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26/06/2019

Las danzas tradicionales como una poderosa herramienta social

Las danzas tradicionales como una poderosa herramienta social
Las danzas tradicionales como una poderosa herramienta social

La enseñanza de danzas folklóricas va más allá de la intención de mantener vivas nuestras costumbres y tradiciones, lleva a un camino lejos de las calles y de la incertidumbre, haciendo conocer metas que se traducen en logros personales y grupales.

Héctor Eduardo Lobo es el fundador de la escuela El Folklore del Gran Lago, junto a Verónica Parra, desde el mes de marzo que dicta las clases en el salón de la Biblioteca Néstor Kirchner del barrio Nahuel Hue. Son seis parejas de adultos conformadas, más todos los nenes que se siguen sumando. 

Cada martes y jueves de 18 a 19 son las clases para niños y de 20 a 22 para adultos. Cobran una cuota mínima de $200 pero la realidad actual es complicada, “si no llegan a cubrir ese dinero mensual no es grave, lo importante es que no dejen de venir, porque el día que no vamos no nos llevamos nada, lo que vale es lo que dejamos en los demás”.

De manera cotidiana realizan eventos para reunir fondos y hasta ahora han cumplido el sueño de completar algunos trajes de baile, aún faltan muchos pero grupalmente son muy unidos, entonces saben que es cuestión de tiempo para que cada uno lo tenga. Hacen ventas de comidas y eventos que anuncian en su página de Facebook, por lo que piden a la comunidad que colabore comprando algo.

“Puse esa cuota porque eso ayuda a que tomen conciencia del esfuerzo de sus padres en pagarla y asuman el compromiso de llegar a horario o no faltar”. Aclaró que “el dinero no es un impedimento para llegar a hacer lo que a uno le gusta”.

Martes por medio complementan con clases de teatro a cargo de Mati Pellegrini. “Como aprenden jugando esto ayuda a que sumen interpretación de la danza, a los más chiquititos no les hacemos cumplir a rajatablas una coreografía, sino que nos vamos adaptando para que al entrar el mundo del baile, les guste y se queden”, detalló.

Más adelante les llegará el momento de conocer posturas, pasos básicos y actitud, “les gusta mucho el carnavalito, el pala-pala, ya bailan gato, y chacarera”. El más chiquitito se llama Tupac y tiene tan solo cuatro años, aunque en la pista, demuestra mucho más. Sami tiene cinco y baila muy, muy bien.

Hay otros nenes que las primeras veces se acercan solo a mirar la clase, hasta que un día deciden sumarse. “Hay un gran semillero de chicos que tiene muchas ganas de aprender, estuvimos acompañando en actos de la escuela del barrio, la Nº 315, y este 25 de Mayo nos presentamos como invitados en la escuela 16”. Además cada comida organizada es un buen momento para mostrar lo que hacen.

Lobo es barilochense y tuvo durante siete años otro proyecto, La Posta del Folklore. “Bailo desde chico, dejé durante 15 años por un problema en la rodilla pero cuando logré operarme, hace doce, retomé con más fuerzas” dijo.

Estudió en una Escuela de Arte y Danza, “por medio del gobernador y Arabela Carreras pudimos solventar gastos de pasajes para rendir, la estadía la cubrimos entre siete alumnos, incluidos cuatro de Traful, una de Pilcaniyeu y tres de acá”.

“Siempre hay que ponerle ganas a lo que uno está estudiando, me dediqué a la danza pero sigo bailando, porque es la única manera de continuar superándose” afirmó.

Mostrarles a los chicos una oportunidad de vida por medio del baile es la meta de este artista. Más allá de las danzas conocidas enseña aquellas casi dejadas en el pasado, como la Condición, contando siempre el contexto histórico y social en el cual se llevaban a las pistas.

Susana Alegría