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06/11/2019

CUENTOS Y CANCIONES AL REVES: La hormiguita solita

CUENTOS Y CANCIONES AL REVES: La hormiguita solita

Músico, docente, pero ante todo un papá inquieto que no duda en nadar contra la corriente si es a favor de lo que ama.

Ilustraciones: Guadalupe Vallejo

Músico, docente, pero ante todo un papá inquieto que no duda en nadar contra la corriente si es a favor de lo que ... (+ Info)

Pobre hormiga. Siempre solita. Solita con su alma (si es que las hormigas tienen alma, claro). Desde donde uno lo ve, como humano, desde ahí arriba, se diría que una fila de cientos de hormigas no entraría dentro de la idea de soledad. Pero no creas. Sentirse solo no tiene nada que ver con tener a alguien al lado. Hay hormigas solitas donde menos te lo esperás. En los jardines más bellos, en los campos más verdes, en las macetas, en los bancos, hasta en los subtes de las grandes ciudades. Pero de ese tipo de hormigas te lo cuento en otro cuento.

La hormiga de esta historia se sentía solita, solita. Todos los días lo mismo. Salir del hormiguero en filita, siempre atrás de la misma hormiga. Bajar de la maceta, cruzar el jardín hasta ese malvón que la señora de lentes cuidaba tanto. Cortar un pedacito de hojita, cruzar el jardín, subir la maceta, y al hormiguero otra vez, en filita atrás de la misma hormiguita. Así todos los días de la vida de hormiguita. Bueno, una que otra vez algo rompía la rutina, alguien que pisaba justo por el caminito y luego de unos segundos interminables de desconcierto volvían a encontrar el camino que seguía la fila… o como aquel día que el hijo de la señora de lentes salió con una lupa a quemar ramitas y algunos bichitos… ¡Yo no sé que tienen en la cabeza los chicos de hoy! Por suerte el que te dije tenía un pulso malísimo y no lograba hacer foco con el sol ni de casualidad. Pero salvando esas excepciones, todos los días lo mismo: hormiguero, filita, maceta, jardín, malvón, jardín, maceta, filita, hormiguero. ¡Que vida de hormiga!

Hasta que una tarde de otoño, mientras volvía en filita cargando a sus espaldas el trocito de malvón, un viento de esos que suelen aparecer cada otoño, la levantó en seco, con hojita y todo, mandándola bien pero bien lejos… como a casi medio metro de donde estaba, que para medida de hormiga es un montonazo.

Así como subió, cayó.

El trocito de malvón siguió volando y ella se fue de cabeza a la mesita del jardín, sobre un mantel a cuadros naranjas y blancos, algo salpicado de manchas de mate cocido y alguna mermelada de frutos rojos que no supo descubrir si era de frutilla o frambuesa.

Apenas pasó el susto, al sentirse sobre suelo firme –pegoteado, sí– pero firme al fin, buscó instintivamente tratar de percibir el aroma que la guiara de regreso al hormiguero… No tardó mucho en descubrirlo… Desde arriba de la mesa, sus compañeras en fila se veían como hormiguitas… Bueno, eran hormiguitas, pero desde allí, parecían más hormiguitas aún. Parece mentira como cambiando el punto de vista, cambia todo. Desde allí podía ver el hormiguero, la maceta, la fila de hormigas, el malvón… Ubicó en la fila el huequito que había dejado ella, y en ese mismo instante de hormiga, supo que no volvería. Por primera vez en su vida de hormiga, estaba sola, pero no se sentía sola. La acompañaban un montón de nuevas sensaciones… Ganas de conocer cosas nuevas, de hacer cosas distintas, de recorrer otros caminos, de vivir una nueva vida de hormiga. Volteó su cabeza, se dirigió al otro extremo de la mesita, y rodeando el frasco de mermelada, bajó por la pata de la mesa, y a paso de hormiga, fue en busca de aventuras. Ya no estaría más sola.

Hasta el cielo ida y vuelta

Te quiero hasta el cielo ida y vuelta
En una hormiguita viajera,
Bien despacito, pasito a pasito,
así de lejos va mi amor por vos…
Como un Sol, caracol, caramelo de limón
Sin apuro y lejos va este amor…
Como un Sol, caracol, caramelo de limón
Sin apuro y lejos va este amor…

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