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DESVELO DE LAS POLICÍAS TERRITORIALES

14/03/2020

El “Rubio” Patiño, menos famoso que Butch Cassidy pero igual de buscado

El “Rubio” Patiño, menos famoso que Butch Cassidy pero igual de buscado
Las Plumas, hasta donde siguieron el rastro del bandido.
Por: Adrián Moyano

Durante varios años puso en ridículo a las fuerzas de seguridad en los Territorios de Río Negro y Chubut, hasta que en una “razzia” que provocó 100 detenciones, cayó junto con su banda.

Según los archivos de la fuerza de seguridad, Eugenio Ovando Patiño, alias el Rubio, había nacido en Valdivia en 1901. “No sabía leer aunque las actas policiales aparecen firmadas por él”, afirma el estudio al que recurrimos.

Vino a la Argentina en 1923 y antes, había sido carabinero en su país. En 1924 estuvo en San Martín de los Andes y hasta 1925 en San Carlos de Bariloche, para después concentrar su actuación en Chubut. En su prontuario figuran infracciones al Código Rural, lesiones y robo, ebriedad y varias capturas. Como consecuencia de la última, quedó como interno en la cárcel de Rawson, donde protagonizó un intento de fuga junto a un ruso, pero fue recapturado inmediatamente.

Menos famosa en el presente que Butch Cassidy o Sundance Kid, la banda de Patiño supo desvelar a las policías territoriales de Río Negro y Chubut. Como siempre en estos casos, los datos de la realidad se confunden con la riqueza de la tradición popular pero además, al parecer hubo una tendencia oficial a sobredimensionar su trascendencia. Es la hipótesis que compartió Ana María Troncoso (Universidad Nacional de la Patagonia - Trelew) al participar del IV Congreso de Historia Social y Política de la Patagonia Argentino – Chilena, celebrado en Trevelin en 2001.

Los bandoleros acostumbraban a robar almacenes. Actas policiales consignan que en “los hechos de la Católica robaron ropa, dos sacos de medias, mantas, impermeables 6 juegos de sábanas, bombachas, 14 tarros de duraznos, 8 lata de dulce de membrillo, 80 pares de zapatillas y un Colt” mientras que “a Sastre le robaron un facón de plata, un par de espuelas de plata con incrustaciones de oro, una montura, un traje, 2 frazadas y un poncho fino. Y a Fernández, Emiliano: tres cueros, un cojinillo de hilo negro, un poncho, un par de bastos y un par de estribos”.

Las cosas sucedieron algo menos de 100 años atrás. “En la época en que se desenvolvió la banda que integró Eugenio Ovando Patiño, no se distinguían claramente las jurisdicciones de los Territorios Nacionales de Chubut y Río Negro, siendo la meseta un espacio de límites ambiguos y no reconocidos por los pobladores, y en pocas oportunidades por las autoridades. La zona de actividad de Patiño y sus compañeros fue la meseta de Somuncurá y sus alrededores, que se ubica en el centro y norte de la provincia de Chubut, y centro sur de la provincia de Río Negro”, introduce el texto de Troncoso.

Mundo violento

“En los años 20 y 30, la población rural de la meseta estaba integrada por familias asentadas en lotes pequeños dedicados a la cría de ovejas, en general, con tenencia precaria, puesteros y peones. Estos pobladores eran en su mayoría de origen chileno, que se instalaron en las zonas menos apetecidas y de menor rendimiento económico”, completa. Como más o menos se sabe, “era un mundo violento, puesto que la fuerza era generalmente la forma de regular las relaciones sociales, ante la ausencia de otras fuerzas reguladoras. Era común la pelea a cuchillo, y el alegato de la defensa propia; el alcoholismo fue un mal frecuente entre los pobladores y la misma Policía. Toda la población estaba armada, con cuchillos y/o armas de fuego”. Nada que envidiarle al Far West.

“A grandes rasgos éste era el espacio en que actuaron Patiño y sus compañeros”, concluía la investigadora. Pero “en la actualidad (casi 20 años atrás) este hombre es frecuentemente evocado, y ello ha llevado a la construcción de nuevos relatos sobre su persona, su actividad, y sus objetivos: el bandolero fue reconstruido con fines que suponemos, y otros que no podemos dilucidar. Por ejemplo, Patiño no fue jefe permanente del grupo, sin embargo el referente para los pobladores y para la Policía fue Patiño, es decir, parece un liderazgo creado desde afuera y válido para los actores externos al grupo, y no para el grupo de bandidos. El relato de la Policía, 70 años después, engrandece aún más el protagonismo de Patiño, siendo título de las notas de una revista de la institución que utilizo como fuente”, ilustraba.

Para poner fin a sus andanzas, “Patiño fue perseguido por diversas comisiones policiales junto a José Cecilio Troncoso, argentino y Aquilino Justiniano, boliviano. Ambos se habían desempeñado como policías (y recordemos, Patiño como carabinero en Chile). El grupo luego incorporó a otros ex policías. Al parecer era una delgada línea la que separaba la legalidad de la ilegalidad”, especulaba la investigadora. “Muchos policías se alistaban como tales porque eran infractores a la ley de servicio militar y esta era una forma de redimirse con el Estado. Como puede observarse de los libros de ingresos de personal no eran necesarios muchos requisitos, ni era un trabajo preciado.

Por el contrario se registran como policías personas de diversas nacionalidades (chilenos, uruguayos, ingleses, rusos) y sin considerar su edad o preparación. Allí obtenían un arma, un salario bajo, condiciones muy duras para desempeñarlo y en el caso de quienes enfrentaban la tarea de perseguir a grupos de bandoleros, el riesgo de perder la vida”.

Formación rocosa El Caín en la Meseta de Somuncura.

Aporte rionegrino

Si bien la historia de Patiño despierta interés sobre todo en Chubut, “gran parte de la persecución estuvo a cargo de la Policía de Río Negro, es decir, una comisión de otro territorio, que traspasó las fronteras jurisdiccionales sin problemas, lo que demuestra la precariedad de la presencia policial y su tibia institucionalización en el Territorio”, según Troncoso. Precisamente, “Patiño aparece como un personaje destacable para la Policía porque marca un importante antes y después en el accionar de la Policía y en la reputación de la institución: hasta 1932 la Policía era una presencia tibia, muchas veces víctima de las burlas de la población, reconocida por su ineficacia, cobardía, y adicción al alcohol. Su forma de operar era infructuosa: ante la denuncia de algún comerciante robado salían de comisión, solicitaban información en los boliches o los puestos, que siempre les brindaban datos a medias o falsos”.

Con ese panorama, los uniformados “siempre estaban detrás. Cuando llegaban a la casa de un poblador a cambiar caballos, los bandidos se les habían anticipado, siempre con miedo a ser sorprendidos durmiendo, con muchos problemas de comunicación y sin recursos. Los bolicheros y almaceneros cooperaban con la Policía: esto era habitual. Los proveían de víveres, caballo, y hasta autos y chofer, además de refuerzos de hombres contratados. Lo hacían porque eran las principales víctimas del accionar de los bandoleros”. Comprensible.

Si se leyera más allá de las crónicas, se verá que “la captura de Patiño es el hito destacado en las publicaciones de la Policía de Chubut: estuvo a cargo entonces el comisario Julio Martínez Torrent, quien logró apresarlo con vida y entregarlo en la cárcel de Rawson. Es importante mencionar que a partir de 1931, y luego del golpe de Estado que derrocó el gobierno del presidente Hipólito Yrigoyen en 1930 la actitud de la Policía cambió bruscamente sus métodos: salió en una gran comisión que se dividió en varios grupos, y arrestó a toda persona que se encontrara en el campo indocumentada (la gran mayoría) y que no tuviera justificativo laboral comprobable para permanecer allí”.

Con esa metodología, “cayeron cuatreros, chulenguiadores (cazadores de guanacos) y muchos hombres que sin domicilio fijo vivían en el ámbito rural realizando tareas ocasionales en el campo. La población rural que hasta entonces había amparado a los bandoleros se volvió temerosa, sobre todo de los interrogatorios violentos y apremiantes, aún para mujeres y niños. Nadie quería ser arrestado y trasladado a Rawson. Más de cien personas fueron detenidas. El testimonio obtenido en Las Plumas lo confirmó: ‘iban todos atados, mujeres, hombres… Se los llevaron a Rawson’. La nueva estrategia dio resultado: Patiño y su banda fueron capturados o muertos”. Como puede advertirse, el Estado también reproducía la violencia.

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