Editorial
22/05/2019

Washington ratifica que el libre comercio es una falacia

El affaire que enfrenta a Estados Unidos y China a raíz del desempeño de una compañía tecnológica debería enseñar a los fundamentalistas argentinos del libre comercio qué tan falaz es ese pensamiento. Al mismo tiempo, para contemplar qué tan desastrosa es esa práctica en países “emergentes” como la Argentina, basta con echar un vistazo sobre el desempeño de la economía nacional desde diciembre de 2015 hasta ahora mismo.

Más allá de los condimentos que exacerba la gran prensa, el hecho es que después de presionar durante décadas al conjunto de la comunidad internacional para que se eliminaran las barreras comerciales, ahora Estados Unidos echa manos al proteccionismo para que su sector tecnológico no pierda la carrera frente a colegas del exterior. Años atrás, Washington celebró el ingreso de China a la Organización Mundial del Comercio (OMC), cuyo funcionamiento ahora torpedea.

La ofensiva estadounidense contra Huawei forma parte de una guerra comercial más amplia que entre otras cosas, se expresa por la imposición de aranceles que afectarán el intercambio entre los dos países por valor de 250 mil millones de dólares. El presidente estadounidense le adjudica carácter bélico a la contienda: “la carrera por el 5G es una carrera que EE.UU. tiene que ganar”, disparó.

El escenario se caracteriza por una disputa entre las grandes potencias tecnológicas, que se posicionan para ocupar el sitial de principal proveedor de Internet. China, Corea del Sur y Estados Unidos están al frente del pelotón pero la cuestión no se limita a sus aspectos comerciales: una victoria china tendría severas consecuencias en la seguridad nacional estadounidense. Para evitar una derrota en el juego, Estados Unidos adopta la conducta del niño al que no le gusta perder: cambia las reglas.

Algo más de siete décadas atrás, las potencias capitalistas que se impusieron en la Segunda Guerra Mundial, decidieron poner fin al proteccionismo comercial que había caracterizado al período anterior, además de crear el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. Para que quedara claro quién había ganado la guerra, se adoptó al dólar como moneda internacional de referencia y paulatinamente, la divisa estadounidense se convirtió en valor de garantía para otras monedas.

Tres años después, 23 países firmaron el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT por sus siglas en inglés), con el ánimo de extender los hipotéticos beneficios del libre comercio y conducir al resto de los países hacia la eliminación de barreras comerciales y aranceles. Por entonces, las exportaciones estadounidenses representaban algo más del 21 por ciento de las totales, mientras que las británicas eran las segundas: un poco más de 11 por ciento.

Si los mercados se abrían a través de la eliminación o disminución de aranceles en los países de destino, los primeros beneficiarios serían los sectores estadounidenses y británicos de exportación. Cuatro décadas después, los aranceles globales habían caído del 30 por ciento al 5 por ciento. Finalmente, en 1994, se conformó la OMC, que estableció la cláusula de “la nación más favorecida”, una disposición de aplicación automática para todos los miembros cuando una condición comercial más favorable se aplica a cualquiera de los integrantes.

China pidió reingresar al GATT en 1986 pero las negociaciones culminaron en 2001, con su ingreso a la OMC. Por entonces, Bill Clinton interpretó el hecho como una gran victoria que traería enormes beneficios económicos a Estados Unidos, permitiría una apertura de la sociedad china e implicaría un camino a la democracia. ¡Cuánta ingenuidad! Inicialmente, China accedió a reducir los aranceles a las importaciones estadounidenses de un 22 por ciento a un 17 por ciento.

En enero de 2018, los funcionarios estadounidenses de Comercio afirmaron que su país “se equivocó al apoyar la entrada de China en la OMC”. Pero Washington fue más allá: “Estados Unidos es un país independiente y nuestra política comercial se hará aquí, no en Ginebra. No permitiremos que el Órgano de Apelaciones de la OMC y el sistema de arreglo de disputas meta a Estados Unidos en una camisa de fuerza". Se trata del máximo tribunal comercial del mundo y herramienta principal de la organización.

El gobierno estadounidense impuso aranceles contra importaciones chinas para exigir cambios en las políticas chinas de propiedad intelectual, transferencias de tecnología, subsidios y acceso al mercado doméstico. Vueltas de la historia, China denunció al otrora paladín del libre comercio ante el Órgano de Apelaciones, que está a punto de perder operatividad, ya que al igual que en el Consejo de Seguridad, Estados Unidos tiene poder de veto, en este caso, sobre la designación de sus jueces. En el presente, solo participa del 9 por ciento de las exportaciones mundiales y que Huawei se haga del control de Internet en su jurisdicción se torna intolerable para la Casa Blanca.

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