Editorial
06/05/2019

Declive sin precedentes en la naturaleza

Un millón de especies animales y vegetales están en peligro de extinción y muchas podrían desaparecer tan solo en las “próximas décadas”. El pronóstico apocalíptico se desprende del análisis de la Plataforma Intergubernamental en Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos (IPBES), que se dio a conocer ayer en la UNESCO. El informe advierte que solo un “cambio profundo” en la sociedad humana podrá hacer frente al daño.

Según el texto, es ineludible la responsabilidad humana en la generación de la situación límite porque los cambios en el uso de la tierra y el mar, además de la explotación directa de ciertos organismos, son los principales culpables. El cambio climático, la contaminación y las especies exóticas invasoras completan la combinación, que condujo que la tasa de extinción actual sea ya “entre decenas y cientos de veces más alta que el promedio experimentado en los últimos 10 millones de años”. Sin palabras…

Para arribar a conclusiones tan drásticas, expertos de 50 países trabajaron durante tres años en elaborar una suerte de radiografía del planeta para las últimas cinco décadas. Como consecuencia, el diagnóstico es sombrío y desnuda sin contemplaciones el impacto que provocan las prácticas económicas de la humanidad en la naturaleza y en los ocho millones de especies que se supone, existen en la Tierra.

El deterioro alcanzó niveles inéditos para la historia humana. La vida sobre el planeta, tal como la conocemos, se acerca peligrosamente a un punto de inflexión. Curiosamente, copresidió el estudio una argentina: Sandra Díaz. Sus declaraciones fueron recogidas por agencias internacionales en la víspera. Pero más allá de los aspectos periodísticos, el informe puso en común que al menos 680 especies de vertebrados desaparecieron desde el siglo XVI y que están en peligro más del 40 por ciento de las especies de anfibios, el 33 por ciento de los arrecifes de coral y más de un tercio de los mamíferos marinos.

Por otro lado, una estimación provisional sitúa en un 10 por ciento el porcentaje de especies de insectos que están bajo amenaza. En realidad, no queda muy claro de qué nos sorprendemos: entre 1980 y 2000 se perdieron 100 millones de hectáreas de bosque tropical, principalmente para destinar los nuevos campos a la crianza de ganado en Sudamérica y a plantaciones en el sudeste asiático. En el último caso, la mayoría de las nuevas hectáreas de abocaron a sostener la producción de aceite de palma, un flagelo similar a la soja entre nosotros.

Como hace unos años que la mayoría de la humanidad vive en ciudades, son mayoría quienes suponen que los humanos están al margen de los desmadres ambientales y la pérdida de biodiversidad, pero la interconexión es un dato contundente. El funcionamiento de la naturaleza contribuye a regular el clima o la calidad del aire, además de ofrecer alimentos o energía. Su alteración provoca un impacto directo en la vida humana y en la marcha de la actividad económica, tanto en Pilcaniyeu como en Manhattan, en Buenos Aires como en Kamchatka.

Ya se advierte que la tendencia negativa hará mella en el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, que asumió la “comunidad internacional” para 2030. El 80 por ciento de los que se analizaron no se alcanzarán, sobre todo lo que se relacionan con la pobreza o la erradicación del hambre. Entonces, la pérdida de biodiversidad no es un problema exclusivamente medioambiental, sino también social.

El que presentó ayer la UNESCO es el primer informe de carácter intergubernamental a gran escala. Desde el vamos, descarta el cumplimiento de las metas mundiales de biodiversidad que se habían fijado para el periodo 2011-2020. Sin embargo, sus autores aguardan que del diagnóstico, pueda surgir una hoja de ruta que se impongan en 2020, cuando se reúna la Convención sobre Biodiversidad de la ONU, en China.

Aún se piensa que hay margen para torcer el timón pero hay que empezar ahora mismo y a todos los niveles. La IPBES es un organismo que se impulsó en 2012 a través de varias agencias de la ONU y que en la actualidad, cuenta con la participación de 130 gobiernos. Entre otras recomendaciones, el informe habla de establecer cuotas efectivas de pesca y áreas marinas protegidas, promover prácticas que reduzcan la erosión del suelo y una agricultura sostenible, aprovechar el conocimiento medioambiental de los pueblos indígenas y modificar políticas de subvención que son nefastas para la biodiversidad.

Desde ya, contener el alza de la temperatura global por debajo de los dos grados centígrados también es crucial: el porcentaje de especies en riesgo de extinción por razones climáticas se sitúa en el 5 por ciento con un calentamiento de dos grados pero asciende al 16 por ciento cuando sube a 4,3 grados. ¿En qué idioma hay que decirlo?

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