Editorial
27/04/2019

Seguridad y salud para el futuro del trabajo

Según estimaciones recientes de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), casi tres millones de trabajadores dejan de existir cada año a raíz de accidentes del trabajo y de enfermedades profesionales. Además, 374 millones sufren accidentes del trabajo no mortales. Desde una perspectiva estrictamente económica, se calcula que los días que se pierden como consecuencia, representan cerca del 4 por ciento del PBI mundial. En algunos países, la merma alcanza al 6 por ciento o más.

Pero además del económico, existe también un costo intangible que no puede reflejarse en cifras porque el sufrimiento humano es imposible de medir, aunque sea provocado por los accidentes del trabajo y las enfermedades profesionales. La situación provoca tristeza y es lamentable porque como demostraron investigaciones y prácticas que se llevaron a cabo en la década pasada, estamos ante situaciones que, en gran medida, pueden prevenirse.

En 2019, la OIT conmemora un siglo de existencia. A raíz del centenario y de las discusiones sobre el futuro del trabajo, el Día Mundial de la Seguridad y Salud en el Trabajo quiere realizar un balance sobre el mejoramiento de los dos conceptos, además de mirar hacia el futuro para continuar en el rumbo. En este sentido, no se pueden soslayar los cambios que se producen en ámbitos como la tecnología, la demografía, la organización del trabajo y el cambio climático.

La jornada arrancará hoy (28 de abril) pero en realidad, la OIT concibió la efeméride como el inicio de múltiples eventos y actividades que se organizarán durante el resto el año. De manera recurrente, la celebración del Día Mundial de la Seguridad y la Salud en el Trabajo consiste en una campaña anual internacional para promover el trabajo seguro, saludable y digno. La fecha la eligió el movimiento sindical mundial para rendir homenaje a las víctimas de los accidentes de trabajo y las enfermedades profesionales.

Entre otras actividades, la OIT tenía previsto presentar un informe global, del cual extrajimos los datos con que iniciamos esta columna. De 86 páginas, el texto pretende recoger la evolución de la seguridad y salud en el trabajo desde antes de la fundación de la OIT en 1919 hasta hoy. Contempla los principales hitos que incidieron en estos ámbitos e influyeron en el accionar de la propia entidad.

El informe lleva como título “Seguridad y salud en el centro del futuro del trabajo. Aprovechar 100 años de experiencia”. Aborda también los cambios en las modalidades de empleo, la tecnología (digitalización y CIT, trabajo en plataformas digitales, automatización y robótica), la demografía, la globalización, el cambio climático y otros factores que afectan a la dinámica de la seguridad y la salud, al igual que la naturaleza de las profesiones afines, sin olvidar los riesgos y las variaciones que persisten entre los países en desarrollo y en los desarrollados.

Los riesgos psicosociales, el estrés que se relaciona con el trabajo y las enfermedades no transmisibles, preocupan cada vez más a gran número de trabajadores en todo el mundo. Al mismo tiempo, muchos de ellos y ellas hacen frente a riesgos persistentes para su seguridad y salud y es importante no pasarlos por alto, cuando se mira hacia el futuro. Es un imperativo global que estos desafíos se aborden con estrategias de prevención efectivas.

La SST es clave en el logro del desarrollo sostenible y la inversión en el rubro puede ayudar al logro de los objetivos de la Agenda 2030, en particular el Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) 3, que habla de garantizar una vida sana y promover el bienestar para todos en todas las edades. Por su parte, el ODS 8 refiere a promover el crecimiento económico sostenido, inclusivo y sostenible, el empleo pleno y productivo y el trabajo decente para todos.

Es más, la Meta 8.8 apunta concretamente a proteger los derechos laborales y promover un entorno de trabajo seguro y sin riesgos para todos los trabajadores, incluidos los migrantes, en particular las mujeres, al igual que a las personas con empleos precarios. Sin embargo, a los gobiernos, empleadores, trabajadores y demás partes interesadas les queda mucho por hacer para conseguir que la generación actual y las futuras gocen de condiciones de trabajo seguras y saludables.

La carga mundial de los accidentes del trabajo, las enfermedades profesionales y las muertes que se relacionan con el trabajo, incide de manera significativa en el problema cada vez mayor de las enfermedades no transmisibles y las enfermedades crónicas. Hay que advertir que abordar los peligros y los riesgos que se relacionan con el trabajo como si existiesen únicamente en un solo lugar o entre las fronteras de un país, es una estrategia poco efectiva e incompleta. Pero siempre hay que empezar por casa.

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