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NUEVO REGISTRO DEL PIANISTA

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07/05/2020

Germán Lema publicó “Fuera del ruido”

Germán Lema publicó “Fuera del ruido”
Germán Lema publicó “Fuera del ruido”

Seis temas que son “casi rock”, según definió en charla con este diario. Una incursión en lenguajes que serán nuevos para el público pero para nada impredecibles, si se tiene en cuenta su vocación estética nómade.

Si al darle clic a “Velocirraptor” se aguarda monopolio del piano y prolongados pasajes instrumentales, el desengaño llegará de inmediato para mutar enseguida en agradable sorpresa. El tema que abre “Fuera del ruido” pone en evidencia facetas desconocidas de Germán Lema, quien subió a las plataformas digitales su más reciente opus unos días atrás. Seis temas de una factura distinta a la esperable aunque como veremos, gambetear expectativas es intención premeditada de su autor.

“Cada disco nuevo mío busca que el oyente no se encuentre con lo que espera”, concedió el pianista. “Mis últimos tres discos son un septeto de jazz, uno de música de cámara y uno de jazz-fusión”. El nomadismo estético se explica porque “me aburre transitar siempre el mismo camino e intento buscar estéticas nuevas. Hace un tiempo que empecé a querer relacionarme de algún modo con la palabra y garabatear ideas terminó en un disco de casi, casi rock”, le dijo a El Cordillerano.

En este caso, las restricciones globales para enfrentar la pandemia en curso conspiraron para que “Fuera del ruido” quedara concluido. “En realidad, lo compuse entre junio y octubre del año pasado. Empezamos a ensayarlo a trío y en diciembre, armé un pequeño estudio en casa para grabarlo. La cuarentena me encontró con casi todo grabado, pero en esa coyuntura, en la que todos estábamos de algún modo ‘disponibles’, propuse a un montón de músicos participar del material”.

Esa forzada disponibilidad permitió que desde una perspectiva geográfica, el pequeño álbum obligara a una confluencia de miles de kilómetros. “En la versión final de las canciones participan los bateristas Sebastián Ramírez (Asunción), Hernán Hecht (México) y los locales Víctor Batán y Pato Caracoche, Gabriel Cortez en bajo y Andy Viole en coros. Uno de los temas contiene una sección de vientos formada por Juan Pablo Bergese en trompeta (Neuquén), Milton Méndez en trombón (Santa Fe) y Pablo Clavijo en saxo (Buenos Aires). Todo el resto: teclas, programaciones, voces, mezcla y mastering lo hice en el estudio - casa”, describió Lema.

La inquietud artística del músico se expresa a través de “una búsqueda estética que lleva ya mucho tiempo, un par de décadas”. A sus rasgos distintivos “los empecé aplicando a cosas de jazz más tradicional y después en música orquestal: en el disco Meridiano 57, en el par de cosas que hice para orquesta sinfónica y en alguna película que he musicalizado. También los usé como base compositiva para Octópodo (la formación que integra con Diego Pérez Beveraggi) y ahora, encontraron una puerta para entrar en canciones de algún modo más directas”.

Esconder en la canción

Se trata de “giros melódicos, combinaciones rítmicas con compases de amalgama y armonías politonales, pero todo escondido atrás de una canción.

Solo lo encontrará quien lo busque (risas). Me atrajo mucho la idea de mezclar esos conceptos estéticos en el contexto de un mensaje oral, cosa que nunca había hecho en ninguno de mis discos anteriores”, compartió el músico. En efecto, en “Fuera del ruido”, Lema canta.

Puede afirmarse que tanto en el tema que ya no nombramos como en “Soñar despierto”; “El último escalón”; “Estela”; “Esqueletos” y “Lo que hay detrás”, el hilo conductor es “cierta libertad rítmica en lo referente a la sensación de anclaje que genera el compás en la música occidental y una separación de la contención que te da moverte dentro de una tonalidad. Acá, el desafío era que las melodías fueran sencillas y cantables, digamos, pero moviéndose en un universo subyacente mucho más complejo. Otra vez, está ahí para el que quiera escucharlo. Muy poca gente lo hace, igual (más risas)”.

En cuanto a la explicitación que siempre supone la presencia de letras, “hay un par de temas que tienen una connotación social y política muy marcada. ‘El último escalón’ habla de cómo el medio pelo argentino se pone facho con los más vulnerables. Fue compuesta en base a la noticia de una golpiza de la Policía de CABA a un inmigrante senegalés. ‘Estelas’ la escribí cuando se restituyó al nieto 130, Javier Darroux, habla de la identidad y de esa sensación de la que hablan muchos nietos recuperados, de que algo no cuajaba en su realidad y de no sentirse quienes les habían hecho creer ser. El resto de las canciones se mueven sobre el concepto de relajación de los lazos que producen el individualismo y la virtualidad a la que nos empuja la sociedad”, definió Lema.

Su ritmo de lanzamientos parece vertiginoso pero “como músico independiente, lamentablemente todo depende siempre de la guita. En 2010 hicimos un pequeño sello discográfico de música independiente, llamado Patas Arriba, con un colega productor de Asunción, Alejo Jiménez, con el cuál hicimos seis discos en un año y medio. La caída de la producción después del golpe de Estado a (Fernando) Lugo en Paraguay y la mudanza a Bariloche me tuvieron un tiempo sin lanzar nada nuevo”.

Lema retomó la práctica en 2015: “edité Meridiano 57, un disco de música de cámara, entre el romanticismo tardío, tipo inicios del siglo XX y algo de música serial. En 2019 editamos con Diego Beveraggi, Octøpodo, y seis meses después, sale Fuera del Ruido. El final de la producción y edición de este último disco, en el que la cuarentena modificó los planes, ya me encontró con todo el material siguiente compuesto y la producción bastante avanzada. Para mí es importante sacar la música cuando todavía resuena en la cabeza y a veces, los tiempos de la producción hacen que cuando sale un disco yo ya esté tarareando otra música”, avisó Lema. A prepararse entonces para otra sorpresa.

Sin margen para el aburrimiento

Germán Lema retomó la actividad musical en Bariloche seis años atrás, pero registraba un paso anterior por esta ciudad. “Yo viví acá desde los 11 años (1986) a los 17. Me fui y volví al país 21 años después. Aún mantengo relación con músicos de afuera, tanto exalumnos como colegas, lo que hace que esté en contacto con movidas musicales que serían más difíciles de conectar de otro modo”.

Esas relaciones están bien vivas. “Aún sigo -y seguiré cuanto la cuarentena lo permita- haciendo giras por el norte argentino y particularmente por Asunción, donde aún al día de hoy me siento parte de una comunidad musical que es pequeña, pero muy activa y de muy buen nivel. En Bariloche, a mi vuelta en 2014, conecté muy bien con tipos del jazz en un primer momento: Pedrito Bellora, Remo Bianco, (Diego) Hachmann, Ale Bianco, Mariana González o Diego Beveraggi”, señaló. “Me he pasado los últimos seis años entre clases y proyectos con esa gente”.

Más tarde, el camino si bifurcó. “Cuando la gente se dio cuenta que no soy un nazi del jazz, me empezaron a llamar para otros proyectos y me di el gusto de armar cosas tangueras con Sofía Miloni, alguna chacarera deforme con Maia Bogner, formar el BlackJazz con Gabriel Cortez y Víctor Batán o participar de giras con Federico Falcón y Marcelo Saccomanno. Y en esa sigo... Me aburre muchísimo que la música se vuelva genérica. Poner un disco o ir a un concierto y saber cómo va a sonar algo antes de la primera nota me espanta. Y me pasa muy seguido, lamentablemente”.

Adrián Moyano