Editorial
15/05/2019

Guerra comercial con China y ¿guerra convencional con Irán?

Por sus consecuencias en la cotización doméstica del dólar, miramos en los últimos días hacia el norte, para desentrañar de qué la va la guerra comercial entre Estados Unidos y China. De fronteras afuera, también preocupa el permanente asedio de Washington hacia Venezuela pero pocos y pocas prestaron atención a la reactualización de un conflicto de larga data: el “gran país del norte” versus Irán.

Las cosas empezaron a pasar a mayores en la víspera, cuando el gobierno alemán dio a conocer que suspendió de forma temporal las tareas de adiestramiento que brindan sus fuerzas a las iraquíes. Los germanos están en el país árabe como integrantes de la coalición internacional que combate al Estado Islámico, tanto en Irak como en Siria. Admitió Berlín que tomó la medida a pesar de no conocer “amenazas concretas”.

Irak e Irán son vecinos y donde primero se siente la agudización de las tensiones entre Washington y Teherán, es en Bagdad. Por parte del ejército alemán, se adoptaron medidas para extremar los dispositivos de seguridad aunque no está prevista su retirada. Inclusive, una portavoz de Ministerio de Asuntos Exteriores, explicó que “más allá de las informaciones que pueda tener Estados Unidos, para nosotros no cambia nada en la situación actual”.
La presencia alemana en Irak y Siria se reduce a 437 efectivos, integrantes del contingente internacional que enfrenta al Estado Islámico. La decisión de Berlín trascendió prácticamente al mismo tiempo que la estadounidense de evacuar al personal no esencial de su embajada en Irak y de su consulado en Erbil. La segunda localidad es capital de la región kurda del norte iraquí. La determinación se adoptó por motivos de seguridad, al escalar la tensión.

En realidad, es Washington quien incrementó la presión sobre el país persa en los últimos días, a quien acusó de planear ataques “inminentes” en la región y de reforzar su presencia militar en el Golfo Pérsico. Una advertencia estadounidense para viajeros afirma que “numerosos grupos terroristas e insurgentes están activos en Irak y atacan regularmente tanto a las fuerzas de seguridad iraquíes como a los civiles”. El mismo texto añade que “las milicias sectarias antiestadounidenses también pueden amenazar a ciudadanos estadounidenses y compañías occidentales en todo Irak”.

En la semana que pasó, Estados Unidos envió al Golfo Pérsico un portaviones y un buque de asalto anfibio, muñidos de misiles y bombardeos. El Pentágono se excusó en “indicios” de planes ofensivos iraníes contra sus fuerzas e intereses en Medio Oriente. En septiembre último, Washington había cerrado su consulado en Basora, la ciudad más importante de Irak después de Bagdad, al registrarse disparos en cercanías del edificio.

Portavoces estadounidenses habían responsabilizado a milicias que contarían con apoyo iraní. Sin embargo, esos incidentes se produjeron en el contexto de una serie de protestas, cuyo origen estuvo en la crisis del sistema de abastecimiento de agua. Durante las mismas efervescencias, resultó incendiado el consulado iraní. Las deficiencias en los servicios públicos son moneda corriente en Irak, cuya reconstrucción jamás pudo superar las consecuencias de la guerra.

La trama más reciente principió el mes pasado, cuando Estados Unidos endureció sus sanciones contra Irán. Desde entonces, las exportaciones de petróleo son más trabajosas para Teherán. Además, durante el mes que corre Estados Unidos consideró organización terrorista a la Guardia Revolucionaria iraní, que en realidad es el ejército oficial del país. Vistas desde la capital persa, las medidas estadounidenses profundizarán la recesión.

La respuesta no se hizo esperar y se materializó a través de la amenaza de cerrar el Estrecho de Ormuz, puerta de acceso al Golfo Pérsico. Si prosperara, las consecuencias serían globales porque el 20 por ciento del petróleo del planeta cruza por esa ruta. Militarmente no sería difícil porque en algunos tramos, el estrecho se limita a 40 kilómetros de ancho pero la “calle” para los superpetroleros se reduce a solo 3. Con unas cuantas minas, quedaría bloqueado.

Sin embargo, si Irán avanzara con ese designio, la guerra sería inevitable pero hay que tener en cuenta que en primera instancia, se echaría en contra a los demás países del área que exportan a través de Golfo Pérsico. La moneda de cambio es el tan mentado acuerdo nuclear, del cual Estados Unidos se fue en 2015, aunque para sus aliados europeos continúa en vigencia y así, moderan las sanciones.

Teherán apuesta a que parte del entendimiento quede sin efecto para enriquecer más uranio. Europa se toma 60 días para ver si acepta o no y suavizar las sanciones que afectan al sector bancario y al petrolero. No se extrañe entonces, lector y lectora, si los próximos incrementos del dólar en la City porteña, se vayan a explicar por el ruido de sables en el lejano Medio Oriente.

Dejar un comentario
Ranking de noticias
Más Leidas