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09/10/2019

CUENTOS Y CANCIONES AL REVÉS: El niño que no quería bañarse

CUENTOS Y CANCIONES AL REVÉS:  El niño que no quería bañarse

Músico, docente, pero ante todo un papá inquieto que no duda en nadar contra la corriente si es a favor de lo que ama.

Músico, docente, pero ante todo un papá inquieto que no duda en nadar contra la corriente si es a favor de lo que ama.

(+ Info)

Ya de chiquito no le gustaba bañarse. Mamá lo llamaba ¡Camilo a bañarte! Y Camilo rajaba y se hacía el que no escuchaba. Pero ahora de grande, descubrió que el problema no era el agua... de hecho, ¡le encantaba! Pasaba horas en la pileta de lona o jugando con el chorro de la manguera... o con el balde repleto de bombitas de agua cada carnaval... definitivamente, el agua no era el problema. El problema era bañarse.

Y después de muchos años, cree haber descubierto el porqué.

Resulta que en el medio de la panza, Camilo tiene un agujerito... más bien un pocito... bah, una cuevita. Y siempre, desde que tiene memoria, cuando se rasca la panza en esa cuevita encuentra siempre una pelusa... ¡pero no cualquier pelusa! PE-LU-SA. La amiga de OMBLIGO. ¿Viste que hay amistades inseparables?

Como las medias naranjas, la media y el agujerito, la cabeza y el piojo, el dedo y el moco, la carta y la estampilla... Bueno... así eran Pelusa y Ombligo.

Ahí empezó el problema del agua con Camilo, o mejor dicho, de Camilo con el agua.

Una tarde de agosto, escapando del baño del domingo, se había escondido bajo la cama de los abuelos... Fue totalmente inútil... Delatado por Batute, su perro salchicha, lograron atraparlo y meterlo en la bañera... y pasó lo que Camilo temía que sucedería...

Pelusa y Ombligo

Pelusa y Ombligo eran dos amigos que vivían en el medio de la panza.
Siempre estaban pegaditos (como carta y estampilla)
Vivían la hermosa dicha de estar juntos.

Hasta que un día su dueño panzón se bañó y Pelusa a Ombliguito sin querer dejó.

Por el agua enjabonada resbaló en una rodilla
y se fue por la rejilla flotando sola.
¡Qué haré yo sin mi Pelusa! (Ombliguito se decía) Mi vida sin ella se pondrá muy aburrida…

Hasta que un día su dueño panzón se bañó en un río y Pelusa a Ombliguito encontró.

Nunca más se separaron, y aunque suene a mentirita
Pelusa y Ombligo viven en un rinconcito de mi corazón.

Y desde ese día, antes de meterse en la bañera, Camilo tuvo la precaución de sacarse a Pelusa de su Ombligo, y apoyarla con muchísimo cuidado, arriba del patito de goma. ¡No sea cosa que nos vuelva a pegar esa tremenda angustia!

Eso sí, después de secarse bien, sin que mamá lo viera, volvía a ponerla con mucho cuidado en el medio de la panza.

Y pelusín ombligado, este cuento, se me ha mojado.

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