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16/03/2020

Cómo atravesar una crisis

Cómo atravesar una crisis

Nacido en el barrio porteño de Floresta y de ascendencia griega, Bernardo Stamateas tiene habilidad para el ajedrez, el clarinete y el saxofón. Estudió Licenciatura en Psicología en la Universidad Kennedy...

Nacido en el barrio porteño de Floresta y de ascendencia griega, Bernardo Stamateas tiene habilidad para el ajedrez, el ... (+ Info)

Vivimos una época de crisis en todo el mundo. Es por ello que nos urge desarrollar el hábito de tomar el timón de nuestras vidas. No se trata de controlar lo que sucede externamente (en realidad, nadie es capaz de hacerlo); sino más bien de escoger, de manera consciente, cómo reaccionaremos frente a lo que nos sucede a diario y nos afecta de una u otra forma.

Dos son los mecanismos que regulan nuestro sistema nervioso. A saber:
1. Simpático.
2. Parasimpático.

El sistema simpático es el que hace que la actividad de nuestro organismo se incremente bajo estrés. Y el sistema parasimpático es el que administra la relajación, lo cual nos devuelve a un estado de equilibrio después de atravesar una crisis. No funcionan de manera simultánea. Esto significa que si uno está activo, el otro está en reposo.

¿Cuál de los dos sistemas se activa cuando atravesamos una crisis? El parasimpático. Lo hace con el objetivo de que nos tranquilicemos y seamos capaces de razonar para actuar como es debido en esa situación. Pero cada uno de nosotros podemos activar dicho sistema llevando a cabo las siguientes tres acciones:

A) Reconocer que estoy nervioso.

Cuando expreso que “no tengo miedo y sé qué hacer”, aunque mi mundo se esté derrumbando, demuestro que me siento omnipotente. Esto me puede llevar a un estado nervioso aún más profundo. Cuando expreso que “no puedo solo” y pido ayuda, mi reacción es la de un niño pequeño atemorizado. ¿Cómo actúa alguien con madurez? Diciendo: “Sí, estoy nervioso y asustado pero, si me tranquilizo, podré ver cómo resolver este problema”. La aceptación de lo que sucede, como también de nuestro mundo emocional en ese momento, nos conduce al descanso interior y nos permite razonar.

B) Comprender que, aún bajo estrés, soy capaz de hallar una solución a mi problema.

Frente a la crisis, de nada sirve luchar o huir. Para alcanzar la calma y el equilibrio, necesito enfocarme en las posibles salidas. La racionalidad es una prioridad ante las emergencias. De ello son absolutamente conscientes pilotos de avión, cirujanos y futbolistas. Cuando somos humildes y aceptamos perseverar con paciencia, nos conectamos con la paz interior necesaria para enfrentar las dificultades inteligentemente. Los demás podrán airarse, gritar, insultar, deprimirse o huir; pero nosotros tenemos la capacidad de decidir mantener la calma.

C) Hacer uso de mi razón para determinar mi problema.

Cuando alguien enojado reacciona con gritos y violencia verbal, jamás debemos poner el foco en su emocionalidad sino más bien en averiguar cuál es el problema que lo llevó a esa actitud. Y luego ofrecerle una solución. Es inútil responder con más emocionalidad. Cuando de nosotros dependa, esperemos un tiempo para hablar con alguien con una gran ira desatada porque solo la racionalidad nos permite ver personas y situaciones desde otro ángulo.

Todos portamos en nuestro interior la capacidad innata de enfrentar y superar cualquier crisis, sin colapsar en el intento.

Por consultas, [email protected]

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