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29/04/2020

Débora Alegret habló de arte barilochense en espacio virtual de conversaciones

Débora Alegret habló de arte barilochense en espacio virtual de conversaciones
Débora Alegret habló de arte barilochense en espacio virtual de conversaciones

Cuenta con el impulso de una publicación especializada y de una comunidad de artistas. Bajo el título de Escena Bariloche, se refirió a las diversas identidades artísticas y a la necesidad del funcionamiento en red.

Con la denominación de Cuarencharlas, Cultura Viral Federal y la publicación Leedor.com, impulsan conversaciones entre diversos protagonistas del quehacer artístico y cultural, con la intención de no abandonar los intercambios a pesar del aislamiento obligatorio. Una entrega reciente se tituló Escena Bariloche y reunió en el espacio de intercambio a la gestora cultural Débora Alegret, junto a las artistas plásticas Cris Rocha y Moma Mozetich.

Leedor.com se define como portal de “arte, cultura y espectáculos de habla hispana”. Funciona desde Buenos Aires y “brinda noticias de cultura, una vasta oferta de contenidos de producción propia organizados en secciones temáticas y un interesante conjunto de servicios gratuitos que facilitan el acceso a la información sobre arte, cultura y espectáculos en español”. En tanto, Cultura Viral Federal es una comunidad que convoca a participar a través de las redes sociales “con proyectos, actividades y sueños. Nos unen las prácticas artísticas, educativas y la cultura comunitaria y viva”, según define en Facebook.

Para esta crónica de El Cordillerano, nos detendremos en los pareceres que vertió Alegret, que consistieron en compartir la reciente experiencia de La Noche de los Museos en Bariloche. A título de introducción, la joven museóloga contó: “me encuentro cursando el doctorado en Historia en la Universidad Nacional del Comahue, con trabajo de investigación que trata sobre los procesos artísticos y los artistas barilochenses entre 1955 y 1973”.

Explicó la doctoranda que se centra en ese período porque “en una primera instancia, quería investigar la dinámica cultural o el campo cultural visual de Bariloche contemporáneo, pero obviamente, para poder llegar tenía que mirar para atrás y ver el recorrido histórico cultural que tenía la ciudad.

No había investigaciones a las que yo me pudiera remitir, entonces se me cruzaron y agradezco al universo, tres mujeres maravillosas, que me fueron guiando en este proceso”.

Así las cosas, “primero me senté con Laura Méndez, referente como historiadora en la Patagonia, que me escuchó, me orientó y me contó del trabajo que estaba haciendo Liliana Pierucci, una investigación sobre estos procesos históricos, pero desde la fundación en Bariloche en 1902 hasta 1955”, señaló. “Lo que ella rescataba era la cuestión de la red entre los actores del campo cultural, dentro de Bariloche y que en ese período, abarcaba más que nada Bahía Blanca”.

Siempre en la periferia

Ese entramado “me llamó la atención porque la cuestión de la red persiste en la Patagonia. Por ejemplo, yo nací en Comodoro Rivadavia y viví en Tierra del Fuego”, comentó Alegret. “La red es necesaria porque siempre estamos en la periferia, queremos participar de algún modo en lo que esté sucediendo y la forma de hacerlo es a través de las redes. Entonces, con mi directora de tesis, Marta Flores, sentí la necesidad como investigadora de continuar el período y seguir desde 1955 en adelante, hasta la dictadura”.

Existe aún otra justificación para la investigación. “Las ganas de estudiar la escena artística de Bariloche surge porque trabajé algunos años en la Galería Farrarons Fenoglio, creada por Emilia Farrarons Fenoglio, que se ocupaba del arte contemporáneo patagónico. Tuvo vida entre 2014 y 2017, cuando tuvo que cerrar. Ahí conocí a muchísimos artistas, gestores y referentes el campo cultural de Bariloche y otras zonas”.

Durante experiencia tan breve como intensa, “me di cuenta de que tenían una calidad impresionante, con un gran compromiso con su trabajo.

Aparte, tenían orígenes, lenguajes, experiencias y trayectorias muy distintas pero de alguna manera encajaban, se integraban y convivían en un circuito muy particular y que funcionaba muy bien. De alguna manera, todos lograban trabajar en conjunto y eso me llevó a mi investigación, a darme cuenta de que si lograba discernir cuestiones simbólicas y estéticas que operan en localidades como esta, íbamos a poder determinar que existe un lenguaje visual constituido e identificable de Bariloche”, esbozó la museóloga.

El planteo “me remite a dos elementos muy importantes. Por un lado, a la cuestión de la identidad diversa porque acá, el origen es muy importante.

En otras ciudades también puede pasar pero en la Patagonia hay una tensión muy fuerte entre los nacidos y criados, por ejemplo, y los que venimos de afuera”, indicó Alegret, para un público mayoritariamente capitalino. “La cuestión del adentro y del afuera es muy permeable, permanece en el inconsciente colectivo. Esta cuestión heterogénea está y la otra cuestión es la de las redes”, adelantó.

En efecto, “pienso que las redes terminan siendo para las comunidades, no solo para las artísticas sino en general, las claves o las respuestas para salir adelante y seguir creciendo. Ahí está la clave del trabajo. Entonces, teniendo en cuenta estos dos elementos, que estoy investigando ahora y que están sucediendo ahora mismo en la escena local, quería contar un proyecto que realicé el año pasado que resume un poco lo que estoy comentando. Con la Asociación Paleontológica Bariloche organizamos La Noche de los Museos por primera vez, con características particulares”.

Vívido ejemplo reciente del funcionamiento en red entre diversidades considerables.

Compromiso que persiste

En su segmento de la Cuarencharla, Débora Alegret explicó por qué en un punto, la experiencia de La Noche de los Museos en esta ciudad fue un tanto tardía. “¿Por qué se nos ocurrió esta iniciativa por primera vez en 2019? En parte, ante la necesidad de visibilizar el trabajo de gestores culturales, artistas, científicos, historiadores, docentes y asociaciones que trabajan durante todo el año y constituyen la red de la que estaba hablando antes”, indicó.

En la coyuntura reciente, “me pareció que estábamos listos y que con una institución como la Asociación Paleontológica lo íbamos a lograr. Todos sabemos cómo funciona La Noche de los Museos pero nosotros, en Bariloche tenemos cinco museos: no tenemos museo de arte y no hay un centro cultural estatal. La verdad, tenemos una carencia importantísima en cuanto a este tipo de espacios, pero eso no significa que no estemos trabajando en nuestras casas o reuniéndonos y generando cultura desde nuestro propio lugar”.

Entonces, la meta consistió en “generar un circuito cultural gratuito que los barilochenses pudieran recorrer y conocer, aprender y reflexionar.

Además de ser gratuito, estuvo la innovación de convocar a cualquier espacio o institución generadora de cultural. El que quería participar, podía, pero pedimos que prepararan algún tipo de actividad especial, más allá de visibilizar el trabajo de todo el año”, añadió la organizadora.

Alegret compartió entretelones que ni siquiera por aquí habían trascendido. “No sabíamos con qué nos íbamos a encontrar y la verdad, a la convocatoria se sumaron muchísimas instituciones, desde el hotel Llao Llao hasta la Escuela Militar de Montaña, pasando por otros hoteles, bares, lugares donde se dan talleres y se hacen actividades artísticas, además de universidades. La verdad, nos sorprendió y nos hizo confirmar la necesidad de mostrar lo que estamos haciendo y de conocernos. También de generar esta red que para mí, está latente en Bariloche y es por donde hay que explorar”.

Ante tamaña respuesta y “cuando nos dimos cuenta de la diversidad de instituciones, de temáticas y trabajos, hicimos una encuesta para preguntar de qué manera querían participar. Entonces, armamos una grilla con horarios y actividades y también preguntamos si necesitaban algún tipo de asistencia para participar, porque la idea era que se sumaran. Si bien no pudimos resolver la cuestión del transporte, logramos finalmente un circuito que abarcara toda la ciudad, desde el centro hasta el Llao Llao; desde Las Victorias hasta el Alto y Los Coihues. En todos los barrios había alguna actividad a la cual se podía asistir caminando, porque pensamos que la comunidad pudiera participar de alguna de las actividades, aunque fuera en su propio barrio”, detalló.

En síntesis, “fue una experiencia reveladora porque resumió lo que contaba al comienzo: ante la diversidad de actividades y motivaciones, a la hora de trabajar ante la ausencia o carencia de recursos, con una red se puede funcionar perfectamente”. La constatación “es estimulante a la hora de pensarnos como escenario de arte en Bariloche. Me parece interesante resumirlo de esta manera. Al final, el compromiso persiste”. Trascendente conclusión.

Adrián Moyano