Editorial
23/04/2019

“Precios esenciales” para estirar la agonía

Los indicadores que reflejan la marcha desastrosa de la economía pero sobre todo las encuestas, provocaron que el gobierno lanzara una serie de medidas que lejos están de constituir un plan pero que sobre todo, llaman la atención por marchar en sentido contrario a su ideario. Las chances concretas de una derrota electoral apuraron el clima de emergencia e hicieron que la Casa Rosada traicionara sus convicciones.

A pesar de su prédica libremercadista, el Poder Ejecutivo avanzó hacia un acuerdo de precios con 16 empresas líderes como contraparte, que deberían dejar quietos los precios de “60 productos esenciales de la canasta básica” por el lapso de seis meses, es decir, hasta los comicios clave. La iniciativa incluye distintas marcas y presentaciones de aceites, arroz, harinas, fideos, leche, yogures, yerba, infusiones, azúcar, conservas, polenta, galletitas, mermeladas y bebidas.

Más allá de sus intenciones, la estructura del acuerdo demuestra indirectamente la extrema concentración que caracteriza al mercado alimentario y su contrapartida implícita es temible: si solo 16 grandes empresas pueden incidir decisivamente en la marcha de la inflación, se concluye que también son sus responsables.

Más allá de los cambios de denominación, el criterio es similar a los Precios Cuidados que instrumentó el kirchnerismo y que con escasa incidencia, sobrevivieron hasta la semana pasada. Los límites afloran por todas las aristas: en cuanto a la carne, el compromiso empresarial consiste en distribuir 120 kilos por semana de algunos cortes (asado, vacío y matambre) a 149 pesos. Si se considera que en la actualidad se registran 13 millones y medio de personas bajo el umbral de la pobreza, quiere decir que cada una podrá acceder a 90 gramos por semana. La distribución se hará a través del Mercado Central, que está en La Matanza (provincia de Buenos Aires), y desde los frigoríficos exportadores.

Una responsabilidad enorme en la aceleración inflacionaria tuvo la política de recomposición tarifaria en materia de servicios públicos. Ahora el gobierno avisó que no habrá aumentos hasta fin de año, aunque no habrá cambios en el complejo mecanismo de pago de las facturas de gas. Tampoco habrá aumentos en los medios de transporte y en los peajes que dependen de Nación. La telefonía móvil solo se abstendrá de aplicar incrementos hasta el 15 de septiembre.

Los aspectos más “kirchneristas” del manotazo de ahogado tienen que ver con descuentos en medicamentos que recibirán beneficiarios de algunos planes sociales (entre el 20 y el 70 por ciento) y un llamado del Plan Procrear para la construcción de 20 mil nuevas viviendas con subsidios de hasta 550 mil pesos, mientras se estudian medidas para aliviar la situación de los deudores de créditos hipotecarios UVA. También se pondrá en marcha una Red de Beneficios ANSES.

Como se dijo, el conjunto de medidas descansa sobre un ideario que va a contramano de las acciones que llevó adelante el gobierno durante 40 meses, viraje que difícilmente entiendan los especuladores internacionales que los analistas llaman “inversores” o “mercado”. Menos aún, el núcleo duro de sostén macrista, para quien cuanto menos haga el Estado, mejor. Pero más allá de la inconsistencia, existen razonables dudas sobre la eficacia del paquete.

En primera instancia, el congelamiento de los precios obedecería a un “acuerdo de caballeros”, cuando existen sobradas experiencias en la Argentina sobre la caballerosidad de los protagonistas. De hecho, nadie se sorprenderá si se advierte que por “precaución”, se produzcan incrementos ahora mismo para entrar con margen a la vigencia del entendimiento. El desabastecimiento es más que un fantasma, al que Nación pretende enfrentar con un DNU sobre lealtad comercial por 180 días.

El gobierno argumenta que su batería será de utilidad mientras llegan a la práctica las consecuencias de decisiones anteriores. Pero todos los analistas, adhieran a la escuela que sea, sostienen que se trata de medidas de corto plazo que solo tienen (discutible) sentido en un contexto electoral. Aún si tuvieran éxito, en general se cree que las cosas tenderán a agravarse cuando expiren los plazos.

Es curioso, pero la que parece la última carta de Cambiemos para llegar con chances a las elecciones, es muy semejante a la que habría jugado el cristinismo. Con la entrada en juego de Lavagna y los sectores que se agrupan detrás de su probable candidatura, tanto el oficialismo como el peronismo kirchnerista tienden a profundizar discursivamente aquello de “la grieta” y de agudizar la polarización.

Sin embargo, el ex ministro de Economía de Duhalde y de Néstor Kirchner ya cuenta con la bendición de buena parte del empresariado e inclusive, su aproximación hacia la Casa Rosada no es mal vista por Estados Unidos. El armado electoral todavía no se concluye y hay un par de posibilidades en danza. Mientras, solo se prolongan agonías.

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