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05/04/2020

¿Qué será de…? Juan Carlos “Cacho” Herrera, ex jugador de la selección de Bariloche

¿Qué será de…? Juan Carlos “Cacho” Herrera, ex jugador de la selección de Bariloche
Cacho Herrera junto a sus hijos, Natalia, Fernanda y Omar. El bebé es el hijo de Omar, Santiago.
Por: Martín Leuful

Juan Carlos “Cacho” Herrera, es señalado como uno de los más grandes futbolistas que pasó por la historia de nuestra ciudad. Esa lista la integran el fallecido Alberto “Beto” Icare, Miguel Pérez y no muchos más. Sus mismos colegas lo señalan como un jugador exquisito.

A punto de cumplir 74 años, el próximo 10 de abril, nacido en 1946, dueño de una memoria envidiable, Juan Carlos “Cacho” Herrera es señalado como uno de los más exquisitos futbolistas que transitó la primera división de nuestra ciudad, en aquella época denominada Federación de Fútbol de Bariloche. Hijo del carpintero don Juan Guillermo Herrera y de Elisandra Acuña, es el segundo de cuatro hermanos, José Coco Luis, Cacho, Tito y Héctor.

Cursó sus estudios primarios en la Escuela 185, “era un anexo, tres aulas y un galpón con leña, nosotros ayudábamos a las maestras a cortar la leña para meter en el tacho que teníamos para calentarnos. Ahí terminé la primeria y en esa época, eran muy pocos los que seguían estudiando. Nosotros salimos enseguida a trabajar. Tenía 11 o 12 años cuando conseguí mi primer trabajo, era en la carnicería y despensa que tenía don Lino Imaz y su esposa, en la casa de los Brogger, ahí barría la vereda, limpiaba los vidrios, había que salir a laburar para ayudar en casa”, indica Cacho Herrera.

Se casó en 1975 y enviudó en 2019, de Cristina “Titina” Barbagelatta, fruto de ese amor, nacieron Natalia, Fernanda y Jorge. Cuenta Herrera que “cuando pasó lo de mi hermano, Tito, me hizo mucho mal y empecé a escribir, y ahora con lo de Cristina, retomé mis pequeñas hojas, donde en le quiero dejar todo escrito a mis hijos, y ahí estoy escribiendo esas épocas del barrio, de la cancha vieja, nunca sabés cuando te puede pasar algo”.

Junto a su mujer Cristina Barbagelatta.

Sus comienzos

Herrera rememora y comienza a contar su historia “cuando salíamos de la escuela, a la tarde, íbamos a jugar a la pelota en el barrio, las tardes enteras hasta que nuestras madres nos iban a buscar para que vayamos a hacer la tarea y a cenar. Jugábamos en la cancha vieja, donde hoy está el colegio María Auxiliadora. Nosotros con Tito nos iniciamos en Independiente, en aquella Federación de Fútbol de Bariloche, en el estadio sólo jugaban los mayores en la primera, había una segunda y muy pocos tenían la cuarta. No había divisiones infantiles como hoy. A todos los pibes del barrio nos juntaba Carmen Gómez, era un hombre casi analfabeto, que armó un equipo del barrio que se llamaba Sacachispas, en el barrio. A pesar de su corta formación él se encargaba de conseguir las camisetas, los pantalones cortos y la pelota y nos juntaba los sábados. Siempre nos aconsejaba, que no debíamos tomar alcohol ni fumar, dentro de todo lo que era, tenía muchos valores. Con ese equipo nos desafiábamos con el equipo del barrio EL Mallín o Las Quintas o el Lera. Cerca de la cancha vivía el Bocha Agostino, uno de los referentes históricos de Independiente, nos vio jugar y un día nos encaró y nos dijo que vayamos a jugar a Independiente, que íbamos a jugar en el estadio. Era un sueño para nosotros. Con mi hermano íbamos a la cancha a mirar los partidos, en Independiente jugaba el Mono Soria, en Alas, Aladino Toledo. Bueno, empezamos ahí.

Foto en el Estadio Municipal, con mucha gente de fondo. Estudiantes Unidos. Tito Herrera, Bernabé, Cacho Herrera, Osorio, Pozas, Tacul, Acebey, El Chivo Engraff, Omar Osorio.

El paso a Estudiantes

Herrera, revuelve en el baúl de sus recuerdos y dice “nosotros, todavía pibes, mirábamos y el Bocha Agostino era el utilero, el alcanza pelotas, el que marcaba la cancha, el que llevaba las camisetas, era el hombre orquesta, en una época donde el presidente era Roberto Schmit. Y por otro lado, mirábamos a Estudiantes y veíamos siempre a los dirigentes, Alanís, Franzé, Abel Antón que siempre acompañaban a los muchachos. Un día, después de un partido, íbamos caminando a casa y nos encara Abel Antón y nos dice que vayamos a Estudiantes. Nos cambiamos y nunca más salimos a allí.

Una vida sufrida

Se le quiebra la voz a Cacho Herrera y cuenta “frente al estadio, donde ahora está la confitería de la estación de servicio, había una casa de material y cruzando en diagonal había un bar que se llamaba Bar del Estadio, preparaban algunos sándwiches de salame y los viejos, en el entretiempo, se cruzaban a tomar algo. Mi papá jugaba en Juvenil Obrero y era zurdo, nosotros con Tito, fuimos zurdos por mi viejo. Bueno ahí se juntaban a tomar y mi viejo era alcohólico, y nos iba a ver siempre a la cancha, pero siempre iba borracho. Nosotros nos avergonzábamos mucho. Un día después del partido viene a felicitarnos Aldo Carniel y Tito Alanís, y estaba mi papá. Estaba también Franzé, Alberto Elvira y Alonso. Nosotros queríamos esquivar a mi papá y nos dicen: ustedes no se tienen que avergonzar nunca de su papá, es buena persona, lo que tienen que hacer es no tomar, siempre nos aconsejaban en todo, nos marcaron mucho los viejos”.

Otras épocas

Herrera indica que “era común ver en el estadio los fines de semana 500 o 600 personas, en los clásicos los viejos jugaban plata. Recuerdo ese Bariloche. Había fútbol en el estadio los fines de semana o carreras de caballos en el Km 8 o algunas carreras de bicicleta, entonces la gente iba a la cancha. Hoy el fútbol local no tiene 100 o 200 entradas, salvo algún clásico que se llega a las 500 personas. Pero hoy el abanico de actividades es grande para Bariloche y la gente se reparte”.

Otro de los equipos de Estudiantes Unidos, con Cacho Herrera, Tito Herrera, el “Loco” Antonio Mardones, Alberto “Beto” Icare, entre otros.

Deporte pasión de multitudes

El ex futbolista y dirigente dice que “el fútbol me dio muchas cosas, yo estoy muy agradecido. La conocí a mi mujer, Cristina, yo iba con mi hermano al estadio caminando y la veía los domingos en la vereda de la casa de su familia en Ruiz Moreno. En aquel tiempo nos colgábamos los botines al hombre y cuando llegábamos al partido nos daban camiseta, pantalón y medias. Un día cruzamos saludos, nos empezamos a hablar y cuando fuimos novios me empezó a acompañar a la cancha.

Viajé mucho, Esquel, el Valle, Viedma, Chile. Sin el fútbol no hubiese tenido la posibilidad de viajar. Creo que fue en 1964, viajamos a Esquel, invitaron a la selección de Bariloche para la inauguración del estadio de esa localidad, viajaron la selección de Neuquén, la de Trelew y la local, ahí lo conocí a Nani Leoncio Soto. Un jugadorazo. En esos años no existían los regionales, se jugaba la Copa Beccar Varela de selecciones donde participaban siempre las selecciones de la Liga de Neuquén, la Liga Confluencia, la rionegrina y la de Bariloche. Se iba rotando, un año en Neuquén, un año en General Roca. Creo que la última se jugó en Viedma y llegamos a la final con Sol de Mayo. Después me acuerdo que había otra copa, la de Campeones, quela organizaba el Diario Río Negro y viajaban los campeones de cada liga. Los viajes siempre se hacían en los autos de los dirigentes”.

Goles son amores

Cacho Herrera cuenta cómo fue su primera gol “el equipo de Comodoro Rivadavia de petroleros que se llamaba CON. FER.PET había ganado su liga y los dirigentes le regalaron una gira al plantel. Vinieron a jugar a Bariloche e hicimos un amistoso con la selección de Bariloche. Perdimos dos a uno, pero el gol lo hice yo, de un corner, de cabeza. Yo siempre jugaba de 6, me gustaba siempre ir al ataque. Prefería defender, pero siempre subía. En ese partido vi uno de los mejores jugadores que tuve enfrente, un 10, de apellido Cárdenas. Después conocí al Gringo Otensen, un extraordinario 10 de la selección de Valdivia. El fútbol me dio todo. Si tuviera la oportunidad de transitar mi vida nuevamente, haría exactamente lo mismo. Gracias al fútbol yo encontré un buen trabajo, la gente me reconocía, me saludaba, muchos hoy lo siguen haciendo”.

Ídolo

Herrera cuenta que “del 54 al 56 vivimos en Cipolletti, mi papá había conseguido un trabajo importante y nos fuimos para allá. Al lado de la casa que alquilábamos vivía una familia, Almendra de apellido. Tenían un hijo, el Chefe Almendra un jugadorazo. Jugaba en San Martín de Cipolletti. Yo vendía el Diario Río Negro y luego nos dieron unos cajones para vender golosinas, y así íbamos los fines de semana a la cancha, nos ganábamos unos mangos e íbamos a la cancha para ver a Chefe Almendra. Cuando inauguró Cipolletti su cancha de césped, yo estuve en esa inauguración. Las cosas de la vida, una vez en una definición de la Copa Beccar Varela, nos toca enfrentarnos con la Liga Confluencia. En ese tiempo estaba de presidente de la Federación de Bariloche Casimiro Galván. Yo me entero que en ese equipo jugaba Chefe y lo quiero ir a ver antes del partido. Hago que mi mamá averigüe donde estaba y lo fui a ver. Una alegría, un gran abrazo y ahí me contó que estaba jugando ahí, que ya no jugaba de 8, sino que estaba jugando de 2. Con el tiempo se lo llevó Racing de Avellaneda”.

¡Qué jugadores!

Cacho Herrera recuerda la camada de jugadores de esa época diciendo “la verdad es que había cada jugador, Miguel Pérez, el Loco Mardones, Caquero Pérez, Beto Icare, mi hermano Tito. Estudiantes tenía un equipazo. Creo que Miguel Pérez no llegó más lejos porque la religión no se lo permitió. Llegó a estar en Huracán, pero extrañaba y se volvió. No quiero ser egoísta ni tampoco decir que el fútbol de antes era mejor, pero no vi centro delantero como Miguel Pérez, con la tremenda capacidad de resolver y definir. El fútbol me ha dejado muchos amigos, me dejó los consejos de los viejos dirigentes que nos daban la posibilidad de que nos enseñen a jugar al fútbol, pero también nos formaron como personas de bien, a actuar siempre de frente, de tener principios y de cuidar lo que tenemos. Por ejemplo si ganábamos un campeonato, nos decían que lo cuidemos al año siguiente.

Los cambios en el fútbol

Herrera compara el fútbol de ayer y hoy. Al respecto comenta que “creo que el fútbol tiene cambios, y se cambió para bien. Sobre todo en la cantidad de chicos que la Liga de Fútbol nuclea. Eso sirve, hay que cuidar a los chicos, que estén en la cancha y sacarlos de la calle. Sigue siempre faltando más infraestructura, hoy tenemos muchos equipos y pocos clubes.

Marcado a fuego

Herrera recuerda al Flaco Tellez. “No lo vi jugar, pero cuando dejó, no se porqué se hizo hincha mío. Iba a verme. El trabajaba en Aerolíneas y yo en Casa Soriano y siempre pasaba a saludarme, a hablar de fútbol. Decían que era un 5 tremendo. Le tocó ser técnico de la selección de Bariloche y además de enseñarnos, nos aconsejaba.

Una vez se le ocurrió concentrar a la selección, era algo muy novedoso para esa época. Bariloche tenía que jugar contra un equipo de San Antonio, el primer partido acá y el segundo allá. A mí me dio vergüenza tener que ir a un hotel y no fui. El domingo me fui a la cancha, como siempre, siempre fui titular y muchas veces capitán. Ese día Tellez me dejó el primer tiempo en el banco y todo el partido me estuvo retando. “Yo soy el técnico y si digo que tenemos que concentrar, concentramos, quién es usted para no concentrar”.

Anécdota

Juan Carlos “Cacho” Herrera tiene muchas anécdotas. Una rescató como la mejor. Cuenta que “íbamos a jugar a Valdivia, dos partidos, sábado y domingo. En Valdivia además se jugaba mucho al básquet y en ese tiempo Estudiantes tenía un equipo de básquet. Bueno cuestión es que viajamos las dos selecciones, en ese tiempo se iba en lancha, era el cruce de lagos. Parte de la delegación iba abajo, y los del fútbol no se porqué estábamos todos arriba, en la cubierta. En ese tiempo el utilero y masajista era don Benjamín Sosa. Sube a cubierta y empieza a llamar -García, García- No había ningún García en el equipo, entonces le dijimos que no había ninguno. Entonces nos dice, el flaco. Entonces dijimos, pero es Omar Mblumenffet y nos dijo “bueno, como no me sale pronunciarlo, quedamos que yo le decía García y él tenía que responder”.

Agradecimientos

Cacho Herrera indica que “otro deporte que me hubiese gustado practicar sin dudas es el básquet. Íbamos con mi hermano al Ayecan Ruca a ver cómo jugaban Domingo Magistrali, el Turco Jalil. Todo esto que viví se lo debo a mi vieja. Ella fue mi mamá y muchas veces mi papá. Controlaba todo, no llegáramos tarde, que no tuviéramos olor a alcohol, a cigarrillo. Fue a hablar en nuestro primer trabajo, y nos tomaron en Casa Giménez. Una vez por mes iba para ver cómo nos portábamos. Y tengo que agradecer a todos los dirigentes del Club el respeto y la honestidad que nos enseñaron por sobre todas las cosas. Dirigentes que nos enseñaron mucho, muchos de ellos pusieron plata de su bolsillo para comprar el lugar donde está la cancha y nunca pidieron que se lo devuelvan”.

Cacho Herrera, su mujer Cristina y sus nietos, Manu, Franco, Lucas y Martina.

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