Editorial
10/05/2019

La contaminación por plástico se lleva la vida de las aves migratorias

El segundo sábado de mayo se conmemora el Día Mundial de las Aves Migratorias, que también se volverá a resaltar el 12 de octubre. En la víspera, la fecha alcanzó un ribete particular, ya que se vinculó la temática con la lucha contra la contaminación por el plástico. En efecto, la consigna que se difundió es muy significativa: “Proteger a las aves: ¡dar solución a la contaminación de plástico!”

Tres ámbitos aunaron esfuerzos para fortalecer entre la opinión pública el papel que desempeñan las aves migratorias: la Convención sobre Especies Migratorias (CMS), el Acuerdo sobre Aves acuáticas de África y Eurasia (AEWA) y Medio Ambiente para las Américas (AELC). Con la consigna de 2019, se quiso llamar la atención sobre el impacto que produce la contaminación a raíz del plástico en las aves migratorias y sus hábitats.

Como ya dijimos en otras columnas, el plástico es uno de los materiales que más se utiliza a escala planetaria: su producción anual supera los 300 millones de toneladas. El problema es que en general, se pierden de vista un par de características: la utilización del plástico es efímera, mientras su ciclo de existencia puede ir de 20 a 500 años. Como son livianas y su diseño permite que permanezcan, los productos de plástico que se desechan llegan fácilmente a los ecosistemas.

Su transporte a través de los ríos, los vientos o las corrientes marinas, hace que la superpoblación de plástico cause graves problemas para las especias migratorias de todo el planeta. Se calcula que 8 millones de toneladas de desechos plásticos ingresan a los océanos por año. El asunto se agrava porque el plástico no se termina cuando se disuelve, se transforma en pequeñas partículas y está presente en el agua, en la luz del Sol y en el viento.

Que las aves migratorias tengan alas no implica que puedan escapar a trampas que muy frecuentemente, son mortales. Se han encontrado pichones muertos con el estómago lleno de plástico y también, enmarañados y cubiertos por anillos o redes de la misma sustancia. La problemática también afecta a otros animales salvajes pero el comportamiento alimentario de las aves migratorias, hace que sean propensas a su ingestión.

Como los productos flotan en la superficie del agua y en ocasiones, aparecen cubiertos de algas, su diferenciación es muy difícil. Artículos de un solo uso como bolsas, bombillas o botellas, suelen confundir a las aves, tanto por su forma como por el olor. Sin advertir el peligro mortal, algunas alimentan a sus polluelos con la contaminación. Como éstos todavía no tienen plenamente desarrollados sus órganos, son más vulnerables.

En los casos de ingestión, los daños que causa el plástico dependen de su forma. Por ejemplo, partículas agudas de plástico causan la muerte inmediata por la perforación de los órganos internos. Pero sobre todo, su consumo provoca una sensación crónica de hambre e inanición, ya que las víctimas experimentan la sensación de poseer el estómago lleno, aunque no portan nada de valor nutricional.

Por otro lado, la toxicidad del revestimiento de algunos productos es una amenaza adicional. En los humedales que aparecen cubiertos de plástico, son comunes los casos de enredo y las capturas espontáneas. En efecto, los aparejos de pesca que quedan abandonados provocan el fenómeno que se denomina “pesca fantasma”: las aves afectadas resultan heridas, contraen infecciones o terminan ahogándose.

En ocasiones, su movilidad queda reducida y son fácil presa de otros animales. Como resultado, se calcula que la cantidad de aves marinas que muere por año a raíz de la contaminación por el plástico ronda el millón de individuos, aunque la cifra va en crecimiento. Las conclusiones son dantescas: se cree que el 90 por ciento de las aves marinas lleva plástico en sus intestinos y que en 2050, la afectación llegará al 99 por ciento.

No todo está perdido porque las investigaciones demuestras que los proyectos locales de gestión de residuos plásticos producen resultados en un corto plazo. El sentido común y la concientización pueden ayudar a frenar la inmensa marea plástica. Son esperables medidas urgentes por parte de la comunidad internacional, para mitigar lesiones que se pueden evitar y combatir la mortalidad de las aves migratorias debida a la contaminación por el plástico.

Ya se dijo muchas veces, pero reducir, reutilizar y reciclar es clave. Es primordial limitar el uso de materiales plásticos y sustituirlos por otras alternativas más ecológicas. No es menor la contribución de las actividades de limpieza ya sea en las playas o en las riberas de los ríos, que suelen organizarse en Bariloche. La difusión es central para apoyar las acciones locales y globales contra el uso excesivo, innecesario y perjudicial del plástico. Una urgencia que además es importante.

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