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CON LA ANUENCIA DE UN FUTURO MINISTRO DE ROCA

02/11/2019

La Sociedad Científica Argentina, sponsor de Moreno

La Sociedad Científica Argentina, sponsor de Moreno
Estanislao Zeballos.
Por: Adrián Moyano

El viaje que depositó al posterior perito en las costas del lago Nahuel Huapi, costó 25 mil pesos de la época. Los aportó la entidad que, por entonces, se dedicaba a hurgar en la historia natural del país.

El quinto viaje que Francisco Moreno realizó a la Patagonia fue solventado por la Sociedad Científica Argentina, ya que según argumentó, el futuro perito no contaba con recursos propios que le permitieran acometer el desafío.

Se trata de la expedición que lo trajo hasta el lago Nahuel Huapi luego de su famosa estancia en las tolderías del lonco Sayhueque, autoridad mapuche que en cierto sentido, frustró el objetivo de máxima de aquella excursión.

Para solicitar financiamiento y auspicio, el antecesor de los parques nacionales le escribió una carta el 14 de septiembre de 1875 a Pedro Pico, presidente de la entidad. Moreno pidió 25.000 pesos, cifra que en términos relativos, no constituía ninguna exageración, ya que en realidad, el contingente que pensaba integrar el viajero era reducido. Las cosas debían resolverse con rapidez, porque su idea era partir al mes siguiente.

La carta en cuestión figura en los Anales de la Sociedad Científica Argentina, Tomo 1, que fueron impresos en 1876 en Buenos Aires. “Tengo el honor de proponer a la Sociedad Científica Argentina el proyecto de internarme en esos territorios contando con su cooperación. Ocupado desde hace algún tiempo en el estudio de la historia natural del país, he principiado sistemáticamente mis exploraciones por la parte Sud de la República, habiendo hecho al efecto desde 1873 tres viajes científicos al río Negro y uno al río Santa Cruz, el que me proponía remontar hasta su nacimiento, lo que no se efectuó por falta de elementos necesarios, pudiendo sólo internarme algunas leguas al Sud”, explicaba Moreno.

Después de los primeros intentos, el Tronador y el Nahuel Huapi constituían los objetivos de su renovado interés. “Mi intención ahora es, estando ya coleccionada la mayor parte de los productos naturales de los parajes visitados, continuar la exploración hacia los nacientes del río Negro, pero como este viaje demanda gastos que no me hallo en aptitud de soportar yo solo, propongo lo siguiente: efectuar la travesía por la parte Septentrional de la Patagonia, desde el Carmen de Patagones hasta la ciudad de Valdivia en la costa del Océano Pacífico, costeando el río Negro y el Limay, y atravesando la Cordillera cerca del Volcán Tronador para examinar el gran Lago Nahuel-Huapí”.

Provecho

Para arribar a su finalidad, el solicitante ensalzó las virtudes de la entidad que quería convertir en benefactora. “Creo que un viaje de esta clase, en el que pienso desde hace un año, sería bastante provechoso para las ciencias naturales, desde que debo cruzar por un territorio nunca examinado por hombres dedicados a ellas y que encierra a juzgar por las relaciones de los indios, elementos suficientes para hacer la gloria científica de la Sociedad bajo cuyos auspicios se emprende”.

A la hora de argumentar, el expedicionario señalaba que “con los datos y con las relaciones personales que tengo con algunos indios que habitan en esas regiones, este viaje difícil para otros, ofrece menos dificultades para mí.

Lo único que tendré que sufrir serán momentos desagradables que nunca dejan de presentarse cuando se viaja entre tribus salvajes, pero que siempre con perseverancia se vencen”.

Se ubicaba Moreno por encima de sus predecesores: “Otros antes que yo, han intentado excursiones semejantes. El Sr. D. Guillermo Cox, chileno, trató por dos veces de atravesar desde Valdivia al Carmen, pero sólo consiguió llegar hasta el río Limay; y el Sr. Musters, capitán de la marina inglesa, quien después de haber cruzado la Patagonia en toda su longitud, quiso seguir los pasos de Cox, obteniendo el mismo resultado”.

Según afirmaba, “estos viajes dieron por fruto, por parte del primero, el importante libro que escribió a su regreso, y que es el único que poseemos hasta el presente, sobre la Historia Natural de aquellos parajes, y por parte del segundo la obra ‘At home with the Patagonians’, precioso libro para los etnógrafos y etnólogos. Las relaciones de estos viajeros muestran lo que son en general aquellas innumerables mesetas que caracterizan el sistema orográfico de Patagonia, sus grandes bosques de manzanos y araucarias y sus magníficos ríos, algunos de los cuales, son navegables en grande distancia en el interior del país; pero, exceptuando los estudios hechos por D'Orbigny en el Carmen por los expedicionarios del ‘Beagle’, en las costas del Atlántico y Pacífico, por el Dr. Berg, y por el que suscribe en algunos de esos puntos, y por el citado Sr. Cox (en diciembre 1867 a marzo 1868) poco conocemos las riquezas tanto minerales, como vegetales y animales que encierra aquel inmenso país”.

Monumento al Perito Moreno, en Bariloche.

Apuro

A raíz de la coyuntura política, Moreno estaba apurado: “El motivo que me impulsa a proponer ahora este viaje, es que, debiendo el Gobierno de la Provincia enviar una expedición por agua al reconocimiento del río Negro, y hallándose ocupado el Gobierno Nacional en trasladar las fronteras a las costas de ese río, creo que es llegado el momento de emprenderlo antes que las tribus que pueblan aquellas regiones se alarmen o impidan el paso a quien intente hacer esa travesía, entonces verdaderamente peligrosa”.

A la hora de hacer cuentas, el viajero sostenía que “esta expedición, cuya realización sería provechosa para el buen nombre científico de la Sociedad, no demandaría grandes gastos, a pesar de ser mucho sus tropiezos, gastos que ella podría ayudar a satisfacer. Si ella tuviera a bien disponer de sus fondos, la suma de 25.000 $ m/c. para este fin, me pondría inmediatamente en camino. Si esta suma pareciera ser elevada para la Sociedad, creo que podría disminuirse en algo, si ella pidiera a su vez, al Gobierno de la Provincia, que contribuyera con una parte”.

Es que no pensaba armar una gran caravana. “Esta expedición la emprenderé solo acompañado de algunos indios, las grandes expediciones no siempre dan buenos resultados, está probado que más vale la exploración de un país, por un solo hombre, que por muchos unidos. Cuando los indígenas ven hombres armados, tratan siempre de impedirles el paso, como sucedió con Villarino en 1872 en el reconocimiento del Limay y Negro. Además no es lo mismo proveer de alimentos a 20 o 30 hombres que a uno a quien acompañan gentes prácticas en ese terreno”.

Tampoco tenía pensado recoger demasiadas muestras. “Si en estas clases de operaciones las grandes colecciones fueran el principal objeto, necesitaríase seguramente la ayuda de varios, pero las primeras expediciones a un país desconocido, deben ser hechas para adquirir datos sobre los productos naturales y sobre las costumbres de sus habitantes, coleccionando sólo los objetos de gran interés que sea posible llevar consigo”.

Iba paso por paso: “Estas expediciones verificadas así, sirven de preliminar a exploraciones más extensivas y que demandan grandes gastos, que nunca deben hacerse sin estar ciertos del buen éxito. Los parajes que propongo visitar, a juzgar por las muestras que he visto en poder de los indios, son ricos en minerales, entre ellos el carbón, cobre, hierro y oro; de este último existe una muestra en el Museo Público; de estos podrían recogerse muestras como de su geología, fauna y flora que nos son casi completamente desconocidas”. El resto, es historia más o menos conocida.

Con el sí de Zeballos

Le tocó a Estanislao Zeballos, por entonces secretario de la Sociedad Científica Argentina, recibir la carta de Francisco Moreno. Rápidamente, el futuro asesor del general Roca y posterior ministro, le comunicó que se aceptaba el ofrecimiento y que el tema pasaba a la asamblea, para que el cuerpo autorizara la erogación de los 25.000 pesos. Al poco tiempo, el explorador marcharía hacia el sur en cumplimiento de sus designios.

A Moreno también le interesaban los hombres: “También la antropología de las naciones que debo encontrar en mi camino, puede darnos la base cierta de la historia nacional antigua de la República, la que siempre debe principiar por el estudio de las razas primitivas que habitaron su suelo en otras épocas, muchas de las cuales sólo estarán representadas hoy día por algunos vestigios materiales y de los que la tradición no nos ha hecho sospechar su existencia”.

Según su visión, “esto completaría los estudios que he hecho en el valle del río Negro y me daría la solución del curioso problema de la existencia de una raza primitiva dolicocéfala, la más antigua quizás que habitó el suelo argentino, sobre todo en su parte Sud, la que hoy se halla ocupada por tribus braquicéfalas como lo son todas las razas americanas, a excepción de las esquimales y tres o cuatro ejemplares de individuos aislados de otras tribus”.

El explorador justificaba sus palabras porque consideraba que debía informar y “hacer partícipe a la Sociedad de mis resultados, en caso que resuelva acceder a mi petición, la que sólo es motivada por el interés científico, (por eso) me obligo a escribir para ella la descripción detallada de este viaje, acompañándola de la de los tres anteriores verificados a mis expensas y dividir por mitad con ella, los objetos obtenidos en la expedición proyectada”.

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