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09/09/2019

La mejor actitud

La mejor actitud

Nacido en el barrio porteño de Floresta y de ascendencia griega, Bernardo Stamateas tiene habilidad para el ajedrez, el clarinete y el saxofón. Estudió Licenciatura en Psicología en la Universidad Kennedy...

Nacido en el barrio porteño de Floresta y de ascendencia griega, Bernardo Stamateas tiene habilidad para el ajedrez, el ... (+ Info)

Si a un fanático de un determinado equipo de fútbol, por ejemplo, que llamaremos A, alguien lo invitara a ver un partido de su mayor rival, a quien llamaremos B, esta persona podría reaccionar de cuatro maneras diferentes. Veamos…

1. Si es seguro de sí mismo y sabe quién es y cuáles son sus preferencias, es decir que es consciente de su identidad, irá a ver el partido del equipo rival al suyo sin ningún problema. Cuando sabemos quiénes somos y cuáles son nuestras creencias, no tememos compartir con todo el mundo, aunque no compartamos los mismos gustos, preferencias, ideas, etc.
2. Si es levemente inseguro, irá a ver a un equipo hoy, a otro equipo mañana y a otro equipo pasado mañana. Esto es así porque no tiene clara su identidad (actitud propia de un adolescente).
3. Si es un poco más inseguro, irá a ver a B de mala gana solo para demostrarle a la otra persona que su equipo es mejor. Es también una reacción adolescente pero posee cierto grado de agresividad que pretende marcar la diferencia (“yo soy mejor que vos”).
4. Y si es muy inseguro, por nada del mundo irá a ver un partido de “su eterno rival”, aunque le guste mucho el fútbol y disfrute ir a la cancha. Es aquel que le teme a sus propios gustos y jamás se atreve a cruzar la línea. No conoce el respeto hacia los demás que piensan distinto que él.

Todos podemos tener una creencia, una preferencia o una ideología y aún así ser capaces de disfrutar una relación cordial y amistosa con quienes eligen otra cosa, sin atacarlos ni condenarlos. Y mucho menos verlos como “enemigos”. Esto aplica a todas las áreas de la vida. En el fondo quien rechaza al que piensa o actúa diferente tiene miedo porque no conoce su identidad: no sabe quién es ni hacia dónde se dirige. Por esa razón, para sentirse seguro, precisa mantener el contraste entre “ellos” y “nosotros”.

¿De qué forma podemos adoptar la mejor actitud ante la gente?

En primer lugar, convenciéndonos a nosotros mismos de lo que deseamos transmitir. Nadie creerá en nosotros ni se acercará a nosotros si no estamos seguros de lo que pensamos. Todas nuestras acciones están acompañadas de algo muy poderoso que los demás reconocen y evalúan: nuestra actitud. Esta puede abrirnos o cerrarnos puertas y acercarnos o alejarnos de la gente.

Segundo, es fundamental ser empáticos. Es decir, ponernos en los zapatos del otro para entender por qué piensa y actúa como lo hace (aunque sea diferente de nosotros). Para lograr confianza, es importante tener empatía lo cual evita que caigamos en la agresión y hace que podamos relacionarnos bien con todos.

Por último, la mejor actitud nace del buen manejo de nuestras emociones. Esto se logra conociendo nuestro rol. Un médico, por ejemplo, que debe enfrentar la enfermedad, la muerte y el dolor a diario, maneja sus emociones (para que estas no lo desborden) recordando que es un profesional que realiza su trabajo.

Cuando sabemos quiénes somos, cuánto valemos y de lo que somos capaces, dicho conocimiento nos ayuda a tomar distancia de las emociones negativas y controlarlas inteligentemente para no dañarnos ni dañar a los demás.

Por consultas, podés escribir a [email protected]

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