Editorial
27/06/2019

No es recomendable una nueva guerra en el Golfo Pérsico

De nuevo la sombra de la guerra se vuelve a proyectar sobre el Golfo Pérsico. Irak nunca pudo recuperarse de la destrucción que causó Estados Unidos a partir de 2003 pero insatisfecha, la súper potencia amenaza con hacer otro tanto en Irán. La escalada de las últimas semanas no puede provocar otra cosa que alarma aunque según analistas, las cosas pueden ser distintas en caso de desencadenarse la agresión.

Si bien Estados Unidos y Gran Bretaña nunca pudieran sojuzgar del todo a Irak, en el balance hay que contabilizar más de un millón de muertos. El régimen que encabezaba Saddam Hussein cayó con relativa facilidad pero después de la intervención que llevaría democracia y libertad a Bagdad, se desató una guerra sectaria que continuó con la sangría y entre otras consecuencias, provocó el surgimiento del así llamado Estado Islámico.

Para quienes conocen la dinámica de la zona, es poco probable que el gobierno iraní caiga con el mismo estrépito que su otrora vecino. Tanto Estados Unidos como sus aliados en la región manejan el dato y al parecer, ni Israel, ni Arabia Saudita ni Emiratos Árabes abrigan la idea de una invasión a gran escala que si bien podría derrotar a las fuerzas armadas iraníes, afrontaría un costo quizás alto.

Vuelve a escena el plan de los “bombarderos quirúrgicos”, cuya precisión nunca fue la que requiere un quirófano pero que irían debilitando a los persas. Irán es una potencia regional que para Estados Unidos es una piedra en el zapato desde 1979, cuando la Revolución Islámica se hizo del poder. Más allá de la simpatía o no que pueda despertar la administración de los ayatolas entre los argentinos -Embajada de Israel y AMIA mediantes- las políticas iraníes son independientes de Washington, tanto fronteras adentro como afuera.

El Pentágono y sus socios regionales desarrollan hostilidades hacia Teherán a través de despliegues terroristas, ataques cibernéticos y sanciones económicas muy drásticas. Sin embargo, hace tiempo que las intenciones norteamericanas de terminar con los desafíos iraníes no se concretan. Es que la capacidad militar iraní es considerable e incluye la posibilidad de no solo atacar a sus vecinos sino también al mismísimo coloso norteño.

En 2015, Estados Unidos y otras cinco otras grandes potencias mundiales habían llegado a un acuerdo para interrumpir las sanciones de las que era víctima el país asiático, a cambio de limitar su programa de desarrollo nuclear. Israel nunca vio con buenos ojos ese entendimiento y desde entonces, presiona a través de sus círculos en Washington para que se ponga fin al Plan de Acción Integral Conjunto.

Entre los principales donantes de Donald Trump, se encuentran grupos de presión proisraelíes y anti-palestinos. Solo uno de los multimillonarios que militan en esos ámbitos, aportó 55 millones de dólares para las elecciones del año pasado. Nadie que siga de cerca estas tramas se sorprendió ante los recientes incidentes en el Golfo de Omán, puerta de entrada al Pérsico, los que rápidamente fueron adjudicados a Irán, tanto por la Inteligencia estadounidense como por la británica.

En la volteada también cae Hezbolá, organización libanesa que cuenta con apoyo iraní, tanto político como económico y militar. Medios británicos señalaron que tenían en sus planes desarrollar una escalada terrorista en su país pero cabe albergar razonables dudas. Hezbolá es un partido político que formó parte del gobierno libanés, además de definirse como movimiento de resistencia a la ocupación israelí de Líbano y Palestina. En la crisis siria, respalda al gobierno de Al Assad, otro factor de irritación para Washington.

La prensa británica dio a conocer el supuesto despliegue en Inglaterra más o menos al mismo tiempo que el gobierno de su país participaba del entendimiento con Irán por su plan nuclear. Inclusive, se acusó a los políticos británicos de encubrir la presencia de los libaneses para evitar que tambaleara el acercamiento con Teherán. Hasta se informó de la detención de un activista con explosivos caseros en su poder.

Pero Hezbolá es una de las fuerzas militares más poderosas de Medio Oriente que inclusive cuenta en su arsenal con misiles teledirigidos de precisión y otras armas convencionales sofisticadas. ¿Para qué querría esconder bombas caseras al alcance de la Inteligencia británica? A pesar de las diferencias, el affaire hace recordar a las “armas de destrucción masiva” que sirvieron como excusa para destruir Irak.

Es de interés global que no se concrete guerra. No solo por las víctimas directas que pueda provocar entre la población iraní, sino también porque las consecuencias pueden resultar importantes entre los agresores. Los incidentes en el Golfo Pérsico hacen subir la cotización internacional del petróleo. En la Argentina, el actual gobierno dolarizó los precios de los combustibles, de manera que cada explosión incidirá en el bolsillo de la población.

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