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10/08/2019

La veda electoral es un viva la pepa

Profesor - Abogado especialista en Derecho informático y TICs.

Profesor - Abogado especialista en Derecho informático y TICs.

(+ Info)

La emisión y publicación de avisos publicitarios para promoción con fines electorales en medios gráficos, vía pública, internet, telefonía móvil y fija, y publicidad estática en espectáculos públicos, sólo podrá tener lugar durante el período de campaña establecido en esta ley. La campaña electoral se inicia cincuenta (50) días antes de la fecha de las elecciones generales y finaliza cuarenta y ocho (48) horas antes del inicio del comicio.

El texto de este modernísimo artículo (Ley N° 27.504 B.O. 31/5/2019) creyó haber entrado al siglo 21 incorporando la palabra internet en su redacción. Pero el problema en este caso puntual no está en los medios sino en los modos. La falta de ideas de los legisladores convierte en piedra todo lo que tocan.

Recordemos que lo que busca la veda electoral es brindarle al elector un tiempo prudencial de reflexión para ejercer su voto con sapiencia, alejado del bombardeo mediático de la propaganda política partidaria.

Cuando digo que el problema no está en el medio sino en los modos es porque las tecnologías trajeron un nuevo canal de comunicación como es internet, eso es cierto y bastante antiguo. Lo novedoso, y lo que la ley debió corregir, es el modo en que nos llega la nueva publicidad política.

Pocas cosas conmueven menos que las clásicas propagandas políticas de los candidatos, incluso algunas movilizan a la risa. Las estrategias positivas y exitosas de campaña vienen en otro envase. Nos llegan en memes, publicaciones en redes sociales y, con más “sofisticación” en la divulgación de noticias falsas. No hace falta profundizar lo sucedido con el escándalo de Cambrigde Analytica, y sus comprobadas manipulaciones del electorado.

Y ahora estamos en condiciones de hacernos una pregunta ¿A quién le exigimos cumplir la veda electoral?

Los memes se viralizan como reguero de pólvora en época electoral, y en la mayoría de las veces perdemos el rastro de su origen. Para exigir el cumplimiento de la veda, ¿salimos a cazar brujas? Haciendo un paralelismo con el narcotráfico, ¿perseguimos al traficante o al consumidor?

Ya entrado en años el siglo 21, querer apagar al más invasivo de los medios de comunicación, como lo es internet, es como mínimo ingenuo. Incorporarla en la última reforma entre los canales sometidos a la veda era casi una obligación, pero no por ello deja de ser totalmente ineficiente el modo en el que lo han hecho.

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