Editorial
29/06/2019

Hay que dejar de despilfarrar, además de diversificar matrices energéticas

En forma persistente se puede escuchar que para solucionar la crisis energética y para combatir el cambio climático, hay que desarrollar las energías solar y eólica. En efecto, se impone diversificar la matriz energética en los países desarrollados y también en los demás, pero en sí mismas, las energías renovables no podrán frenar el calentamiento global si en forma simultánea, no tienen lugar drásticos cambios de conducta, sobre todo entre los ocho países más industrializados más China, India, Brasil, Sudáfrica y otros “emergentes”.

Es cierto que si se avanza hacia una mayor participación de las energías solar y eólica, se podría impedir que los niveles de dióxido de carbono continúen en ascenso. Pero la proliferación de las tecnologías que permitan su aprovechamiento, no derivarán en forma espontánea en una utilización sustentable de la energía. El problema no radica tanto en las maneras de generar energía sino más bien, en el despilfarro que de ella se hace.

La mayoría de los investigadores sostienen que para evitar los efectos catastróficos del calentamiento global, las emisiones de gases de efecto invernadero -sobre todo de dióxido de carbono- deben disminuir en un 60 u 80 por ciento para 2050. Sin embargo, en Estados Unidos ese recorte debería alcanzar un 95 por ciento. Quienes suponen que con la sustitución de los combustibles fósiles por las tecnologías solar y eólica se puede conseguir esa reducción, soslayan varios factores, entre ellos, que las trasnacionales inundan a nuestros pueblos con mensajes que sugieren que todos deberíamos consumir como estadounidenses o europeos.

También hay que tener en cuenta que la población aumenta en todos lados y que por su propia naturaleza, la economía de mercado está obligada a crecer en forma permanente. Con esas tendencias, la cantidad de energía solar y eólica que se necesitaría en 2050 para reemplazar al carbón, al petróleo, a la energía nuclear y al gas, ni siquiera se puede imaginar. Estados Unidos consume cerca del 25 por ciento de la energía mundial, aunque sólo cuente con el 5 por ciento de la población. Para que el resto del mundo pueda consumir al mismo ritmo, la producción se debería multiplicar más de seis veces (6,33). Si se tomaran como medida los patrones de consumo del 5 por ciento más rico de la primera potencia mundial, la producción global debería incrementarse 40 veces para satisfacer la demanda de todos y todas.

Se supone que la población planetaria crecerá menos rápido pero aun así, se incrementará un 50 por ciento entre el presente y el 2050. Entonces, la producción global de energía debería crecer 60 veces, siempre y cuando todos consumiéramos al mismo nivel que los ricos estadounidenses de hoy.

También hay que tener en cuenta el crecimiento de la economía. En general, los economistas suponen que el Producto Bruto Global crecerá entre un 2 y un 3 por ciento anual en el resto del siglo XXI. Es decir, el crecimiento se triplicaría entre hoy y 2050, aproximadamente. En consecuencia, la producción de energía no sólo tendrá que crecer 60 veces de aquí a mediados de siglo, sino que además se debería multiplicar por 3 para atender a los incrementos del Producto Bruto Global: ¡180 veces la producción energética de hoy!

Según los datos disponibles, en Estados Unidos, las energías renovables suponen aproximadamente un 6 por ciento de la energía total. De ese 6 por ciento, sólo un 1 por ciento es energía solar, mientras otro 2 por ciento corresponde a energía eólica. El resto proviene de la biomasa, la energía geotérmica o la hidroeléctrica. Entonces, la eólica y la solar significan menos del 0,2 por ciento del total. Por ende, para que la potencia hegemónica reduzca al 95 por ciento sus emisiones de gases de “efecto invernadero” de aquí al 2050, las energías solar y eólica deberían multiplicar su aporte en 500 veces para reemplazar a otras energías. Pero si tenemos en cuenta el número al que arribamos más arriba (180 veces), el múltiple debería redondearse en 90 mil veces... No es muy viable que digamos.

Es verdad que es necesario avanzar hacia una diversificación de la matriz energética, inclusive en la Argentina. No sólo por aquello de los huevos y la canasta, sino porque además, todos los especialistas coinciden en afirmar que las reservas de petróleo y gas, sean convencionales o no, tienen los días contados. Sencillamente, se trata de un recurso que no es renovable, pero la clave del asunto no está en ver de dónde sacamos energía para sustituir la que perderemos cuando se acaben o dejen de ser rentables los hidrocarburos, sino en revisar los estilos de vida que tenemos como válidos, porque imponen un crecimiento permanente del consumo. Planeta hay uno solo.

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