brinda momentos en los que podemos ejercitar esas funciones ejecutivas. “Hacemos un trabajo físico en un entorno natural sin impacto como es caminar, rodeados de amigos, o gente que estás a gusto, todo eso se da mientras estás ejercitando tus funciones ejecutivas”, observó y lo sintetizó con una frase: “Lo que no usamos, se pierde”.

La primera vez

Verónica transmite con nitidez en cada idea su amor por la naturaleza. Cuando recuerda el origen de ese vínculo, aparece su papá que la llevaba al río de muy chica a navegar. Vivían en la Ciudad de Buenos Aires. “Heredé ese enojo cuando, por ejemplo, se tira la basura en un entorno natural”, dijo. Verónica fue al río, viajó y cuando ingresó al profesorado de Educación Física se enganchó con la montaña. La primera vez fue un intento fallido al Frey con el colegio. “No llegamos porque era un día horrible”, recordó entre risas.

Admira la generosidad de la naturaleza, que te brinda su ritmo. “Y si la entendiste, no la podés desafiar. Y cuando tomás su ritmo, todo se alinea. Las impaciencias se dejan de lado. ¿Cómo subir la montaña con ansiedad? Te lastimás”, apuntó.

Su papá sigue navegando. Y le agradece siempre el acercamiento y respeto a la naturaleza. “Abran la mirada, nos repetía, abran la mirada”.

Daniel Pardo